viernes, 15 de mayo de 2015

A tenebris lux



La noche,

su justicia sedienta, su alarido

tenaz y su combate,

tierna escarcha de luz,

me cala hasta los huesos y me enciende

como una antorcha de rocío

en las tinieblas,

fosforescencia en pugna, carne al rojo

de amor a la procura

de un suelo más humano, más

jugoso y veraz, donde,

si alguna vez me extingo, siga

mi ceniza por siempre

brillando, rezumando

en paz y fecundando, callada,

satisfecha su sed,

una materia nueva diamantina.


Conrado Santamaría. La noche ardida.

Imagen: Edward Weston. Nubes, 1931.

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