lunes, 14 de julio de 2014

La historia de la mujer del pituco



Me casé con un

pituco, y

me fui convirtiendo

en un florero vacío.

En la cadena del perro.


Cada vez te pareces más

a ese tío

del periódico,

con su cara

de convenio

y democracia,

con sus ladridos menudos

de chiguagua sin lacitos.


Pero yo te miro

por dentro,

como una sandía

hueca,

como un globo

con cara

de hombre.

Como un hombre

chiquitito y escaso,

débil como el color

del agua y

triste como una madre

muerta.


Yo paseo por tus adentros

y te veo todo

tripas,

embotado en tripas,

kilómetros de tripas

podridas

como mentiras de adulto.


Tu frío me amputa

los sentimientos

y me deja como aquella mujer

que se convirtió

en estatua

de sal

porque su hombre

miró

hacia

atrás.


Eva Vaz. La otra mujer. Celya, 2003.

Imagen: Birgit Jürgenssen. Sin título, 1979.

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