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domingo, 31 de octubre de 2021

Dos anticantos de blanco


 

                        1ª VOZ

Este negro no vale dos chelines.

(Está sudado, trabajado, feo).

Sabe cantar espirituales,

eso sí; nada más. Y al acabar,

mira arriba buscando no sé qué árboles

divinos donde ahorcarse. Tontería.

Yo nací yanqui, y porque él naciera

negro, no es para tánto.

                                               Sabe pronunciar

algunas sílabas bobaliconas:

que sí, que basta. Y al mirar, parece

que lamiera las manos. Y repito que, triste,

sabe cantar espirituales.

 

                        2ª VOZ

- Madre, cómprame un negro para usar

el dulce látigo que me regalaste.

Mi látigo de lengua

que habla duro. Un perfecto diálogo

habrá si tú me compras un negro. Entre su carne

y mis manos se entablará viva

correspondencia! Cuando él grite, yo

me animaré, me animaré.

                                               Él clamará por Dios,

y a mí, por todos los diablos, que

me gustará su música.

                                               Cómprale

oh mamita, ese negro al tierno hijo

de América del Norte por la gracia

de Lincoln.

                                               Siempre hubo día

y noche. Cómprame, mamita,

la noche de ese negro. Y verás cómo pronto

arden fieras estrellas en su piel.

 

 

Gaspar Moisés Gómez. Con ira y con amor. Álamo, 1968.

Imagen: David Goldblatt. Man Sleeping, Joubert Park, Johannesburg, 1975.

martes, 31 de octubre de 2017

DEFINICIÓN DIFÍCIL



Para Antonio Gamoneda


Dígame Vd., quién es obrero en este

trance, cuando se apura el trago

final, y ni brazos ni pechos

responden sino para la súplica.

Vd. que tiene radio, ¿oyó la grave

definición? ¿Quién la lloraba? ¿En qué

lugar del mundo?

                                   De su mina oscura

sale el hombre a morir, y ya no eleva

más instancias. Con su trabajo acaban

sus días. Y, en el último, entierro.


Vd. que hace discursos, ¿es capaz

de decir lo que en su mísera aldea

sigue siendo mi padre, desde siempre,

con sus 70 años y su próstata?


Los que cavan su tumba, ¿se merecen

el calificativo? Los que luchan

brazo a brazo con Dios, y caen vencidos,

¿qué sueldo ganan?

                                               Ayer tarde estuve

con un amigo, y dedicó ese tiempo

entero a su cabeza dolorida.

(Sin que cayeran gotas de su frente, ¿en cuánto

ciframos su jornal?)

                                   Hay quien se ríe

trabajando; pero otros hacen música

trágica sólo de pensar. ¿Y cómo

y en qué cifrar el sueldo de estos últimos?


“Un obrero murió por accidente”.

Lo dicen los periódicos. Pero ese que agoniza

en sus propias entrañas, ¿a qué “Mutua”

recurrirá la viuda, si su muerto

va por la calle y habla y hasta come?


Hay un obrero trágico. No gana

sueldo. No le afiliaron al nacer

sino a su carne doliente y sombría.


Y, al fin, se muere, y lo entierran sin otra

vanidad que su pobre peso muerto.

Como otro más… o menos.

                                                           Y como ni se mueve,

ni protesta, lo llevan a la fosa

común, diciendo: “Aquí va un vago; aparten.

No sea que se caiga y no haya entierro”.





Gaspar Moisés Gómez. Sinfonías concretas. Diputación Provincial de León, 1970.

Imagen: Pedro Luis Raota

martes, 2 de diciembre de 2014

Gloria, amén



Gloria. Amén. El incienso. Es demasiado

para mis años y para mis hijos

que no quiero que tengan como yo la boca

siempre cerrada.

                                   Ay cuando la bola

de acero estalle!

                                   Yo hube de callar;

aunque traidor sigue siendo traidor,

por muchas ediciones que hagan del Diccionario.


Estoy cansado de genuflexiones.

Y mis hijos sabrán que eso es indigno

de un hombre. (Que ellos se humillen sólo

cuando vayan -si van- a algún gimnasio).

Estoy harto de “Gloria”, “Amén”, “Señor

Director, ¿me permite Ud. Aún

que siga vivo, o me declaro muerto?”.


Boca cerrada. Me llamarán boca

cerrada, cuando deje el mísero

mundo. Sólo diré adiós

a mi familia, y eso aún arrancándome

las telas últimas por el gran esfuerzo.

Pero traidor sigue siendo traidor,

aquí y ahora y después de todo.


Que mis hijos me lean en la rúbrica

trágica de los labios, y verán qué fuerte

grita un cobarde, después que dio el último

suspiro.

                        Adiós, mis hijos; y sabed,

que al siervo, vuestro padre, le mataron

cuando mejor hacía la reverencia.




Gaspar Moisés Gómez. Sinfonías concretas. Diputación Provincial de León, 1970.

Imagen: Luke Hillestad. Prudencia, 2012.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El profeta de oro



                          A Mariana Izquierdo

                        y Pedro Majadas


El opulento rico, a la sombra del canto

de un duro, se hizo sabio.

                                               Ascendió

a la montaña de su magisterio

y habló a los desgraciados con voz misericorde.

“Esta mañana

estuve en el “Central” y en el de “Crédito”;

me tomé altura en sus cajas de caudales;

y un director me dijo que os hacía falta

un crédito de pena, y aquí os traigo

las lágrimas. Llorad, hijos, llorad.

Que no se rompa el pecho de silencio.

Y si lo deseáis

(porque a veces las almas tienen caprichos tontos)

permito, incluso, que me desatéis

los cordones de mis zapatos.

                                                           Pero llorad;

porque esa al fin es la más importante

razón del pobre”.

                                   Y todos, al momento,

prorrumpieron en una desdicha acongojante.

Lloraron por sus muertos,

por los hijos desnudos,

por los presentes y por los ausentes.

Y el millonario, con palabras de oro

les prometió la gloria eterna,

a Pedro, a Juan, y al otro más extraño

que, al no tener vestido, tenía su pudor

como un iluso en este pobre mundo.


“A todos, hijos míos,

el bienestar os profetizo. Y sabed

que cuando hablo, mi palabra tiene

asiento en muchos Bancos”.

                                                           Y todos

los benditos de Dios, movieron la cabeza

con fiel asentimiento,

mientras el último tributo de sus lágrimas

cayó de nuevo entre las suaves manos

del hombre de oro que las llevaría

a otras aldeas, con otros engaños,

para que las sorbieran otros pobres más pobres.




Gaspar Moisés Gómez. Sinfonías concretas. Diputación de León, 1970.

Imagen: J. P. Morgan golpeando a un fotógrafo con su bastón.