sábado, 17 de noviembre de 2012

Es tan solo un reflejo lo que brilla

en la ciénaga,
arriba de sus aguas,
cabrilleos de luz
que el aire estremecido
hace estallar en chispas
como alondras en oro por el cielo
de una mañana encinta.
Mas luego,
cuando el sol se está yendo
y al temblor de las sombras,
de repente las aguas
se opacan
y se hinchan como un cadáver turbio.
Y, allá en el fondo, sordamente bulle
una vida pudriéndose de larvas.
Conrado Santamaría. La noche ardida.
Imagen: Alfred Kubin. The Pond.

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