sábado, 26 de diciembre de 2015

Clandestinos



Primero nos asignaron un sueldo

manchado de sudor y enfermedad

y la necesidad de tatuarnos en las manos

la oscura posesión de las cosas.


Después llamamos voluntad

a las vallas clavadas en la tierra,

trabajamos para los cartógrafos del dolor,

y delatamos, sin miramientos,

a exploradores que cavaban 

túneles en la sombra.


Nos acostumbraron al cautiverio.

Nos acostumbramos al cautiverio.


Un maquillaje torpe

enmascara

miradas que tiemblan.


Algunos respiran lento

para poder llamar a las cosas

por su nombre.


Dormimos de pie y por turnos,

nos sabemos presas,

intuimos que una vez fuimos

hermosos animales salvajes.



Rodrigo Garrido. En Voces del extremo. Poesía antidisturbios. Amargord, 2015.

Imagen: Andrzej Wróblewski. Ejecución con un chico, 1949.

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