domingo, 28 de agosto de 2016

DE NADIE A NADIE



El mar escupe muertos,

muertos imprevisibles,

muertos de cuatro años,

muertos recién nacidos

mujeres y hombres muertos,

hinchados por la ausencia del oxígeno,

muertos desconocidos que aceleran

el paso decisivo de la muerte.

De nadie a nadie llegan,

tristemente escupidos

a un país extranjero,

escupidos no sólo por el mar,

sino por la barbarie y la metralla.


El mar escupe muertos

sin identificar,

y nadie quiere muertos si son desconocidos,

si llegan a tu casa huyendo de una guerra

y vienen abrasados por la huida.


Es más fácil mirar para otro lado.

El mar sabrá por qué se deshace de ellos.




Katy Parra. En Contra. Poesía ante la represión. Coordinadora Anti Represión de la Región de Murcia, 2016.

viernes, 26 de agosto de 2016

Salario (XXIII)



Tras el caldero

la soga y el subsidio,

también el miedo.



Conrado Santamaría. Salario.

Imagen: Pedro Luis Raota

jueves, 25 de agosto de 2016

(RUINAS)



Se abatieron los muros,

cayó el templo,

regresó el navegante

y volvió a partir.


Y nosotros inmóviles

mientras iba dejando la ceniza

en las manos desnudas

su temblorosa luz.




José Ángel Valente. Treinta y siete fragmentos, 1971. En Punto cero. Poesía 1953-1979. Seix Barral, 1980.

Imagen: Odd Nerdrum. Cinco mujeres cantando.

martes, 23 de agosto de 2016

Los pingüinos



La verdad es, compañeros de colonia,

que no dimos pie con bola.

Nos dejamos llevar por los empujones

del amor y del tiempo.

Y sólo permanecimos en el lugar,

que nos tocó, sin intimidad,

al borde del precipicio, juntos los unos

contra los otros.


Ignorando que hubiera otros mares y

otras tierras,

sentados sobre flores heladas atendiendo

las tristes lenguas del viento,

sin otro quehacer que considerar

el océano…

Porque allí constaba en el horizonte

la oscura levitación del destino.


Mediante miradas laterales se trabaron

nuestros destinos

con mucha inopia, amargura y

desesperanza…

Debíamos estar unidos, pero fuimos

incapaces de hacer nada.

No consentimos que ninguno de nosotros

pudiera volar.




Pinguinoak


Egia esan, kolonia lagunok, ez genuen
ia ezertan azartatu.
Naturaren eta sasoiaren bultzadei
amore eman genien.
Eta emandako lekuan higatu ginen
beti, intimitaterik gabe,
amildegi ertzean elkarrekin, bata
bestearen kontra.

Itsaso gehiago eta lur zati gehiago dela
aintzat hartu gabe,
izotz loreen gainean eseri, haizearen mihi
tristeei entzun,
eta itsasoari begiratu beste zereginik
ez genuela...
Hantxe zegoen beti hodeiertzean
zoriaren lebitazio iluna.

Baina bata bestearekiko begirada
laterales
lotu ziren gure fatuak, ondoez,
damuz, etsipenez.
Denak bat ginela eta, ez ginen deus
egiteko gauza izan.
Ez genion gure arteko inori utzi
hegats egiten.



Joseba Sarrionandia. En Zurgai. Junio, 2013.

lunes, 22 de agosto de 2016

La Gabia no es más que un salpicón entre el agua y el risco.



La Gabia no es más que un salpicón entre el agua y el risco.

En sus dos calles galopa

con el cuello quebrado y dolor de manos la vida.


Nombres que nombran y se saludan desde el barro de fuera de casa.

Ha llovido y todos echan leños a la candela.

Esta noche de casa de Zacarías sale

su voz parida por la ventana,

se cuentan lo que un día hicieron

cuando no había luz

y subieron a los trojes.


Sus tejados de pizarra se giban de años,

fue lo único que heredaron,

tiempo y dos mulos por cabeza

a los que olerles el culo,

con los que hincarse en la tierra,

a los que mirar junto al barbecho.

Las puertas son breves,

una hoja de higuera se deshace en el quicio,

habrá semillas a las que espera el verano.

El nogal se ha desgajado con la compaña de una piedra

en la que ya no se sienta nadie.




Ángel Rodríguez López. La Gabia. Editorial Maolí, 2016.

Imagen: Marianne von Werefkin. Fuegos fatuos, 1919.