lunes, 5 de octubre de 2015

Que su terror no infecte el nuestro, Loba



Asómate. Ven a mi lado. Observa.


Se defienden del pánico de ser

con leyes y teorías, propiedades, legajos,

sentencias, admoniciones, amenazas.


Creen ser gregarios. Y están solos.


Por los umbríos solares de su edad

yacen llevando encima la errante presunción

que aún suplanta a su túmulo.


Necios, enfermos, soberbios, concluidos,

jamás rugieron en la jaula,

siempre evitaron resollar de placer.


Loba: nuestro terror está lleno de manos.

El suyo, de muñones.


Félix Grande. Las rubáiyátas de Horacio Martín. Lumen, 1978.

Imagen: Alexéi Stepánovich Stepánov. Lobos.

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