El joven grande peina el cielo roto
entre todos los mineros, que encorvados,
rompen las piedras, buscan el corazón rojo
del hierro sustento, del hierro muerte.
No hay sol que abra las nubes, no hay
sitio de silencio y de amor.
La joven Marcelina piensa que las manos
del hombre alto pueden desmadejar la niebla,
recoger el agua antes de que se manche
en el suelo, parar el proyectil del miedo
antes de que les hieran, sí, antes
del diálogo de lamentos y lágrimas.
La joven Marcelina borda en la tela blanca
los pájaros que no se oyen, las flores
que no brotan, las letras que inician
sus nombres. La uve del vuelo del ave,
la eme de la mujer en pie firme
sobre la tierra herida.
Pablo Müller. Pan y hierro. Ediciones del 4 de Agosto, 2019.
Imagen: Federico Patellani




