viernes, 27 de mayo de 2016

Salario (VI)



¿La voz del amo?

¿No tiene el mismo timbre

la del esclavo?




Conrado Santamaría. Salario.

Imagen: Pedro Luis Raota.

5 comentarios:

  1. Los valores imperantes propician la rotación, pero el timbre que gobierna la noria permanece incólume. (Y en este punto volveríamos a remitirnos a los "peces fabricando anzuelos" de Ana. El mulo que gira sin cesar para beber, y bebe para poder girar sin cesar.)

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    1. “El mulo que gira sin cesar para beber, y bebe para poder girar sin cesar.” Y además incapaz de imaginar otro paisaje distinto al del lendel, porque alguien le ha dicho que por naturaleza su lugar está ahí. Decía Marx que las ideas dominantes son las ideas de los que dominan. Esta es la ideología, el cristal transparente del vaso que encierra a la mosca y que esta no puede percibir. Así muchas veces la gente de abajo nos oímos hablar, como si fueran nuestras, palabras que el poder nos ha inculcado y que perpetúan la dominación. Por eso, pienso, la primera tarea de resistencia e insumisión está en el propio lenguaje, matar las palabras y las ideas que el capitalismo nos ha metido bien dentro. Ah, y muchísimas gracias por los versos, Loam. Salud.

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    2. Pienso que no son las palabras -pobrecitas mías- las que es menester vencer, sino el discurso dominante. Es decir, el modo en que el poder dispone las palabras, cual si de un ejército se tratara, para construir dicho discurso e imponerlo. Y efectivamente, Conrado, tienes razón, lo hemos asumido, más de lo que podemos imaginar, con peligrosa naturalidad. Temprano constaté que, más urgente que educarse era (y sigue siendo) des-educarse. Porque lo más grave es que el discurso del poder, su finalidad principal, no es ni siquiera la de evitar que pensemos, sino la de dirigir nuestro pensamiento. Lo que vulgarmente conocemos como adoctrinamiento.

      Soy yo quien te agradece tus versos, o mejor dicho, tus poemas.

      Salud

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    3. El desaprendizaje, todo un programa de vida. Desprenderse de todas las palabras, las ideas y los sentimientos de que nos han ido vistiendo desde que nacemos y a lo largo de la vida para que estemos presentables en la gran fiesta social que nos habían preparado. Un programa muy difícil y doloroso. Pero también regocijante, por las alegrías que nos produce ir desmontando tantas mentiras y tantos trampantojos.

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  2. "con miedo en la garganta
    y obedientes decimos consumada
    la condición humana"

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