Han bombardeado La Moneda y
se ha producido
la estampida. Las calles
quedaron vacías y a esta
hora las embajadas están
atestadas de gente. Yo
fui apresado en la madrugada
en Valparaíso pero
eso no importa. Importa que
necesito amor y estoy
solo. Tampoco importa que
los tipos hayan huido
como ratas. Es la vida. Yo
sé bastante de eso. O
por lo menos. A mí se me
había adelantado un
poco, me refiero a la vida,
claro. Tenía hijos y la
que entonces era mi primera
mujer me buscaba.
Habíamos roto hace algunos
meses, pero igual me
buscaba. Yo creo que la
verdad es siempre algo
muy simple. Los tipos
corrieron a perderse y ya
está. Yo habría hecho lo
mismo. Me guardaron en
la bodega de un carguero.
Mal asunto. Me la
imagino perfectamente con mi
estampita de
desaparecido pegada al
chaleco y dando la lata.
Me refiero a la que era mi
mujer, claro. Excelente
tipa, pero me la imagino
perfectamente. Huyeron
como ratas. Fue lo que dije.
Al primer empujón.
He comenzado a teclear esto
porque estoy solo y
necesito amor. Es simple.
Todos necesitan un
poco de amor. Los boquerones
de los bombardeos
han permanecido desde hace
años allí. Es algo que
un niño podría entender.
Quienes pasan por allí lo
hacen rápidamente. Nadie
mira mucho rato allí.
Raúl Zurita. Zurita. Editorial Delirio, 2012.
Imagen: Bombardeo del
Palacio de La Moneda, 1973.