lunes, 13 de octubre de 2014

Para vengarle



Pobre como nadie, pobre

como ninguno lo ha sido.

Tiene tan limpia la bolsa

como tiene los bolsillos.

No heredó nada de nadie

y sólo le queda un pincho

con el que buscaba puchos

en montones de residuos.

Con ese pincho marchó

al pelotón de los quintos

y ese pincho, fue su arma

contra el arma del fascismo.

Pobre como nadie, pobre,

y más que pobre, pobrísimo,

no le debe nada a nadie

ni nadie le prestó auxilio.

“¡Viva la verdad obrera!”,

dijo al morir. Y los pinos

le dieron sombra al cadáver,

y no se oyó más el trino

del ruiseñor, ni volaron

las palomas hacia el nido,

ni casó con él la virgen,

pero llevaba un cuchillo

entre el cinturón de cuero

y la tela del corpiño…


Félix Paredes. Fragua Social, nº 449, 30 de enero de 1938. En Romancero libertario. Ruedo ibérico, 1971.

Imagen: David Seymour. Mujer pintando bombas. España, 1938

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