lunes, 22 de octubre de 2012

Canción para dormir a un niño pobre


Ángeles con espadas
custodian el aire.
Un toro de sombra
mugiendo en los árboles.

-Madre, tengo miedo
       del aire.

Mira las estrellas.
Aún no son de nadie;
ni son del Obispo
ni son del Alcalde.

-Madre, quiero una
      que hable.

Patitas de cabra
siguen vacilantes
al osito blanco
de la luna errante.

-Madre, quiero un oso
       que baile.

Pandero de harina:
luna en el estanque.
Las cinco cabrillas
sin cesar, tocándole.

-Madre, se me hielan
      las carnes.

Floridas de escarcha
ya son como panes.
La aurora las dora
y acorteza el aire.

-Madre, no te oigo.
      ¡Tengo hambre!

¡Uuuuuuuh…! Duerme, mi niño,
que viene el aire
y se lleva a los niños
que tienen hambre. 



Victoriano Crémer. Nuevos cantos de vida y esperanza. 1952
Imagen: Picasso. Mujer y niño cerca del mar; 1902.

sábado, 20 de octubre de 2012

[Hacia qué luz los pájaros]




Hacia qué luz los pájaros,


contra qué cielo oscuro, que no es mío,

su vuelo es su pobreza, sí,

suspendidos en el aire de julio 


cuando giran de pronto hacia qué luz

como advirtiendo que buscan un sitio,

un nuevo turno donde

saben que no podrán hallarlo. 




Antonio Méndez Rubio. Trasluz. Calambur, 2002.

Imagen: Pieter Brueghel. Paisaje de invierno con trampa de pájaros.

jueves, 18 de octubre de 2012

Cartas españolas



IV

Es curioso que aquellos ladrones, fulleros y timadores,

procedentes de las clases bajas, algunos con experiencia penitenciaria,

es decir, los que hicieron el capital inicial para su negocio

con la extorsión, hoy educan a sus hijos conforme al doctor Spock. 


Los mandan a colegios privados: hincar los codos,

machacar el latín,

saber quiénes eran los estoicos,

leer las Escrituras,

aprender en unos cuantos idiomas el “Padrenuestro” y “Dios te salve”,

mejorar el genotipo con el sello dorado de la educación. 


Eso es, sencillamente, convertirse en hidalgo,

en la clase superior.

Llamarse “nueva élite”,

llevar sombreros europeos. 


Despreciar a los padres, por la plebeyez, por el mal gusto, por el mal 

tono,

la mala pronunciación,

y… ¡por el olor, el olor!... 





Olesia Nikoláyeva. La hora de Rusia. Poesía contemporánea. Visor, 2011. Traducción: Marta Lloret Llinares

Imagen: El lazarillo de Tormes. Goya.

martes, 16 de octubre de 2012

Y no cejar


En todo tiempo y lugar

frente a un poder,

la mirada sostener

y no cejar


Si el preceptor en la escuela,

a su sabor,

te impone regla y candela

y sinrazón,

piensa que no hay que aguantar

y, puesto en pie,

la mirada sostener

y no cejar


Si te escupe un comisario

“los papeles”,

y te azuza su bestiario

de lebreles,

sabes que no hay vuelta atrás,

y sin carné:

la mirada sostener

y no cejar


Si el jefe explica en la empresa,

con detalle,

que la crisis está espesa

y a la calle,

di que tú eres capataz

de tu taller:

la mirada sostener

y no cejar


En todo tiempo y lugar

frente a un poder,

la mirada sostener

y no cejar.





Conrado Santamaría. Cancionero de escombros con hoguera. Trabuco, 2014.

Imagen: Enfrentamientos durante la crisis griega.

lunes, 15 de octubre de 2012

Fieras y hombres



¡Qué pena de ser tan lerdo!

¡Qué pena no saber nada!

¡Qué pena no haber sabido

contestar esta mañana

a la viejuca que tiene

su nieto en el Guadarrama!

¡Calor de vergüenza llevo

sobre el frío de la cara!

¡Tan sencilla la pregunta,

y no saber contestarla!

-Dicen –ha dicho- que dicen

extranjeras buenas almas

que van a humanar la guerra.

¿Cómo van a humanizarla?

¿Cómo puede humanizarse

cosa que sólo es humana?

Los hombres hacen cañones,

los hombres hacen granadas.

Sólo los hombres los usan,

sólo los hombres las lanzan.

¡Cuanto más humanos son,

emplean peores armas!

Primero fueron las flechas,

después fueron las espadas,

-¡ay el castellano orgullo

de las hojas toledanas!-;

luego el rayo de la guerra

con su novia la espingarda;

después las balas dum-dum

que destrozan las entrañas;

luego bombas explosivas,

después bombas incendiarias;

luego gases asfixiantes,

después, los que forman llagas…

¿Qué harán mañana los hombres

para seguir su matanza?

¡Cuanto más humanos son

emplean peores armas!

Las fieras luchan de frente

sin más armas que sus garras.

Las fieras, ni enloquecidas,

muerden a los de su raza.

¿Por qué pues humanizar

guerra que sólo es humana,

y por qué no “enfierecerla”

en lugar de humanizarla? 


¡Qué sencilla la pregunta,

y no supe contestarla! 




Antonio Agraz. CNT, nº 490, 15 de diciembre de 1936. Romancero libertario. Ruedo ibérico, 1971.