sábado, 31 de octubre de 2026

[En esta ciudad]


 

En esta ciudad

van las sombras solas,

¿a quién preguntar?

 

 

Julián Briñas. La poca vergüenza. Gentuza Ediciones, 2026.

Imagen: George Ault. New York, nº 2, 1921.

viernes, 30 de octubre de 2026

[Y ahora vamos al madero]


Y ahora vamos al madero

de porra, casco y neurona,

que por Dios, patria y corona

y el grande honor del dinero

se convirtió en verdadero

adalid de la bajeza:

a su madre con fiereza,

honra de la profesión,

en una manifestación

en dos le abrió la cabeza.

 

 

Abdías Gandul. Décimas pésimas. El Alipende, 2010.

Imagen: Javier de Villota

martes, 27 de octubre de 2026

MEMORIAL DE TLATELOLCO


 

La oscuridad engendra la violencia

y la violencia pide oscuridad

para cuajar en crimen.

 

Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche

para que nadie viera la mano que empuñaba

el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

 

Y a esa luz, breve y lívida, ¿quién? ¿Quién es el que mata?

¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?

¿Los que huyen sin zapatos?

¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?

¿Los que se pudren en el hospital?

¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

 

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.

 

La plaza amaneció barrida; los periódicos

dieron como noticia principal

el estado del tiempo.

Y en la televisión, en la radio, en el cine

no hubo ningún cambio de programa,

ningún anuncio intercalado ni un

minuto de silencio en el banquete.

(Pues prosiguió el banquete).

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres,

que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa:

a la Devoradora de Excrementos.

 

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

 

Ay, la violencia pide oscuridad

porque la oscuridad engendra el sueño

y podemos dormir soñando que soñamos.

 

Mas he aquí que toco una llaga: es mi memoria.

Duele, luego es verdad. Sangre con sangre

y si la llamo mía, traiciono a todos.

 

Recuerdo, recordamos.

 

Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca

sobre tantas conciencias mancilladas,

sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,

sobre el rostro amparado tras la máscara.

 

Recuerdo, recordemos

hasta que la justicia se siente entre nosotros.

 

 

Rosario Castellanos. En Mujer de buenas intenciones. Rosario Castellanos. Selección: Luna Miguel. Penguin Random House, 2025.

Imagen: Vehículos militares en la Plaza del Zócalo, Ciudad de México, 1968.

lunes, 26 de octubre de 2026

[Yo también estoy desapareciendo, Tadeo.]


 

Yo también estoy desapareciendo, Tadeo.

 

Y todos aquí, si tu cuerpo, si los cuerpos de los nuestros.

 

Todos aquí iremos desapareciendo si nadie nos busca, si nadie nos nombra.

 

Todos aquí iremos despareciendo si nos quedamos inermes sólo viéndonos entre nosotros, viendo cómo desaparecemos uno a uno.

 

 

Sara Uribe. Antígona González. Sur+ediciones, 2012.

Imagen: Pedro Meyer

domingo, 25 de octubre de 2026

[Como mis años se van, a buena cuenta, acabando]


 

Como mis años se van, a buena cuenta, acabando

y cada vez sé menos qué es lo que me ha pasado,

me quiero hablar a mí mismo, a ver si nos aclaramos

el uno, el otro o quien sea el que habla y al que le hablo.

Bien pueden salirme del pecho y aun asomarme a los labios

y hasta escurrir por la pluma o cantar por teclas a ratos

de máquina de escribir los dos o más o los tantos

que haya en mí, que ninguno tendrá, confío, el descaro

de pretender ser yo de verdad. ¿No estamos acaso

hartos de hablar uno y otro, y decirnos y preguntarnos

y maldecirnos a veces el uno al otro? Pues, vamos,

déjate hablar: pueblo somos y pueblo es nuestro dïálogo,

¿verdad? Ya sé que esta lengua en la que estamos hablando

es un idioma, una lengua entre lenguas, y por lo tanto

no es la lengua común; pero, dejándote, al paso,

hablar como sin saber, puede ser que demos con algo

no propio de nadie; adelante, y que no me importe ni rábano

saber por dónde empezar: cuando éramos un muchacho,

sí te creías que había que preparar con cuidado

el plan de la pieza o función, para luego desarrollarlo;

pero, ay, que tanto la vida nos ha batido y breado

que ya, si una vez, y entre público a más, a hablar nos echamos

sin casi saber qué a va a ser, resulta que, por milagro,

todo nos sale en un orden de sobra lúcido y claro,

que, puesto que yo no lo rijo y a mí me asombra, por tanto

debe de ser el orden que ello andaba buscando.

No es fácil dejarse hablar, y a fe que cuesta trabajo

no trabajar; pero eso es el arte, y tú sabes por bajo

que tú no eres tú: una máquina ciega está palpitando

en tus corazones o míos o los de Fulano o Zutano;

y, si al hacer lo que sea me empeño en ser yo el que lo hago,

no hago sino estorbar, ¡Quitad de ahí ya, poetastros,

igual que Dios creadores, igual de vanos y falsos.

 

 

Agustín García Calvo. Y más aún. Canciones y otros juegos. Lucina, 2008.

Imagen: Benjamin Haydon. Wordsworth on Helvellyn, 1842.