lunes, 24 de agosto de 2015

666 Reencarnación de los carniceros



Y vi que los carniceros al tercer día,

al tercer día de la tercera noche,

comenzaban a florecer en los cementerios

como brumosos lirios o como líquenes.


Y vi que los carniceros al tercer día,

llenos de tordos que eran ellos mismos,

volaban persiguiéndose, persiguiéndose,

constelados de azufres fosforescentes.


Y vi que los carniceros al tercer día,

rojos como una sangre avergonzada,

jugaban con siete dados hechos de fuego,

pétreos como los dientes del silencio.


Y vi que los perdedores al tercer día,

se reencarnaban en toros, cerdos o carneros

y vegetaban como animales en la tierra

para ser carne de las carnicerías.


Y vi que los carniceros al tercer día,

se están matando entre ellos perpetuamente.

Tened cuidado, señores los carniceros,

con los terceros días de las terceras noches.


Óscar Hahn. Poemas de la era nuclear. Bartleby, 2008.

Imagen: Don Mccullin. Ovejas al matadero, 1958.

2 comentarios:

  1. Y al séptimo día, el amo del matadero siguió descansando.

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  2. Sí, pero quizás con menos tranquilidad, quizás con un poco de insomnio.

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