domingo, 12 de abril de 2015

Balada de los golfos



Venid, yo tengo para vosotros

también un poco de corazón;

mientras, riendo, pasan los otros,

venid, yo tengo para vosotros

            una canción.


¡A ver!, mostradme los dientes blancos,

los ojos grandes, los pies deformes

y los harapos sobre los flancos.

¡A ver, mostradme los dientes blancos

            de lobos jóvenes.


¡Bravo! Dejadme que me convenza

de vuestros odios y vuestros crímenes;

habladme todos –no os de vergüenza–,

¡bravo!, dejadme que me convenza

            de que sois viles.


¡Pobres muchachos! Yo he de mostraros

el gran remedio de vuestras penas;

sagradamente quiero educaros.

¡Pobres muchachos! Yo he de mostraros

            vuestra riqueza.


¿Nadie os lo ha dicho? Bajo esas ropas

deshilachadas corre la sangre;

¡tended las manos a vuestras copas!

¿Nadie os lo ha dicho? Bajo esas ropas

            tenéis la carne.


¡La carne ubérrima, la carne viva!

Y, carne y sangre de vuestras entrañas,

cuando os desprecie la raza altiva,

gritadle: ¡Somos la carne viva

            que os amenza!


¡Y entrad en vuestra carne sangrienta

y oíd el ruido de vuestra sangre;

niños de larga faz macilenta,

entrad en vuestra carne sangrienta

            y haceos grandes!


¡Sed los esposos de las pasiones!

¡Y bajo el forro de vuestras venas

–gloria a los músculos y a los tendones–,

sed los esposos de las pasiones

contra las vírgenes de las ideas!


No creáis en nada, no aprendáis nada,

salvajes míos, niños feroces;

retad a todos con la mirada,

y, en todo nuevos, no aprendáis nada,

            mis lobos jóvenes.


Sed criminales y haceos fuertes,

mis pequeñuelos, mis redentores;

vais, como piedras, rodando inertes;

pero ya es tiempo de haceros fuertes

entre el ejército de las pasiones.


¡Yo mi esperanza pongo en vosotros,

los dominados del corazón,

y –triunfen unos o triunfen otros–

yo tendré siempre para vosotros

            una canción.


Eduardo Marquina. Publicado en El Porvenir del Obrero, núm. 81 (16 de noviembre de 1901).

Imagen: Lewis Wickes Hine. St. Louis, 1910.

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