Soy un país moribundo
Me nació el hijo entre la
pólvora
me nació en la trinchera
escondida en el beso de la muerte
Me nació el hijo en el
escondite
en la alambrada inerte que
tejimos como barricadas
Me nacieron los hijos
muertos
estrellados
mutilados
Corriendo hacia el abismo
que les ofrece el nuevo siglo
Me nacieron los hijos
sueltos
volátiles como el suspiro de
un disparo
Me nacieron los hijos
desaparecidos como el pulso de un latido tuerto
Como la práctica onanista de
un país que se pudre
De un país que se queda mudo
con la garganta cercenada de
disparos
Me nacieron los hijos ciegos
Me nacieron los hijos mudos
Agonizantes
cabizbajos
cohibidos
Me nació el eructo de un
beso prohibido en la frontera de los sueños
Los hijos junto a los sueños
se me pudrieron
Me nacieron inmigrantes con
la plegaria del sueño americano
Con la agonizante ceguera de
convertirse en lavaplatos
en constructores
En mendigos colectores de
sueños
En limpia mierda sin
temblarle el pulso ante la injuria del yanqui
en venado escapista de
trenes
en alma nostálgica ante el
himno nacional
Y sin embargo la plegaria
insiste en convertirlos
en prostitutas en plena
frontera
en el alma del coyote
ese mismo coyote que ahoga
los sueños entre sus colmillos
dicen que el mar se ha
vuelto más violento
dicen que el mar está a punto de vomitarlos
dicen que el mar esconde la
palpitación imbécil de sus sueños
dicen, a mí no me lo crean
ni a este país que parió los
hijos desaparecidos
prostituidos
secuestrados
abandonados en el desierto
con la frente sudorosa
con la boca muda sin
pronunciar su nombre
con la garganta agónica en
busca del sueño
con la adeudada caricia de
las madres invocando su angustia
rogándole a los santos que
intercedan en su ascenso a los infiernos
me nacieron los hijos
hambrientos del sueño americano
me nacieron analfabetos
caóticos
delincuentes
me nacieron roedores
habitantes de una ciudad testaruda
me nació la ciudad agobiada
transpirando el olor de las cloacas
las calles y su aturdida
manera de mostrar el sarro de los orines
me nacieron los somnolientos
bostezos de un niño huele-pega
del niño habitante mudo
abstraído en su sueño urbano
del niño adorado rey de
alcantarillas
me nació la suplicada nariz
llena de coca
me nacieron los niños
dibujando los sangrados círculos de sus vidas
me nacieron aspirando la
inclinada línea de los años
me nacieron galopantes los
gritos por el crack
por la temblorosa agonía de
escaparse un rato
por la temblorosa sonrisa
perdida
por la temblorosa mirada que
cicatrizan las heridas
temblorosas también las
piernas líquidas de una niña en las calles
de la niña vendiéndose ante
la fría liturgia del sexo
me nacieron las niñas
raptadas
la decapitación incesante de
sus senos
la mutilada forma de abotonar
las noches
el laberinto carnal de
construir los cuerpos
el asolapado misterio del
sexo
Me nacieron los cansados
días en el mercado
la agobiante tarde en busca
de un muerto
la oxidada rutina de verme
desnudo y sin cinco
me nació la hipotecada
ilusión de una casa
la deuda externa facturada
con mi nombre
la cansada tradición de
hilvanar los sueños en una maquila
Me nacieron los hijos
traficantes
Me nació el lavado de dinero
Me nació la corroída mueca
del narco
El diplomático parpadeo de
los políticos
La inflamable historia de
los corridos
La triste canción de un tiro
La estoica versión de
raptarse a los niños
La detonada travesía de
traficar con el hambre
Me nacieron las temblorosas
manos del sicario
El ajuste de cuentas tiñendo
las calles
La bala perdida
Cae
La bala perdida te busca
La bala perdida tiene tu
nombre
La adjetivada muerte de los
niños
El desaforado destino de la
muerte
Me nacieron las pandillas
La pactada muerte entre sus
dedos
La tatuada cicatriz de un
país sin memoria
La agobiada mutilación de
los días
Los cementerios clandestinos
Y la agonía de salir a las
calles
Las apiladas caricias de los
cráneos sueltos
La decapitada mueca de los
muertos
Me nacieron cansados los
párpados
Los crucificados brazos del
silencio
la agonía de pegarme un tiro
y entrar como un dios a los despojos que me dejó las posguerra
Luis Borja. El disparo. Cuentos del barr(i)o. Visor,
2014.
Imagen: Francisco Campos