viernes, 5 de junio de 2015

Sancho Insumiso



Ah, Sancho amigo, Sancho amigo,

el Sancho verdadero, el insumiso:

nunca hemos sido justos contigo.

Todo eran alabanzas para el destino

de tu amo y señor, todo artificio.

El caballero andante qué hizo

sino intentar transformar el mundo en su delirio

y así todas las salidas que en el mundo han sido.

Un imposible mundo, ah, Sancho amigo.

¡Innumerables son los que llaman gigantes a los molinos!

(Y escudero al amigo…)

Ese loco ingenioso, soñador fingido,

humilde en su figura, soberbio en su designio,

era el loco de siempre, quería un mundo único

en donde sólo existiera un orden, un limpio

y honorable linaje. Un dominio por otro dominio

era lo que proponía. Pero tú, y el rucio, unidos,

dejasteis aquella ínsula, aquel olimpo

que el falso soñador te había prometido

—siempre prometen los que se creen elegidos—.

Falso porque los sueños forman un mundo distinto

del mundo de las cosas. En él no hay leyes ni juicios.

Lo suyo era otra ínsula, Sancho amigo.

Y tú, como nosotros, los hijos

de una tierra dramática, ardiente, del duelo y del instinto,

sólo queremos que nuestro vivir sea algo nuestro, no ser vividos,

porque no hay ínsulas sin armas y sin cautivos.

Hable de tu verdad los venideros siglos.

No hay camino ni andar —cualquier andar— hace camino.

Hay saberse hombre solo, condenado y vivo,

Sancho humano, Sancho insumiso.

Todos los hombres solos estamos contigo.


Jesús Lizano. Héroes. Huerga y Fierro, 1995.

Imagen: Gustave Doré. Sancho y el rucio.

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