Mostrando entradas con la etiqueta Miguel López Crespi. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel López Crespi. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de mayo de 2024

UN VACÍO QUE NO DEJA DE GANAR TERRENO


 

Como un lento y suave pensamiento crepuscular:

la muerte me espanta menos que la ausencia de verdadera vida.

Cada gesto muerto,

cada verso especializado, mecanizado,

privándonos de un poco de vida cien veces,

mil veces por día,

hasta el agotamiento definitivo del espíritu y del cuerpo.

Heredamos simples ecos de decadencia,

reflejos de un lejano agotamiento.

Nos parecía legítimo el bello poema,

aquella superstición de los límites formales,

y el freno a todas nuestras arbitrarias curiosidades.

Teníamos que escribir con la razón adulterada.

Hormigueaban las recetas de los expertos en literatura,

novísimos, nobles charlatanes de la nada,

con su terapéutica despreocupada de los matices

y los significados. Simples nimbos de crepúsculos históricos.

Fatiga transfigurada en la visión del mundo.

Melodía de estertores sin resolver el problema

de su propia muerte.

A nosotros,

                        ni Lorca, ni Cernuda,

ni León Felipe nos pueden ya prestar ayuda.

Vivimos fotos de catástrofes,

estribillos de hospitales,

sonetos de asilos y prisiones.

Nuestra rima:

                        este sufrimiento difuso

esparcido en mí y en ti.

Un vacío que no deja de ganar terreno.

 

 

Miguel López Crespi. El seco pulso del tambor. Provincia, 1984.

Imagen: Charlotte Colbert

miércoles, 22 de noviembre de 2023

ESTE ES EL TIEMPO Y EL LUGAR


 

Contemplo asombrado el flujo y reflujo

de las multitudes absorbidas y pisoteadas

por el movimiento incesante de los coches.

Me doy cuenta

                                   lleno de pánico

que invadiendo las calles, las oficinas, las fábricas,

no hay más que repliegues temerosos, ataques brutales,

arañazos concretos sin razón aparente.

 

Éste es el tiempo y el lugar.

A falta de cuchillos,

aprenden a hablar con los codos y con la mirada

cada vez más agresiva.

No hay tiempo muerto,

                                               ni tregua

entre agresores y agredidos.

 

Sistema de errores, empresa de bagatelas,

arquitectura de naderías,

tiempo inamovible en su esencia.

Solo palabras, gestos, miradas

que se mezclan y deshacen en un segundo,

tropiezan entre sí, desvían su curso,

se extravían como balas perdidas

que matan con más certeza por la tensión

que excitan sin cesar.

Pero que lo sepan bien alto todos los impostores,

todos, cualquier maestro del pretexto.

No,

no hay equilibrio posible en el malestar.

 

 

Miguel López Crespi. El seco pulso del tambor. Provincia, 1984.

Imagen: Bruce Gilden. Nueva York, 1984.

jueves, 10 de febrero de 2022

UNA POESÍA EN CAMBIO CONSTANTE


 

Una poesía que esquive el enfrentamiento,

llena de rodeos, emboscadas, ataques parciales.

Una poesía instalada en campamentos móviles.

Se trata de sumergirse en la extensión infinita

de todas las vidas fundidas en el paisaje.

Una poesía para el desierto, la jungla o la montaña,

sin resistir en ningún verso concreto.

Se trata de llenar de inseguridad todos los libros posibles.

Disolver todas las palabras en sí mismas,

–voz clandestina en el asfalto–

alterando continuamente el juego literario.

Poesía en cambio constante,

con un ligero equipo de verdades a medias.

Palabra manejable, desmontable,

de alcance limitado, pero eficaz,

ofreciendo un amplio margen al coraje individual.

Una poesía que no deje huellas,

como un guerrero sin equipaje,

sabiendo siempre que cualquier victoria

es perecedera,

que no cabe esperar nada de una conquista

o de un poder futuro.

Poesía de la movilidad perpetua,

del golpe de mano, del nomadismo del desierto.

Lejos,

lejos siempre del universo sedentario y disciplinario

de la literatura profesional, fosilizada.

 

 

Miguel López Crespi. El seco pulso del tambor. Provincia, 1984.

Imagen: Robert Doisneau

martes, 11 de mayo de 2021

REGISTRO DE LO INCURABLE


 

Cuando nada puede impedirte sangrar,

las ideas mismas se tiñen de rojo

o se invaden como tumores las unas a las otras.

Almas de poliéster, todos junkies

sumidos en este embotamiento permanente,

turistas en bermudas y camisas de flores

contemplando la última matanza televisiva.

 

Aritmética de las agonías,

registro de lo incurable,

triste criatura de calendario.

¿Te has contemplado alguna vez en el huracán?

 

Matadero del tiempo,

ahí todos,

presidiendo el Consejo de los Siete Días.

Enigma insoluble,

esas miradas nebulosas de las calles

llenas de abstracciones,

abandonando siempre el yo en favor de la sombra.

Simple frase del tiempo,

la vida, todo.

Los hombres nos insertamos

en este papel a modo de comas,

y tú,

tú,

me contemplas inmovilizado como un punto.

 

 

Miguel López Crespi. El seco pulso del tambor. Provincia, 1984.

Imagen: Kirill Stryukov