lunes, 29 de junio de 2026

CANTÁNDOLE AL PUEBLO


 

Verbo libre, vida nueva,

rebelde y llena de amor,

soy el único cantor

que pertenece a la gleba,

el que en su frente no lleva

la marca del servilismo:

siendo de este tiempo mismo

soy distinto a los de ahora,

pues soy un golpe de aurora

surgiendo desde un abismo.

 

Esta guitarra insurrecta

no sabe gemir endechas,

su acorde va abriendo brechas

lo mismo que una piqueta.

Loco, soñador o poeta,

hay en mi altivo ademán

como el gesto de un Titán

gritando sus rebeldías:

soy un volcán de poesías

o la poesía de un volcán.

 

Desde este libre escenario,

que el Pueblo es quien lo levanta,

el Pueblo mismo es quien canta

en su cantor proletario.

Yo sé que hay más de un Calvario

en sus martirios diversos,

el trajín de sus esfuerzos

en mi rudo verbo obrero

y el gran clarín pregonero

de los Triunfos de mis versos.

 

Que el Pueblo sacuda el yugo,

que ruja, blasfeme y grite,

que azote, que decapite

al delator y al verdugo;

que los parias del mendrugo,

los que la tierra cultivan,

en sus cerebros conciban

ideales redentores

para dejar de ser flores

donde los zánganos liban.

 

Una máquina inconsciente

que hasta hoy manejó hábilmente

impúdico mercader:

la máscara del Deber

lo ha tumbado trecho a trecho.

Si tal fórmula es un hecho,

debe sentir en su ser,

donde golpea un deber,

la vibración de un Derecho.

 

El señor huelga de fiesta

y todo es luz en su estancia,

y en nosotros la ignorancia

lleva diez siglos a cuesta.

¿Quién que valiente protesta?

¿Quién la redención anhela?

¿Dónde está el que se rebela

gritando en esta Babel:

hay que volar el cuartel

para levantar la escuela?

 

Venga la legión hambrienta,

el enjambre proletario,

y, si no es justo el salario,

hay que arrojar la herramienta.

¡El que el palacio cimenta

no tiene techo ni abrigo!

¡Pobre hermano, pobre amigo

sin ambiciones ni afán!

Hombre sin vida ni pan

que das vida y que das trigo.

 

¿Por qué has de inclinar tu frente

o has de doblar tu rodilla?

Esa actitud te mancilla,

no es ni humana ni valiente,

es del que inferior se siente

o ha nacido cortesano

y quiere besar la mano

que en él descarga su fusta,

porque al esclavo le gusta

rendir culto a su tirano.

 

Guitarra de la igualdad,

yo quiero que siempre vibres

para cantarle a los libres

el himno de la Verdad.

No vendas la libertad

de tu limpia trayectoria

y vivirás con la gloria

de no esclavizar tus notas,

en regiones muy remotas

lejos del fango y la escoria.

 

 

Carlos Molina. Cantándole al Pueblo. Cantos libertarios. Segunda parte: Poemas rurales. Prólogo: Emilio Frugoni. Editorial Cisplatina, 1956.

Imagen: Carlos Molina, el payador libertario.

No hay comentarios:

Publicar un comentario