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domingo, 19 de diciembre de 2021

EMPRENDER


 

Hubo unas encuestas en unas universidades (creo

que fue en Andalucía), y el 75 % de los universitarios

querían ser funcionarios. Esa misma encuesta se

había hecho en Estados Unidos, y el 75 % querían ser

emprendedores, dueños de sus propias vidas. No

querían estar en una oficina con un jefe por arriba.

Querían tener una idea, agarrar a unos cuantos amigos,

desarrollarla y pelearse por ella, y así surgen los

facebooks, los googles y los macs. Con un 75 % de

gente que quiere ser funcionario no se hace país.

ANTONIO BANDERAS

 

…en el lavabo llora un funcionario.

ISABEL PÉREZ MONTALBÁN

 

 

Los ricos,

los creadores del país,

aquellos que llenaron

nuestra mirada y nuestra piel

de falsos sueños

y metas alcanzables,

ahora nos sueltan los lobos

de una palabra: emprender,

que no es verbo sino colmillo,

que no es vocablo sino herida.

 

Ellos no han conocido lo precario,

el frío del invierno filtrándose en las botas,

la bandeja y su peso encima de los dedos,

la nieve hasta las rodillas en la parada del bus.

Es por esto que el joven

de su país

se agarra de la rama de unas oposiciones

para no ahogarse en una ciudad

en la que los abrazos quedan bastante lejos,

 

y así prefiere

el trabajo alienado tras el metacrilato,

la histeria de las voces en un aula,

la parálisis crónica de una oficina,

porque tan solamente sobreviven

en su país

los funcionarios que, convalencientes,

lloran en el lavabo.

 

 

Abraham Guerrero Tenorio. Toda la violencia. RIALP, 2021.

Imagen: Tetsuya Ishida

martes, 30 de noviembre de 2021

MI ABUELA Y HOLOFERNES


 

Cuando hablo de violencia, pienso

en Judit y Holofernes, de Caravaggio:

el tenebrismo al fondo,

la luz entera nace del pecho de Judit,

la vieja con la piel rugosa, tensa la sien,

aguarda la cabeza que agarra la mano de Judit,

la cabeza que grita.

 

Aunque cuando hablo de violencia

también pienso en mi abuela,

su respingo desconfiado

cuando una silla arrastra las uñas por el suelo,

porque piensa en Alfonso, su marido,

que fue la silla y no el respingo.

Mi abuela que aún coge

el rosario que descansa en su pecho

por si algún Dios piadoso

pudiera mitigar los golpes recibidos.

 

Pero ni Caravaggio ni los rezos

han sabido ofrecerle la rabia de Judit

o una vieja de piel rugosa

que aguarde la cabeza de Alfonso, su marido,

la cabeza que ahora

junto a ella respira

por una mascarilla de oxígeno.

 

 

Abraham Guerrero Tenorio. Toda la violencia. RIALP, 2021.

Imagen: Caravaggio. Judit y Holofernes, 1599.