martes, 24 de enero de 2017

Suavemente corren los cerrojos bien engrasados



                                                                                                       A Marcos Ana


¡Y que haya tanto espacio abierto, tanto

aire libre,

tantas ganas de luz, y sin embargo,

con qué primor, con cuánta

delicadeza, sí,

arrodillados,

vamos limpiando,

engrasando,

abrillantando,

nuestros cerrojos!


Y entre estos muros ciegos,

con la bayeta al hombro, el uniforme

cada vez más lustroso

y un rumor de cadenas a la espalda,

nos creemos a salvo y

buenos días

buenas tardes compadre hoy hace frío

qué tal van los barrotes? se ha apretado

bien fuerte esta mañana

la mordaza? otra bomba

en oriente otro naufragio

ya usted bien sabe

que como en este calabozo

en ningún sitio


Y es tan amplio y vistoso nuestro patio

por donde damos vueltas

y vueltas

a la sombra

en torno a escaparates,

con la bayeta al hombro,

que olvidamos que existen otras celdas

inhumanas, más crudas de castigo,

de cuyo desamparo surgen voces

más heridas sin duda, pero menos,

mucho menos cautivas,

muchos menos dañadas,

que siguen preguntando a cada instante

cómo es un árbol.


 Y nosotros, nosotros,

sin respuesta,

en medio de la calle, entre barrotes,

con la bayeta al hombro, el uniforme

cada vez más lustroso, los cerrojos

bien engrasados,

suavemente cerrando el horizonte.




Conrado Santamaría
 

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