De las bibliotecas salen
los asesinos.
Bertolt Brecht
La geometría de la justicia
pide sangre
y siempre se le ha dado.
¡Qué buenos tiempos
aquellos!
¿Os acordáis, amigos y
enemigos?
Soy partidario de eso.
Quizá porque envejezco lo
soy.
Quiero decir que no vacilo
en soltar la cuchilla
sobre ciertos cuellos
y aplaudo que rueden
cabezas.
Antes fueron las coronadas
(reyes, zares, caciques,
dictadores árabes,
etcétera),
me seguís, ¿no?
Ahora que sean las
democráticas
de presidentes, primeros
ministros,
ministros y/o dictadores del
pueblo,
todos aupados por las urnas
después de prometer
el paraíso que jamás,
con la bragueta henchida
y la idea vertebral.
Me seguís, claro que me
seguís.
Da igual el modo de
ejecución,
basta con que sea lacónico,
sucinto, breve, eficaz,
sanguinario (o no tanto,
no hay que hacer de todo un
espectáculo),
y, sobre todo, que sea
práctico,
hogareño, estimulante,
un bonito magnicidio
doméstico,
de esos magnicidios que
salen por la tele
y en los que un héroe (o
heroína)
extermina al mandatario
(presidentes democráticos,
dictadores democráticos,
etcétera) de su propio país.
Un héroe (o heroína) local,
decidido, brioso,
impertérrito,
con puntería y melancólica
veleidad,
un buen ciudadano, en fin,
ya sabéis a lo que me
refiero.
¿Habrá algún voluntario?
Adolfo García Ortega. kapital. ya lo dijo casimiro parker,
2020.
Imagen: Mohammed Sami. The Execution Room. 2022.