En la fuente de Iturrimurri,
venga los caños
todo el océano del tiempo
arrinconado.
Conrado Santamaría. Tanteos.
Imagen: Fuente de Iturrimurri
"Quien duerme, quien duerme, quien duerme, despierte." Lope de Vega
En la fuente de Iturrimurri,
venga los caños
todo el océano del tiempo
arrinconado.
Conrado Santamaría. Tanteos.
Imagen: Fuente de Iturrimurri
Tiene purrelo la furca
para encirrar al más troco
con un chuto de quiloco
y un falego de malpurca,
pero miemble si me aburca
en un pelorín puscante:
le retrabo el osinante
y le perco el orimuz
de un flijote hasta la fluz,
hasta la quiña condante.
Abdías Gandul. Últimas décimas pésimas. El Alipende, 2026.
Imagen: Artista desconocido. Explosión en el Palacio de Invierno, s. XIX.
Bombardearán tu casa
Reclutarán al último de tus hijos
Digo que existe la mortaja que ya te van cosiendo
(Se-
pultarán tu nombre).
So-
bre un palo azul,
un chasquido en paz de moscas.
Con señuelos y blasfemias van a entrar en tu cuarto.
Bombardearán tu casa:
Dejarás de sembrar.
Un hombre tiene siempre
la edad de su enemigo.
Enrique Falcón. Porción del enemigo. Calambur, 2013.
Imagen: Stringer/Anadolu. Gaza, 2025.
Hay veces que me canso de ser hombre…
y me cuestiono si podemos seguir llamándonos humanos.
Mientras escribo, otra bomba cae sobre la cabeza de un niño en Gaza y un
silencio atronador cae sobre el verso.
Mientras escribo, un poema muere bajo las ruinas en Gaza.
Mientras lees, otra niña muere de hambre en Gaza.
Mientras escribo, la humanidad se cansa de ser humana
los tanques y las bombas arrasan Gaza
y el silencio recorre el mundo acallando las conciencias
ocultando los gritos de dolor
hoy es Gaza
¿mañana?
mañana los muertos se levantarán y poblarán nuestros sueños
al amanecer nos preguntaremos
¿somos nosotros,
los que guardamos silencio
los genocidas?
mañana nos levantaremos diciendo
hay días en que me avergüenza ser hombre
hay días en que hay que gritar el dolor ajeno
Gustavo Gac-Artigas. En Poetry Planetariat. Kathmandu / Medellín. Vol. 11. Worl Poetry Movement. Febrero, 2026.
Imagen: Omar Al-Qattaa. Palestinos regresan a Jabalia destruida por el ejército israelí, 2025.
Casi siempre empieza Polanco: Mirá, soñé que estaba en una plaza y que encontraba un corazón en el suelo. Lo levanté y latía, era un corazón humano y latía, entonces lo llevé a una fuente, lo lavé lo mejor que pude porque estaba lleno de hojas y de polvo, y fui a entregarlo a la comisaría de la rue de l’Abbaye. Es absolutamente falso, dice Marrast. Lo lavaste pero después lo envolviste irrespetuosamente en un diario viejo y te lo echaste al bolsillo del saco. Cómo se lo va a echar al bolsillo del saco si estaba en mangas de camisa, dice Juan. Yo estaba en mangas de camisa, dice Juan. Yo estaba correctamente vestido, dice Polanco, y el corazón lo llevé a la comisaría y me dieron un recibo, eso fue lo más extraordinario del sueño. No lo llevaste, dice Tell, te vimos cuando entrabas en tu casa y escondías el corazón en un placard, ese que tiene un candado de oro. Vos imaginate a Polanco con un candado de oro, se ríe groseramente Calac. Yo el corazón lo porté a la comi, dice Polanco. Bueno, consiente Nicole, a lo mejor ése era el segundo, porque todos sabemos que encontraste por lo menos dos. Bisbis bisbis, dice Feuille Morte. Ahora que lo pienso, dice Polanco, encontré cerca de veinte. Dios de Israel, me había olvidado de la segunda parte del sueño. Los encontraste en la Place Maubert debajo de una montaña de basura, dice mi paredro, te vi desde el café Les Matelots. Y todos latían, dice Polanco entusiasmado. Encontré veinte corazones, veintiuno con el que ya había llevado a la policía, y todos estaban latiendo como locos. No lo llevaste a la policía, dice Tell, yo te vi cuando lo escondías en el placard. En todo caso latía, concede mi paredro. Puede ser, dice Tell, el latido me tiene por completo sin cuidado. No hay como las mujeres, dice Marrast, que un corazón esté latiendo o no lo único que ven es un candado de oro. No te pongas misógino, dice mi paredro. Toda la ciudad estaba cubierta de corazones, dice Polanco, me acuerdo muy bien, era rarísimo. Y pensar que al principio solamente me acordaba de un corazón. Por algo se empieza, dice Juan. Y todos latían, dice Polanco. De qué les podía servir, dice Tell.
Julio Cortázar. 62/modelo para armar. Bruguera, 1982.
Imagen: Tilly Kettle. Doctor Daniel Lysons, DCL, MD (1727–1800), 1759.