He estado horas de pie
viendo la Laguna de Tiscapa
mecerse tranquilamente
con una tranquilidad engañosa.
Cuando iba a la escuela
era agradable escaparse de clase
bañarse en la Laguna de Tiscapa.
Chavalos de todas las escuelas de Managua
estaban ahí
bañándose jugando alegres
desafiando a los profesores
a los padres
a la Laguna.
Hasta el apodo de Tiscapero
nos tocó cargar.
Tiscapero era sinónimo de vago
de bruto
de desobediente
en fin de todo lo malo que puede ser un hijo
a los once años.
La laguna tiene remolinos de agua
que jalan
que succionan
que te llevan al centro de la Laguna
y ella se encarga de desaparecerte.
Así hizo con muchos chavalos
vagos
brutos
desobedientes
Tiscaperos al fin y al cabo.
Pero además la Laguna cumplía otras funciones
a la media noche
tiraban al fondo de la Laguna
presos
que morían torturados en los sótanos
de Casa Presidencial.
Y la Laguna amanecía como si nada
con pajaritos volando sobre ella
con mujeres lavando
con chavalos bañándose
y los muertos en el fondo.
Mario Martínez Caldera. Memorias de caminante. Sultana del Lago, 2020.
Imagen: Susan Meiselas. Still from Reframing History, 2004.




