martes, 6 de noviembre de 2012

Y podría haber sido más difícil

La disciplina recta
del cuarto de las ratas siempre a punto
con razonables dientes. O la raya
de luz bajo la puerta a medianoche
con llanto en el pasillo.
O la sangre más cruda
de un padre acribillado en la cuneta
de una guerra perdida para todo.
O el hambre ya sin dioses
y sin sendas, como otro surco abierto
a la nueva semilla que se pudre
lentamente sin germen
en mitad de la ciénaga. 

Sin embargo, todo fue más sencillo
y más indescifrable.
Las calles a finales de un septiembre
recién oscurecido y ya sin gente.
Y el doblar de campanas escindiendo
las huellas y filtrando
en todas las paredes humedades
que el tiempo afianzaba.
Y los olores viejos. Y el silencio
que abría cicatrices y cerraba
bajo una llave muerta la despensa.
Y volando por el cielo
la picaraza izquierda inexorable.
Conrado Santamaría. La noche ardida.
Imagen: Brueghel. El regreso de los cazadores, detalle.

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