Sobre un puente de niebla,
¡cuántos muertos de pie!,
bajo un río muerto.
Porque el río es siniestro
y el mar, hostil.
Son náufragos de carretera.
Cada uno lleva un kilómetro
de escapulario,
y un vacío donde tenía su
reloj.
¿Quién arrancó los jardines
de sus ojos,
las alcobas, las dulces
lámparas,
los niños dormidos, los
lechos tibios?
Hoy tienen la pústula
de un amanecer apretada
entre sus dedos.
¡Ay!, mis jugosas cunetas de
antes,
hierba mojada, musgo húmedo
y tierno.
Tumbas paralelas infinitas.
¡Qué lástima, Señor, que no
fuesen poetas!
Un poeta jamás asesina a
nadie.
Pero… yo recuerdo
el viejo reloj de mi padre.
Así eran sus pupilas
también,
gastadas, doradas y tiernas.
En mis fiebres de niño
mis sueños andaban por
aquella esfera:
diminutos jardines de
esmalte
por los que mis pies
temblorosos
corrían en sueños.
Allí está mi pulso pequeñito
y frecuente,
mi casa, mi alcoba, mi
lámpara,
las tardes infinitas,
lluviosas de mi pueblo.
Señor, Señor, y ellos no
eran poetas.
Luís Pimentel. Cunetas. Introdución e estudo: Claudio
Rodríguez Fer. Epílogo: Xurxo Martínez González. Alvarellos Editora, 2026.
Imagen: Castelao. Así aprenderán a non ter ideas, Serie Galicia mártir, 1937.