martes, 11 de febrero de 2014

La hora de los niños



Los niños traficaban con una nueva especie de ratas

anilladas como langostas y de color magenta y celeste.

Sabor extraño al principio

pero como el hambre no miente

nos habituamos a hornearlas.


Ya que uno es lo que come, en menos de un año nos volvimos como ellas.

Primero los ojillos alarmados, la pelambre y la cola.

Poco después los dientes de taladro,

las garras como sierra de partir huesos.

(¿Hará falta añadir que a este respecto

no tuvieron gran cosa que enseñarnos?)


Ahora son hombres los niños que vivían de las ratas.

Actúan como sicarios de un poder invisible

y poco a poco pero noche tras noche

nos eliminan sin clemencia.


José Emilio Pacheco. Como la lluvia. Era, 2009.

Imagen: Alfred Kubin

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