No rendirse funciona
así.
John Berger
Las palabras son más
pequeñas que lo que sucede afuera.
Hay palabras hormiga
palabras de arena
palabras
rotas.
Escombros muros trincheras
de palabras sin justicia.
Allá están la conmoción y
las balas.
Muy lejos quedó esa tierra
que llamaban patria.
Los amigos. Los asesinados.
Los queridos.
A qué lugar del mundo
iremos?
Cómo haremos para volver?
Unos chicos juegan a las
bolitas en la calle de piedra.
Nada recuerdan. Aunque de
noche en noche
gritan contra el miedo.
Un jardinero arrastra su
carretilla, sus macetas y sus plantas.
Recuerda su jardín, su
olivar, su tierra arrasada.
Un viejo dibuja una casa sin
ventanas y una niña en la puerta.
Recuerda aquella niña con su
carrito y su muñeca.
Otro corta una tabla y lo
veo rascarse la cabeza.
No quiere recordar que un
día le dijeron
andate / terrorista / sucio
/indeseable/extranjero /
Una mujer que parece anciana
y tal vez lo sea
barre despacito las hojas del otoño.
Recuerda a su hombre perdido
en la guerra.
Una muchacha de piel cetrina
me dice hej
en esta lengua que no es la
suya. Ni la mía.
No puedo imaginar qué
recuerda.
“No rendirse funciona así”.
Las palabras ajenas no
sirven para rezar.
No sirven para el lamento.
No sirven ni siquiera
para salvar los nombres.
Acaso sirven para conjurar
el miedo.
En esta mañana de bruma
cenicienta
instalada en la vereda
/en Uppsala/ lejos de esa
aldea
que siempre será la patria
una muchacha engarza lanas
de colores
teje y borda
como potencia de abrigo.
Y canta nanas
como en un santuario
para el niño que está por parir.
En este suelo
en esta nieve en este invierno.
En este otro amanecer.
“No rendirse funciona así”.
Silvia N. Barei. Nosotras (Poemas en diálogo). Alción
Editora, 2020.
Imagen: ACNUR/A.McConnell.
Familia siria refugiada en el sur del Líbano, 2014.