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domingo, 19 de abril de 2026

PASTORAL


 

Chile entero es un desierto

sus llanuras se han mudado y sus ríos

están más secos que las piedras

No hay un alma que camine por sus calles

y sólo los malos

parecieran estar en todas partes

 

¡Ah si tan sólo tú me tendieras los brazos

las rocas se derretirían al verte!

 

 

Raúl Zurita. Anteparaíso. Visor, 2016.

Imagen: Pablo Valenzuela. De la serie “Rapa Nui”.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

1973


 

Han bombardeado La Moneda y se ha producido

la estampida. Las calles quedaron vacías y a esta

hora las embajadas están atestadas de gente. Yo

fui apresado en la madrugada en Valparaíso pero

eso no importa. Importa que necesito amor y estoy

solo. Tampoco importa que los tipos hayan huido

como ratas. Es la vida. Yo sé bastante de eso. O

por lo menos. A mí se me había adelantado un

poco, me refiero a la vida, claro. Tenía hijos y la

que entonces era mi primera mujer me buscaba.

Habíamos roto hace algunos meses, pero igual me

buscaba. Yo creo que la verdad es siempre algo

muy simple. Los tipos corrieron a perderse y ya

está. Yo habría hecho lo mismo. Me guardaron en

la bodega de un carguero. Mal asunto. Me la

imagino perfectamente con mi estampita de

desaparecido pegada al chaleco y dando la lata.

Me refiero a la que era mi mujer, claro. Excelente

tipa, pero me la imagino perfectamente. Huyeron

como ratas. Fue lo que dije. Al primer empujón.

He comenzado a teclear esto porque estoy solo y

necesito amor. Es simple. Todos necesitan un

poco de amor. Los boquerones de los bombardeos

han permanecido desde hace años allí. Es algo que

un niño podría entender. Quienes pasan por allí lo

hacen rápidamente. Nadie mira mucho rato allí.

 

 

Raúl Zurita. Zurita. Editorial Delirio, 2012.

Imagen: Bombardeo del Palacio de La Moneda, 1973.

martes, 16 de abril de 2024

MI DIOS NO MIRA MI DIOS NO OYE MI DIOS NO ES


 

Mi dios no mira     Mi dios no oye     Mi dios no es    y eran

aviones en fuga escribiendo en el cielo

 

Sobrevolando las irradiadas ciudades que iban surgiendo

en la inmensidad del alba como lejanos sueños olvidados

al despertar

 

Y son como brumosos prados que reaparecen en un sueño

o colinas reaparecidas de pronto     imágenes con jardines

y niños que juegan a volverse cenizas bajo las abrasadas

ciudades

 

Mientras los bombarderos del sueño y la locura vuelan

sobre ellas escribiendo en el cielo    Mi dios ¿por qué?

Dios mío ¿no me oyes?    Amor mío ¿no me ves?     Y es

la piel pavorosamente quemada de un niño el cielo

pavorosamente quemado del amanecer… Se reporta:

miles de niños suben como pequeños soles al amanecer

Se reporta el hongo del amanecer     Se reportan mares

de ceniza y sangre bajo los cielos en fuga del amanecer

 

 

Raúl Zurita. Zurita. Editorial Delirio, 2012.

Imagen: Christer Strömholm. The Fire Feast, Tokyo, 1963.

jueves, 16 de junio de 2022

EPÍLOGO


 

Recortados en la noche, como espejismos, con las manos

recogíamos puñados de tierra y del pasto verde

que crecía. Sé que todo esto no fue más que un sueño

pero aquella vez fue tan real

el peso de la tierra en mis manos, que llegué a creer

que todos los valles nacerían a la vida

Y es posible porque algunos cantaban

incluso tú, que no habías parado de llorar

es posible que también rieras

y contigo el aire, el cielo, los valles nuevos

toda luz, hermana, toda luz

del amor que mueve el sol te juro y las otras estrellas

 

 

Raúl Zurita. Anteparaíso. Visor, 2016.

Imagen: Desierto de Atacama

viernes, 2 de julio de 2021

ROTAS CARRETERAS/ 551


 

                                   La carretera 61

 

Y medio a medio del cielo    sobre el mar    suspendidas

las ciudades parecían caras mirándonos

 

Agrandándose como los ojos de Dios mirando al tipo en

el amanecer    fosforescentes    ordenándole que matara a

su hijo

 

Mostrándole las ciudades de sangre y los infinitos hijos

sacrificados que confluían hacia ellas rodeándolas    Ya

vimos esas ciudades    esas largas auroras    los cielos

ondeando    parecían decir los sacrificados y nosotros

éramos esas sangrientas caras    esas ciudades de sangre

la sangrante carretera de muertos recostándose en el mar

 

 

Raúl Zurita. Zurita. Editorial Delirio, 2012.

Imagen: Hengki Koentjoro