Ya estaba el túnel casi concluido,
y muy pronto por él
podrían los transportes ferroviarios
pasar con rapidez.
En el fondo del túnel cien obreros,
o acaso más de cien,
de su labor se hallaban entregados,
al penoso deber.
La voz del capataz los azuzaba
con despotismo cruel,
y la labor corría como corre
por la llanura el tren.
Pero de pronto resonó un crujido
que acompañado fue
de un gran desprendimiento de las tierras
en el túnel aquel.
¡Catástrofe espantosa! Cien obreros,
o acaso más de cien,
quedaron en las tierras sepultados
y muertos a la vez.
Y el emprendido túnel, que a su término
corría a más correr,
quedó medio deshecho por tan triste
circunstancia también.
Al conocer la Empresa la catástrofe
poco tiempo después,
¡cuánto sintió… los nuevos desembolsos
que tenía que hacer!
Álvaro Ortiz. En Poesía española del siglo XIX. Edición de Jorge Urrutia. Cátedra, 2003.
Imagen: George Jones (Atribuido). Banquet in the Thames Tunnel, 1827.
