domingo, 19 de octubre de 2014

Perra vida



Despreciamos al perro por dejarse

domesticar y ser obediente.

Llenamos de rencor el sustantivo perro

para insultarnos. Y una muerte indigna

es morir como un perro.


Sin embargo los perros miran y oyen

lo que no vemos ni escuchamos.

A falta de lenguaje

(o eso creemos)

poseen un don que ciertamente nos falta.

Y sin duda piensan y saben.


En consecuencia,

resulta muy probable que nos desprecien

por nuestra necesidad de buscar amos

y nuestro voto de obediencia al más fuerte.


José Emilio Pacheco. Ciudad de la memoria (1986-1989). En Los trabajos del mar. Poesía IV (1979-1989). Visor, 2014.

Imagen: Loukanikós. Atenas, 2011.

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