viernes, 2 de agosto de 2013

Hoy la luz de la tarde


comunica a las cosas
un palpitar extraño,
un lento escalofrío,
como si el eco inconfundible
de un grito no emitido
persistiera en el aire,
ahondándose y ahondándonos.
Las ramas de los árboles crispadas,
la sombra de las nubes en el valle
como un reptil herido, los jirones
de niebla en la distancia,
el vuelo de los pájaros suspenso…
Y así todo parece
replegarse en sí mismo,
querer ir abreviando
su pulso y nuestro pulso,
la llama de una vela
que ya presiente su último latido. 

Conrado Santamaría. La noche ardida.
Imagen: George Tooker. Noche 1, 1963

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