martes, 26 de mayo de 2026

EL BELLO LEGADO


 

Soy un país moribundo

Me nació el hijo entre la pólvora

me nació en la trinchera escondida en el beso de la muerte

Me nació el hijo en el escondite

en la alambrada inerte que tejimos como barricadas

Me nacieron los hijos muertos

estrellados

mutilados

Corriendo hacia el abismo que les ofrece el nuevo siglo

Me nacieron los hijos sueltos

volátiles como el suspiro de un disparo

Me nacieron los hijos desaparecidos como el pulso de un latido tuerto

Como la práctica onanista de un país que se pudre

De un país que se queda mudo

con la garganta cercenada de disparos

Me nacieron los hijos ciegos

Me nacieron los hijos mudos

Agonizantes

cabizbajos

cohibidos

Me nació el eructo de un beso prohibido en la frontera de los sueños

Los hijos junto a los sueños se me pudrieron

Me nacieron inmigrantes con la plegaria del sueño americano

Con la agonizante ceguera de convertirse en lavaplatos

en constructores

En mendigos colectores de sueños

En limpia mierda sin temblarle el pulso ante la injuria del yanqui

en venado escapista de trenes

en alma nostálgica ante el himno nacional

Y sin embargo la plegaria insiste en convertirlos

en prostitutas en plena frontera

en el alma del coyote

ese mismo coyote que ahoga los sueños entre sus colmillos

dicen que el mar se ha vuelto más violento

dicen que el  mar está a punto de vomitarlos

dicen que el mar esconde la palpitación imbécil de sus sueños

dicen, a mí no me lo crean

ni a este país que parió los hijos desaparecidos

prostituidos

secuestrados

abandonados en el desierto con la frente sudorosa

con la boca muda sin pronunciar su nombre

con la garganta agónica en busca del sueño

con la adeudada caricia de las madres invocando su angustia

rogándole a los santos que intercedan en su ascenso a los infiernos

me nacieron los hijos hambrientos del sueño americano

me nacieron  analfabetos

caóticos

delincuentes

me nacieron roedores habitantes de una ciudad testaruda

me nació la ciudad agobiada transpirando el olor de las cloacas

las calles y su aturdida manera de mostrar el sarro de los orines

me nacieron los somnolientos bostezos de un niño huele-pega

del niño habitante mudo abstraído en su sueño urbano

del niño adorado rey de alcantarillas

me nació la suplicada nariz llena de coca

me nacieron los niños dibujando los sangrados círculos de sus vidas

me nacieron aspirando la inclinada línea de los años

me nacieron galopantes los gritos por el crack

por la temblorosa agonía de escaparse un rato

por la temblorosa sonrisa perdida

por la temblorosa mirada que cicatrizan las heridas

temblorosas también las piernas líquidas de una niña en las calles

de la niña vendiéndose ante la fría liturgia del sexo

me nacieron las niñas raptadas

la decapitación incesante de sus senos

la mutilada forma de abotonar las noches

el laberinto carnal de construir los cuerpos

el asolapado misterio del sexo

Me nacieron los cansados días en el mercado

la agobiante tarde en busca de un muerto

la oxidada rutina de verme desnudo y sin cinco

me nació la hipotecada ilusión de una casa

la deuda externa facturada con mi nombre

la cansada tradición de hilvanar los sueños en una maquila

Me nacieron los hijos traficantes

Me nació el lavado de dinero

Me nació la corroída mueca del narco

El diplomático parpadeo de los políticos

La inflamable historia de los corridos

La triste canción de un tiro

La estoica versión de raptarse a los niños

La detonada travesía de traficar con el hambre

Me nacieron las temblorosas manos del sicario

El ajuste de cuentas tiñendo las calles

La bala perdida

Cae

La bala perdida te busca

La bala perdida tiene tu nombre

La adjetivada muerte de los niños

El desaforado destino de la muerte

Me nacieron las pandillas

La pactada muerte entre sus dedos

La tatuada cicatriz de un país sin memoria

La agobiada mutilación de los días

Los cementerios clandestinos

Y la agonía de salir a las calles

Las apiladas caricias de los cráneos sueltos

La decapitada mueca de los muertos

Me nacieron cansados los párpados

Los crucificados brazos del silencio

la agonía de pegarme un tiro y entrar como un dios a los despojos que me dejó las posguerra

 

 

Luis Borja. El disparo. Cuentos del barr(i)o. Visor, 2014.

Imagen: Francisco Campos

lunes, 25 de mayo de 2026

[Urge salvar a las mariposas]


 

Urge salvar a las mariposas

del estómago de los carroñeros.

Cuidar las manos si se agrietan

subiendo a los árboles para ser visibles.

 

Es urgente hacer rugir a los silenciados

mientras putrefactas divinidades

se sienten obligadas a exterminar

campos plagados de niños.

 

Es necesario vomitar toda la rabia

que se nos encona en el cuerpo

mientras se desangra a nuestros congéneres

y se justifica sin vocabulario adquirido.

 

Necesitamos todas las posibles aves del mundo

que nos dejen subir sobre sus plumas

para frenar los muchos misiles

de ignorancia y deseo de poder que se lanzan.

 

 

Montserrat Villar González. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Yanagawa Shigenobu I. Two Dancers in Butterfly Costumes, c. 1820.

domingo, 24 de mayo de 2026

PATRIA


 

“Dulce et decorum est pro patria mori”

(Horacio)

No sé cuál es mi patria.

Me gustaría conocerla, amarla,

sentir por ella devoción, llevarla

como se lleva una bandera alzada,

como se entona una plegaria,

como se yergue una lámpara,

como se luce alguna joya rara.

Pero es una palabra tan pesada

que hace trizas mi espalda,

no puedo con tan dura carga.

 

Algunos cuentan que es la infancia,

otros llaman su patria a la palabra,

y hay quien dice que el cuerpo de la amada.

Era la mar para el pirata

y la bolsa para el que la idolatra…

A mí cualquier lugar me basta,

cualquier mano de amigo o camarada

para sentirme en casa.

 

Odio el concepto, no me dice nada,

suena a urdida patraña,

a dulce que empalaga,

a estafa,

a mentira que el poderoso clama,

a reducto servil que nos engaña.

 

Muera quien quiera por su patria.

No daría mi vida por salvarla.

 

 

Enrique Gracia Trinidad. Siempre la vida. (Muestra poética). Ars poetica, 2017.

Imagen: Tomasz Alen Kopera. Deserter, 2004.

sábado, 23 de mayo de 2026

Cárcel de Wad•Ras


 

Cárcel de Wad•Ras

            tus muros esconden los crímenes

            de nuestras palabras dormidas,

y miras para otro lado,

            mientras afuera las palmeras

            te huyen, te silencian y te lloran.

Tristes las sucias amenazas de mis hermanas guardas.

            Lento y doloroso aplastas el pasar de la tarde.

Y el pecado de una madre sin su hija

            al ocultar confiesas

                        que jamás cometes.

Pero mientes.

 

Cárcel de Wad•Ras,

            negro el corazón infame de quien dice

            que dentro de ti trabaja.

Escabulles la anaranjada luz

            de tu cobarde equina,

            mientras fuera yo y mi voz dolida

te rodeamos sin saber cómo abordarte.

            Tus muros abarcan el grito locuaz de mis hermanas.

Y el pecado de una madre sin su hija

            al ocultar confiesas

                        que jamás cometes.

Pero mientes.

 

 

Maje Martínez Soto. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Montse Giralt. Cárcel de Wad-Ras.