Verbo libre, vida nueva,
rebelde y llena de amor,
soy el único cantor
que pertenece a la gleba,
el que en su frente no lleva
la marca del servilismo:
siendo de este tiempo mismo
soy distinto a los de ahora,
pues soy un golpe de aurora
surgiendo desde un abismo.
Esta guitarra insurrecta
no sabe gemir endechas,
su acorde va abriendo brechas
lo mismo que una piqueta.
Loco, soñador o poeta,
hay en mi altivo ademán
como el gesto de un Titán
gritando sus rebeldías:
soy un volcán de poesías
o la poesía de un volcán.
Desde este libre escenario,
que el Pueblo es quien lo levanta,
el Pueblo mismo es quien canta
en su cantor proletario.
Yo sé que hay más de un Calvario
en sus martirios diversos,
el trajín de sus esfuerzos
en mi rudo verbo obrero
y el gran clarín pregonero
de los Triunfos de mis versos.
Que el Pueblo sacuda el yugo,
que ruja, blasfeme y grite,
que azote, que decapite
al delator y al verdugo;
que los parias del mendrugo,
los que la tierra cultivan,
en sus cerebros conciban
ideales redentores
para dejar de ser flores
donde los zánganos liban.
Una máquina inconsciente
que hasta hoy manejó hábilmente
impúdico mercader:
la máscara del Deber
lo ha tumbado trecho a trecho.
Si tal fórmula es un hecho,
debe sentir en su ser,
donde golpea un deber,
la vibración de un Derecho.
El señor huelga de fiesta
y todo es luz en su estancia,
y en nosotros la ignorancia
lleva diez siglos a cuesta.
¿Quién que valiente protesta?
¿Quién la redención anhela?
¿Dónde está el que se rebela
gritando en esta Babel:
hay que volar el cuartel
para levantar la escuela?
Venga la legión hambrienta,
el enjambre proletario,
y, si no es justo el salario,
hay que arrojar la herramienta.
¡El que el palacio cimenta
no tiene techo ni abrigo!
¡Pobre hermano, pobre amigo
sin ambiciones ni afán!
Hombre sin vida ni pan
que das vida y que das trigo.
¿Por qué has de inclinar tu frente
o has de doblar tu rodilla?
Esa actitud te mancilla,
no es ni humana ni valiente,
es del que inferior se siente
o ha nacido cortesano
y quiere besar la mano
que en él descarga su fusta,
porque al esclavo le gusta
rendir culto a su tirano.
Guitarra de la igualdad,
yo quiero que siempre vibres
para cantarle a los libres
el himno de la Verdad.
No vendas la libertad
de tu limpia trayectoria
y vivirás con la gloria
de no esclavizar tus notas,
en regiones muy remotas
lejos del fango y la escoria.
Carlos Molina. Cantándole al Pueblo. Cantos libertarios. Segunda parte: Poemas rurales. Prólogo: Emilio Frugoni. Editorial Cisplatina, 1956.
Imagen: Carlos Molina, el payador libertario.

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