jueves, 30 de julio de 2015

Poema café con leche para Antonio Orihuela



Hay mañanas

en que necesitas un poema

como un buen café con leche

y el milagro es que a veces

(sólo a veces)

lo encuentras,

quiero decir el poema

(que el café siempre te espera).


Hay días que se diría

(como dice Antonio Orihuela)

que los días se escapan

como perro muerto o vagabundo,

como nieve de infancia

o la desesperanza del presente

y entonces (es decir ahora,

en estos días que digo)

un hilo tenue de madre

quebrado en el recuerdo

como voz que alienta en la edad oscura

rescata el tiempo que habitamos,

estos días de tanta espera,

tanta espera vana

de domingo de resurrección.


Hay mañanas, digo,

en que el poema te espera

como un café bien cargado

y apunta al corazón,

hiere de muerte el desconsuelo.


Hay mañanas como esta

(de frío invierno

ausente de nieve)

en que dejo el periódico

(ahogado de mentiras)

y encuentro

(ya lo habréis imaginado)

un poema que espera

y una voz bien cargada

que dice

(de nuevo lo habréis imaginado,

es Antonio Orihuela)


Ya no están

en su sitio

los días.


Ya casi nada,

Antonio,

está en su sitio.


Sólo,

en su sitio,

exacto,

caliente,

bien cargado,

está el poema.


Porque el poema

como piedra,

corazón, mundo,

perro fiel, pájaro, río

o nube, mar, cal encendida,

siempre espera.

Incluso

en este tiempo de ideas muertas

y frías mañanas de invierno,

también ahora.


Incluso ahora

un poema

espera.


Antonio Crespo Massieu. Obstinada memoria. Amargord, 2015.
Imagen: Dennis Stock. Cafe de Flore, 1958.

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