martes, 3 de noviembre de 2026

[En mi última misiva, la del 9 de marzo, le contaba de mi nueva vida,]


 

En mi última misiva, la del 9 de marzo, le contaba de mi nueva vida, de mis embates en un sistema universitario más interesado en la producción cuantitativa que en su responsabilidad social. Hacia la mitad del escrito, que era largo, le contaba también que había ido al cine a ver Camille Claudel, “una escultora de la que Rodin se alimentó por años y que finalmente fue recluida por treinta años en una clínica de salud mental. En vida nadie la reconoció y su obra no empezó a tener reconocimiento sino hasta los ochenta. La película me impresionó por muchas cosas, por la vocación enfebrecida de Camille, por el cuidado del padre por lo que llamaba los talentos de Camille, y obviamente por su destrucción. Creo que muchas mujeres hemos creído que nuestro final como creadoras es la destrucción como bomba romántica. Yo me llené de rabia por ese crimen, y por tantos otros que ni siquiera vislumbramos, y me convencí que, al salirme de México, yo iba escapando de esas voces que te animan: ahí está el vacío, ¿no lo ves? Tírate. Aviéntate al abismo. Porque yo no quiero para mí ni para ti, ni para nadie, un final así; porque la destrucción y el desencanto no son un romanticismo ardiente sino un romanticismo asesino. Porque estamos aquí, sí, llenas de talentos, no para alimentar la maestría vampírica de otros, ni para caer ciegas en el abismo de la locura, ni para cargar una piedra como San Jerónimo. Estamos aquí con el peso encantado de la existencia y la ligereza, la ligereza plácida del sueño, porque tenemos muchas cosas por decir, hacer, pensar, repensar, recrear; porque nuestro punto de vista es nuevo para una historia que lo ha negado, usurpado, ciento de millones de veces; porque tenemos que decir: ¡Ya basta! Ni el dogma ni el amor, ni el de la fama, ni el del dinero van a poder destrozar algo mucho más firme e inocente a la vez, el deseo insensato, tímido, arrebatado por vivir, por vivir y por crear otro vivir, algo más hermoso, algo más justo. Para eso es la voz y la mano”. 

 

Cristina Rivera Garza. El invencible verano de Lilliana. Random House, 2021.

Imagen: Duane Michals

domingo, 1 de noviembre de 2026

[De sufrir en vano]


 

De sufrir en vano

nunca llega a tiempo

la hora del daño

 

Si arriba o abajo

si afuera o adentro

de sufrir en vano

 

Todo lo que gano

todo lo que pierdo

la hora del daño

 

Un torpe vasallo

mi vida sin cuerpo

de sufrir en vano

 

Y el feliz relámpago

de masa en fermento

la hora del daño

 

Como un carbón blanco

poroso de riesgos

de sufrir en vano

la hora del daño

 

 

Conrado Santamaría Bastida. Inédito.

Imagen: Wolfgang Lettl. El grito, 1989.

sábado, 31 de octubre de 2026

[En esta ciudad]


 

En esta ciudad

van las sombras solas,

¿a quién preguntar?

 

 

Julián Briñas. La poca vergüenza. Gentuza Ediciones, 2026.

Imagen: George Ault. New York, nº 2, 1921.

viernes, 30 de octubre de 2026

[Y ahora vamos al madero]


Y ahora vamos al madero

de porra, casco y neurona,

que por Dios, patria y corona

y el grande honor del dinero

se convirtió en verdadero

adalid de la bajeza:

a su madre con fiereza,

honra de la profesión,

en una manifestación

en dos le abrió la cabeza.

 

 

Abdías Gandul. Décimas pésimas. El Alipende, 2010.

Imagen: Javier de Villota

martes, 27 de octubre de 2026

MEMORIAL DE TLATELOLCO


 

La oscuridad engendra la violencia

y la violencia pide oscuridad

para cuajar en crimen.

 

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche

para que nadie viera la mano que empuñaba

el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

 

Y a esa luz, breve y lívida, ¿quién? ¿Quién es el que mata?

¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?

¿Los que huyen sin zapatos?

¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?

¿Los que se pudren en el hospital?

¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

 

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.

 

La plaza amaneció barrida; los periódicos

dieron como noticia principal

el estado del tiempo.

Y en la televisión, en la radio, en el cine

no hubo ningún cambio de programa,

ningún anuncio intercalado ni un

minuto de silencio en el banquete.

(Pues prosiguió el banquete).

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres,

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:

a la Devoradora de Excrementos.

 

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

 

Ay, la violencia pide oscuridad

porque la oscuridad engendra el sueño

y podemos dormir soñando que soñamos.

 

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad. Sangre con sangre

y si la llamo mía, traiciono a todos.

 

Recuerdo, recordamos.

 

Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

 

Recuerdo, recordemos

hasta que la justicia se siente entre nosotros.

 

 

Rosario Castellanos. En Mujer de buenas intenciones. Rosario Castellanos. Selección: Luna Miguel. Penguin Random House, 2025.

Imagen: Vehículos militares en la Plaza del Zócalo, Ciudad de México, 1968.