Y siempre creí
que dios también era el hombre del tiempo,
como Mariano Medina,
o mi abuelo
cuando barruntaba la llegada de las lluvias
por el temblor de su pierna mala.
-¡Va a cambiar, me lo dice esta pata!
Obedecían las nubes.
Cambiaba el tiempo, cambiaba.
El atardecer, sin remedio, dibujaba un horizonte disciplinado.
Tomás-Néstor Martínez Álvarez. Mascarones de proa en el océano. Primer festival de poesía Puebla. Casa de Hydra Editores, 2026.

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