miércoles, 5 de diciembre de 2012

Quebranto de moneda


Apenas calderilla, cuatro perras,

la sangre desaguada

en las huchas del tiempo con ranuras

de esparto bien trenzado

por ociosos prohombres en tardes de convite,

de palabras difusas y ordenadas

con su sal y pimienta

bajo los altos techos donde huelga

el rosario insaciable de dioses usureros,

entre grietas y espectros de alondras que volaron.

Apenas si chatarra

que gotea y salpica

de rojo los bolsillos,

tan zurcidos de puntadas de viento,  tan rasgados

de los muerdos del hambre,

que las manos trasudan coloradas

y resuenan a cobre cuanto tocan:

la espalda de un amigo, los pechos de una amante,

las palabras de un hijo, el musgo de una tumba.

Es de níquel la sangre con latón

de quebranto,

nuestra sangre tan simple,

que coagula, no obstante, los caminos y términos

con cuajarones netos

y fija lo ganado a pesar del abuso,

a pesar de los cuños que troquelan el aire,

el agua en que te bañas,

este vino  rojo con que ahora me convidas.
Conrado Santamaría. La noche ardida.

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