sábado, 23 de marzo de 2013

Canción del antiavionista

Que vienen, vienen, vienen,

los lentos, lentos, lentos

los ávidos, los fúnebres,


los aéreos carniceros.



Que nunca, nunca, nunca


su tenebroso vuelo


podrá ser confundido


con el de los jilgueros.



Que asaltan las palomas


sin hiel. Que van sedientos


de sangre, sangre, sangre,


de cuerpos, cuerpos, cuerpos.



Que el mundo no es el mundo.


Que el cielo no es el cielo,


sino el rincón del crimen


más negro, negro, negro.



Que han deshonrado al pájaro.


Que van de pueblo en pueblo,


desolación y ruina


sembrando, removiendo.



Que vienen, vienen, vienen


con sed de cementerio


dejando atrás un rastro


de muertos, muertos, muertos.



Que ven los hospitales


lo mismo que los cuervos.



Que nadie duerme, nadie.


Que nadie está despierto.


Que toda madre vive


pendiente del silencio,


del ay de la sirena,


con la ansiedad al cuello,


sin voz, sin paz, sin casa,


sin sueño.



Que nadie, nadie, nadie


lo olvide ni un momento.


Que no es posible el crimen.


Que no es posible esto.



Que tierra nuestra quieren.


Que tierra les daremos


en un hoyo, a puñados:


que queden satisfechos.


Que caigan, caigan: caigan.

Que fuego, fuego: fuego.



 
Miguel Hernández. Viento del pueblo. El poema apareció en Lucha, Valencia, 22 de mayo de 1937.
Imagen:  US DRONE

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