miércoles, 6 de agosto de 2014

Azul



Nosotros lo llamamos el Sur

y sin embargo en Ciudad del Cabo,

en Buenos Aires y en Sidney,

lo llaman el Norte.

¿Y si le damos la vuelta?

¿Y si ponemos el norte al sur?

La verdad es que viajando al oeste

se llega siempre al este

y con perseverancia

siempre al mismo punto.


La tierra, esa finitud

que sostiene un viaje infinito,

ese espacio caliente, feraz, tumultuoso,

a veces volcánico,

desaparecido en las televisiones

y también ese espacio detenido

del hielo eterno (o casi), del blanco

de los días que son meses.


Porque ¿dónde está el sur

y dónde está el norte si cualquier punto

es casi equidistante al centro

en este esferoide azul?


Somos la generación privilegiada

que pudo verse desde afuera,

que fotografió lo que antes otros

tan solo dibujaron, intuyeron.


El planeta tierra, esa diminuta inmediatez

azul, oblata, femenina,

frágil hilo del aire, debilísimo equilibrio del caos,

a punto de romperse, a una bomba del no ser,

a una deforestación de la hecatombe.


Bernardo Santos. Global y roto. Amargord, 2014.

Imagen: El cielo de Salamanca. Siglo XV

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