Puse pies en la esperanza
sabiendo que existen cardos,
tropiezos y levantadas,
que en los mejores jardines
renacen las hierbas malas.
Sabemos que las utopías
se alejan al caminar,
e iluminan los caminos al que busca
un mundo nuevo,
pasan del yo al nosotros,
a un mundo cooperativo.
Pero se va la esperanza
y vienen los nubarrones
sin asidero al que asirse
que me libre del barranco.
Todo se me vuelve turbio,
todo lo cubren los grises,
a todo lo ganan los miedos.
Camino, voy despistado,
sin buscar ningún destino,
ni una palmada en el hombro,
ni la voz de algún amigo.
Todo se convierte en fin,
se perdieron los principios.
Sigo y sigo caminando
perdido en mi soledad
con la niebla que me envuelve.
Se bifurcan los senderos
en este mar de oquedades,
con dudas por donde andar.
Los truenos mueven los montes,
las nubes vierten sus aguas,
estos elementos juntos
producen desconfianzas.
Entre todos en unión
han despertado mi ausencia,
me duele el pecho, las sienes,
y encuentro mi desnudez.
Aparecen mis ayeres,
mis compromisos pendientes
añorando un porvenir,
un mundo de dignidad.
para gritar a los vientos.
Hay que vencer a la bestia.
No vale resignación.
No, no me resigno.
Rufino Hernández. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.
Imagen: Helios Gómez. Horrores de la guerra. Evacuación, 1937.



