Yo el Supremo Dictador de la Repubca.
Ordeno qe al acaecer mi muerte mi cadáver sea decapitado; la cabeza puesta en una pica por tres días en la Plaza de la República donde se convocará al pueblo al son de las campanas echadas a vuelo.
Todos mis servidores civiles y militares sufrirán pena de horca. Sus cadáveres serán enterrados en potreros de extramuros sin cruz ni marca qe memore sus nombres.
Al término del dicho plazo, mando qe mis restos sean quemados y las cenizas arrojadas al río…
Augusto Roa Bastos. Yo el Supremo. Edición de Milagros Ezquerro. Cátedra, 1987.
Imagen: Rufino Tamayo. Figura en negro, s/d.



