martes, 23 de octubre de 2018

HIPO


La deliciosa veta

del mármol mi querido

Barón von Eigenschoften es el fruto

del azar.

                        Sí, su alcurnia,

mi querido barón

es la flor de unos hombres que el poder ha guiado.





Aníbal Núñez. Obra poética. Hiperión, 1995.

Imagen: James Ensor. Squelette arrêtant masques, 1891.

lunes, 22 de octubre de 2018

ATLÁNTICO


Mi cuerpo tirita sumergido

en la profundidad del Atlántico.


Miro mis manos y hallo

un arsenal de exoesqueletos.

Agarro con firmeza el negro más oscuro,


un caparazón que me proteja

de lo que el mar me advierte

está por venir.





Araceli Pulpillo. Vonlenska. Una historia finita. Piedra, papel, libros, 2018.

Imagen: Hengki Koentjoro

sábado, 20 de octubre de 2018

De cerillas y humo (9)


Un circulito de luz,

en tu mano, la cerilla,

y, alrededor, las tinieblas,

que en círculo te acarician.





Conrado Santamaría. De cerillas y humo.

Imagen: Godfried Schalcken. An Old Man Writing a Book by Candlelight.

viernes, 19 de octubre de 2018

LA CHALADURA DE MIHAIL BAKUNIN


A Bakunin

se le cruzó algún cable,

que andaba suelto

desde su niñez,

cuando le dio por profanar

las sempiternas leyes del horror

y divulgar ideas presentidas.

Insensato

Libertario

y con voz de cataclismo

le dijo al Zar de todos los oprobios:

Apaga y vete,

sin despedidas.





Gerard Jacas. En Palabras de barricada. Una recopilación de anarcoversos. Queimada, 2015.

jueves, 18 de octubre de 2018

EL TREN DE LOS HERIDOS


Silencio que naufraga en el silencio

de las bocas cerradas de la noche.

No cesa de callar ni atravesado.

Habla el lenguaje ahogado de los muertos.


Silencio.


Abre caminos de algodón profundo,

amordaza las ruedas, los relojes,

detén la voz del mar, de la paloma:

emociona la noche de los sueños.


Silencio.


El tren lluvioso de la sangre suelta,

el frágil tren de los que se desangran,

el silencio, el doloroso, el pálido,

el tren callado de los sufrimientos.


Silencio.


Tren de la palidez mortal que asciende:

la palidez reviste las cabezas,

el ¡ay! la voz, el corazón, la tierra,

el corazón de los que malhirieron.


Silencio.


Van derramando piernas, brazos, ojos,

van arrojando por el tren pedazos.

Pasan dejando rastros de amargura,

otra vía láctea de estelares miembros.


Silencio.


Ronco tren desmayado, enrojecido:

agoniza el carbón, suspira el humo,

y maternal la máquina suspira,

avanza como largo desaliento.


Silencio.


Detenerse quisiera bajo un túnel

la larga madre, sollozar tendida.

No hay estaciones donde detenerse,

si no es el hospital, si no es el pecho.


Para vivir, con un pedazo basta:

en un rincón de carne cabe un hombre.

Un dedo sólo, un trozo sólo de ala

alza el vuelo total de todo cuerpo.


Silencio.


Detened ese tren agonizante

que nunca acaba de cruzar la noche.

Y se queda descalzo hasta el caballo,

y enarena los cascos y el aliento.





Miguel Hernández. El hombre acecha, 1937-1938.

Imagen: Lars von Trier. Europa, 1991.