lunes, 17 de agosto de 2026

CUADRO DE ALCOBA


 

El cuadro de tu alcoba, Yakky, no tiene santo porque se ha gastado de tanto mirarlo…, porque el roce de tantos besos calientes prodigados por tus férvidos labios ha deslavado la imagen.

¡Qué bello y original es el cuadro vacío de tu alcoba!

Además goza de un privilegio singular: ¡tu fantasía y tus sueños le renuevan cada noche, cuando cansado de pisar girasoles y aventar tréboles te vas al lecho…!

Y te acuestas feliz, Yakky, porque la noche que cuenta historias a los oídos hechos ventana te toma de su mano.

Al alba, cuando la inspiración madrugadora refresca los matices de la vida, abandonas tu lecho, tu alcoba, no sin antes ver en tu cuadro, con fantasía matutina, la procesión de vestales vendimiadoras que, ornadas con pámpanos dulces y hollejos de garnacha, corretean por los arrastraderos indiferentes al paso del fermento ladino que, emparentado con la pelusilla de una cepa reumática, elaborará el primer caldo para brindar por la perpetuidad de las vides, de la elocuencia… de la vida…

Cuando naciste, Yakky, aquella tarde en que se perdió la reina que iba a cazar mirlos al puente verde “aventanado” con jambas bebedoras del añil del estero…, entonces, perro “amauta”, el cuadro de tu alcoba lo vio todo.

Él fue el testigo silente de lo jubiloso y de lo triste…

Él, profeta y visionario, vivió la intimidad de tu hogar.

El cuadro de tu alcoba, Yakky, casi, casi que es la mismísima madre que te parió.

¡Un momento, Yakky!

Tienes alcoba; y yo creía que dormías en una leñera.

 

 

Carjosán. Yo patullo con mi chusquel Yakky. Sin datos de lugar ni fecha de edición.

Imagen: Paulus Potter. Perro encadenado, 1653-54.

domingo, 16 de agosto de 2026

LA LLAMA DE LA MEMORIA


 

A Anastasio Antón Ruiz Chivinas

 

La bestia y sus huestes

asolaron la tierra

con un páramo inhóspito

de horror, infamia y silencio.

 

Cuatrocientos siete pétalos

de los más de dos mil del registro

yacen en la extensión de la fosa

donde un nudo atraviesa el barranco.

 

Llegaron la marca y el expolio,

la represión y el encierro,

la amnesia, que, por vía compelida,

acuñó que aquí nunca pasó nada.

 

Resistieron las mujeres de negro,

cuyo tesón se hizo arte,

para poner el cuerpo cada noviembre

y con ello ganar la eternidad.

 

Sus vestigios perviven

en las heridas que supuran

mientras brega la memoria

como una llama perpetua.

 

Ayer.

                    Hoy.

                                       Siempre.

 

 

Gonzalo Peña Ascacíbar. Raigambre. Ediciones del 4 de agosto, 2026,

Imagen: Mujeres de negro. La Barranca.

sábado, 15 de agosto de 2026

MAGISTERIO


 

Me anclo a la juventud

para frenar el valle

que me parte la mirada.

Armo los puentes

de quien me confía madera y gubia.

Cierro la maleta de los huracanes

para el día en que me abandonen

el presagio del saber.

Afianzo recuerdos

frente a la arena que vendrá,

carcajada tribal

para cuando el eco

no devuelva ni silencio.

Materia que enlaza días, años,

en una deuda que vela bajo la piel:

savia de regadío,

agua que me hace fuente hoy

… y tierra mañana.

 

 

Milagros López. Aula. Prólogo: Dionisia García. Tigres de Papel, 2023.

Imagen: Wolfgang Lettl. Die Allee von Borrington, 1985.

viernes, 14 de agosto de 2026

PARQUE PROVINCIANO


 

(Basado en el poema del mismo título de Rafael Azcona)

 

En el surtidor del kiosco

beben dos pájaros, gira una hoja,

brillan monedas de valor escaso

–quizá nadie confíe demasiado

en hacer realidad ningún deseo–.

 

Garabatos raspados en un banco,

penes, corazones, fechas difusas.

La carne, las promesas, los relojes,

memoria reducida a un par de muescas.

 

Las farolas alumbran a los perros.

Trotan por los senderos embarrados.

Libres de sus collares, ladran, mean,

se huelen el culo mientras los dueños

contemplan la pantalla de su móvil.

 

De una caseta de metal gastado

avanza un humo espeso, blanco y dulce

que perfuma de churros y de aceite

este rincón de un parque provinciano.

 

 

Sonia San Román. En Ay… ya sabes, los pueblos y sus gentes. Un homenaje a Rafael Azcona. VV. AA. Coordinación: Enrique Cabezón. Prólogo: Luis Alberto Cabezón. Ediciones del 4 de agosto, 2026.

Imagen: L.S. Lowry. People in a Park, 1971.

jueves, 13 de agosto de 2026

CALOR SECO LOCAL


 

Éramos los inadaptados, pura

furia, primitiva en su estupidez,

definida a la contra, siempre frente

a alguien o algo. Creíamos que el odio

era necesario. Era gasolina

para soportar una decepción

tras otra. Éramos siempre sospechosos,

nos miraban fatal –como se miran

los poetas entre ellos, ya te habrás

fijado, ¿verdad?– Con los años hemos

visto moverse y traicionarse a muchos,

también a nosotros mismos, sí, pero

hemos sentido escrúpulos; por qué

no los sienten otros, se han transformado

exactamente en eso que decían

combatir. Llegó el premio deseado,

despacho, firma, silla giratoria,

es vuestro el poder y su gozo acrítico.

¿Recordáis quiénes éramos? Heridos

animales, ternura de lo nuevo,

tosca belleza de quien ve su muerte

con ojos de recién nacido. Fuimos

la hez, la escoria. Hoy somos como masilla,

esa que sirve para emplastecer

las paredes, relleno para huecos,

que detecte el que ordena y manda, grumo

para corregir las imperfecciones,

para acabar cloqueando el discurso

plano y nivelado, tibio y sin mácula,

del verdugo que no íbamos a ser.

 

 

Enrique Cabezón. En Ay… ya sabes, los pueblos y sus gentes. Un homenaje a Rafael Azcona. VV. AA. Coordinación: Enrique Cabezón. Prólogo: Luis Alberto Cabezón. Ediciones del 4 de agosto, 2026.

Imagen: Alexander Zhernoklyuev. Retrato de Pável, s/d.