lunes, 30 de noviembre de 2015

Ateo



Dame
minuto perdido
tu sentido entero.

Dame
nube olvidada
tu hermosa tristeza sin arraigo.

Dame
Vida mía única
tu imposible verdad.

Dame
mi soledad
tu repleta cosecha de renuncias.

Dame
muerte mía
tu relámpago de abrasado total.

Y tú -electrón terrible,
y tú -velocidad de la luz,
y tú -vértigo de distancias,
y tú -infinitud de guarismos,
y tú -secreto goce germinal de las pequeñas larvas que bucean hacia el sol,
y tú -lindo caballito de cartón de mis sueños de niño destripador,
dadme en seguro trance
vuestro centro inexorable
de palpitar dulcísimo;
entregadme en éxtasis deslumbrado
el devenir ciego de tanta primavera tronchada.
A ver si así
solo y con todo
compongo de mi sed indecible
el tremendo suceder de la Totalidad.


Miguel Labordeta. Punto y aparte. Ciencia nueva, 1967.
Imagen: Pável Filónov. Semblantes (Rostros sobre un icono), 1940.

domingo, 29 de noviembre de 2015

Recuerdo de infancia



Hoy el periódico traía sangre igual que de costumbre

venía chorreando como la tráquea de un ternero sacrificado

he visto chotos cabras vacas durante su degüello

bajo el agujero del cuello una orza se va llenando de sangre

los animales se contraen en sacudidas cada vez más nimias

de pronto ya no respiran por la nariz ni por la boca

sino por la abertura que la navaja hizo en la tráquea

en la cual aparecen burbujas a cada nueva respiración

a menudo parece que están completamente muertos

y no obstante aún se agitan una o dos veces suavemente

ahora sus ojos ya no miran tienen como una niebla

un teloncillo de color indeterminado que recuerda al ceniza

entonces el carnicero se incorpora con las manos manchadas

y procede a desollar y trocear el animal cadáver

para después pesarlo venderlo en porciones hacer su negocio


hoy el periódico traía sangre lo mismo que otros días

acaso unos cuantos estertores más que de hábito

pero cómo saberlo hay países que no especifican

por ejemplo el departamento de estado no da las cifras de sus bajas

únicamente les agrega apellidos

bajas insignificantes bajas ligeras bajas moderadas


hoy el periódico traía sangre en volumen considerable

y mientras leo pacientemente civilizadamente el intento

de justificación de esos destrozos escrito de sutil manera

recuerdo vacas cabras chotos la gran orza en el suelo

y recuerdo imagino pienso que unos cuantos carniceros

continúan desollando troceando pesando en sus básculas

haciendo su negocio mediante esos pobres animales sacrificados.



Félix Grande. Blanco spirituals. Casa de las Américas, 1967.

Imagen: Otto Dix. Serie La Guerra, 1924.

viernes, 27 de noviembre de 2015

De la vida en provincias



Si es difícil trepar por la cucaña

a cuerpo descubierto, aún más difícil

resulta de este modo: acompañado

de un perro y de paraguas para el perro,

y de remilgos y renunciamientos.

Pero el esfuerzo humano siempre vence

cuando desde la cuna han preparado

al hijo del converso para el triunfo:

abdicar, doblegarse, sonreír,

darse al mejor postor con voluntad

de servicio, aceptar humildemente

las migajas del gran festín, ¿qué son

sino el más puro ejemplo de hidalguía

española? Ofenderse, rechazar,

protestar, rebelarse ante lo injusto,

¿no son más bien ideas foráneas, algo

orquestado por mentes extranjeras,

ay, para nuestro daño?

                                               Nuestro hombre

lo entiende así, y separa blandamente

la espiga y la cizaña, porque piensa

que está llamado a puestos responsables,

cuando exista vacante, cualquier día.

Por ello se prepara ardientemente,

viste ya trajes preministeriales,

y escucha, ausculta el variar del viento,

no  en las altas esferas de Fray Luis

sino en las más prosaicas de un gobierno

de gángsteres mediocres. Mientras tanto,

se esfuerza, toma aliento y, poco a poco,

trepa por la cucaña provinciana,

eso sí, acompañado de su perro,

y su paraguas, y su pañuelito,

su flor en el ojal, su tontería.



Carlos Sahagún. Estar contigo. Provincia, 1979.

Imagen: Gregory Forstner. Perro de lluvia o el hombre del paraguas 2, 2010.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

La máscara gastada


La máscara me vino ya deforme,
como un higo maduro por el grave
peso de la doblez despachurrada,
borrosos los colores e ilegible 

la expresión de los rasgos, sin alguna
etiqueta que el precio publicara,
la máscara me vino (y es lirismo)
ya sin esperanza, como hervida 

en agua de cloaca, tal impúdico
parásito que hubiera, tras la muerte
del huésped, sin pasión, sobrevivido 

en un aire difuso y tendencioso.
Yo recogí la máscara y con ella
a la calle salí. Nunca lo hiciera.

Conrado Santamaría. De vivos es nuestro juego. Ruleta Rusa Ediciones, 2015.
Imagen: Retrato de Juanito Laguna. Antonio Berni.

martes, 24 de noviembre de 2015

Razones que se (des) conocen



Un varón, con las iniciales J. F. I. ha fallecido esta mañana después de quemarse a lo bonzo a la puerta de un centro municipal de asuntos sociales… Según testigos del incidente, el hombre se ha rociado con líquido y se ha prendido fuego pocos minutos después de las 09:00 horas de esta mañana por razones que se desconocen…


Era por el tiempo de la liberalidad (bien entendida)


Era el tiempo de las primeras nieves (de hecho iban a abrir

   las estaciones invernales con dos semanas de antelación)

Y de las primeras lluvias


Era el tiempo de las reinas y de los reyes (del carrusel

   y de la noria: de Halloween y de las risas aterradoras de los

disfraces

               aterradores)

Era el tiempo de pensar en los regalos (de no ver ese banco vacío

            y esa mancha negra en el suelo: de restos de ceniza

mezclada con gasolina

            tal vez incluso con la piel y las fibras de la camisa)


Era el tiempo de los ciegos

Y de los tontos (pues nadie había visto nada

            nadie sabía nada

            y nadie entendía nada de nada)

Se desconocía todo (no: se sabían ya los resultados

            y habíamos ganado)


Se desconocía todo (no: se sabía que el hecho había sucedido

            hacia las nueve

            que había sido a la puerta de la Nada

            y que había perdido



Matías Escalera Cordero. En Palabras de barricada. Una recopilación de anarcoversos. Coord. Fernando Barbero. Queimada Ediciones, 2015.

Imagen: Misha Gordin, Crowd.