Sé que no soy
suficientemente oscuro
ni enrevesado para complacer
a los críticos.
Las metáforas me evitan.
No puedo hallar palabras
suaves o amables
para trajear una masacre.
La sangre es sangre y el
asesinato asesinato.
¿Cuál es el sinónimo
perfumado de linchar?
Vengan, poetas lánguidos,
refinados y soñadores:
una mujer negra deja los
bofes
en la cocina de un blanco
por poco dinero y ninguna
gloria.
¿Cómo debo contar esa
historia?
Un muchacho negro, más negro
que la muerte,
yace boca abajo en el fango
helado de Corea.
Vengan con su estilo
jubiloso
a explicarle por qué no
sigue vivo.
Expresen en otras palabras
nuestro descontento
con alguna melodía
lastimera,
algún sollozo, un poco de
gimoteo,
no demasiado. ¡Y nada de
rebelión!
¡Dios, no! La rebelión es
demasiado cursi.
Ustedes se ocupan de
sentimientos más finos,
muy sutiles —una hoja otoñal
colgando de un árbol: ¡Yo
veo un cuerpo!
Ray Durem. En Poesía social y revolucionaria del Siglo XX.
Selección y notas: Jorge Brega. Editorial Ágora, 2012.
Imagen: Gordon Parks