domingo, 25 de octubre de 2026

[Como mis años se van, a buena cuenta, acabando]


 

Como mis años se van, a buena cuenta, acabando

y cada vez sé menos qué es lo que me ha pasado,

me quiero hablar a mí mismo, a ver si nos aclaramos

el uno, el otro o quien sea el que habla y al que le hablo.

Bien pueden salirme del pecho y aun asomarme a los labios

y hasta escurrir por la pluma o cantar por teclas a ratos

de máquina de escribir los dos o más o los tantos

que haya en mí, que ninguno tendrá, confío, el descaro

de pretender ser yo de verdad. ¿No estamos acaso

hartos de hablar uno y otro, y decirnos y preguntarnos

y maldecirnos a veces el uno al otro? Pues, vamos,

déjate hablar: pueblo somos y pueblo es nuestro dïálogo,

¿verdad? Ya sé que esta lengua en la que estamos hablando

es un idioma, una lengua entre lenguas, y por lo tanto

no es la lengua común; pero, dejándote, al paso,

hablar como sin saber, puede ser que demos con algo

no propio de nadie; adelante, y que no me importe ni rábano

saber por dónde empezar: cuando éramos un muchacho,

sí te creías que había que preparar con cuidado

el plan de la pieza o función, para luego desarrollarlo;

pero, ay, que tanto la vida nos ha batido y breado

que ya, si una vez, y entre público a más, a hablar nos echamos

sin casi saber qué a va a ser, resulta que, por milagro,

todo nos sale en un orden de sobra lúcido y claro,

que, puesto que yo no lo rijo y a mí me asombra, por tanto

debe de ser el orden que ello andaba buscando.

No es fácil dejarse hablar, y a fe que cuesta trabajo

no trabajar; pero eso es el arte, y tú sabes por bajo

que tú no eres tú: una máquina ciega está palpitando

en tus corazones o míos o los de Fulano o Zutano;

y, si al hacer lo que sea me empeño en ser yo el que lo hago,

no hago sino estorbar, ¡Quitad de ahí ya, poetastros,

igual que Dios creadores, igual de vanos y falsos.

 

 

Agustín García Calvo. Y más aún. Canciones y otros juegos. Lucina, 2008.

Imagen: Benjamin Haydon. Wordsworth on Helvellyn, 1842.

viernes, 23 de octubre de 2026

[Lo siento, hermana.]



Lo siento, hermana.

Siempre quise escribir panfletos,

pero me salía solo

literatura.




Conrado Santamaría Bastida. Lo que nos toca. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Dino Valls

jueves, 22 de octubre de 2026

No me resigno


 

Puse pies en la esperanza 

sabiendo que existen cardos, 

tropiezos y levantadas,

que en los mejores jardines 

renacen las hierbas malas. 

 

Sabemos que las utopías 

se alejan al caminar, 

e iluminan los caminos al que busca

un mundo nuevo,

pasan del yo al nosotros, 

a un mundo cooperativo. 

 

Pero se va la esperanza 

y vienen los nubarrones

sin asidero al que asirse 

que me libre del barranco.

Todo se me vuelve turbio,

todo lo cubren los grises,

a todo lo ganan los miedos. 

 

Camino, voy despistado, 

sin buscar ningún destino, 

ni una palmada en el hombro, 

ni la voz de algún amigo. 

Todo se convierte en fin,

se perdieron los principios.

 

Sigo y sigo caminando

perdido en mi soledad

con la niebla que me envuelve.

Se bifurcan los senderos 

en este mar de oquedades,

con dudas por donde andar.

 

Los truenos mueven los montes, 

las nubes vierten sus aguas,

estos elementos juntos 

producen desconfianzas.

 

Entre todos en unión 

han despertado mi ausencia,

me duele el pecho, las sienes, 

y encuentro mi desnudez. 

Aparecen mis ayeres, 

mis compromisos pendientes 

añorando un porvenir, 

un mundo de dignidad. 

 

Cojo el hatillo de antaño 

para gritar a los vientos.

Hay que vencer a la bestia.

No vale resignación. 

No, no me resigno.

 

 

Rufino Hernández. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Helios Gómez. Horrores de la guerra. Evacuación, 1937.

miércoles, 21 de octubre de 2026

REBELIÓN Y MANSEDUMBRE


 

Viví en mis noches oscuras

las tristezas más hurañas

sentí bullir mis entrañas

crucé las cuestas más duras

tras las fantásticas auroras

de las turbas gemidoras

cargué las burlas impías

como un rebelde Mesías

de las gentes redentoras.

 

Pero aunque me dejen solo

y en el olvido de un muerto

y el corazón frío y yerto

como una noche en el Polo

he de mostrar que enarbolo

mi blasón hecho jirones

porque siento en los raigones

de mis carnes de insurgente

rugir mi raza sufriente

por sus Reivindicaciones.

 

Si el castillo de protervo

que hacia el cielo se proyecta

tiembla bajo la piqueta

vibrante del nuevo verbo

si alza el milenario siervo

su triste faz macilenta

la caravana irredenta

frente a frente del verdugo

hará pedazos el yugo

a golpes de la herramienta.

 

Mientras haya delatores

a sueldo del prepotente

y el gesto de un insurgente

tenga sus perseguidores

mientras compren los señores

la voluntad con un pan

y el sumiso y el rufián

denuncie al hombre insurrecto

cargaremos el abyecto

destino de Juan Valjean.

 

Tú, manso y cansino buey

que odias mi rebeldía

no quisiera verte un día

en las garras de la ley

y has de saber que es la grey

frente al despotismo huraño

la escala, el viejo peldaño

donde se afirma el mandón

y el rebelde es convicción

que se aparta del rebaño.

 

Cavilación libertaria

son las leyes naturales

no imponerse a sus iguales

por mejor indumentaria

donde hay un amo y un paria

un esclavo y un señor

donde hay hambre y hay dolor

ser manso es ser un logrero

y el que es rebelde sincero

no quiere ser un traidor.

 

Yo aprecio al hombre sincero

de corazón infinito

que no forma bajo el grito

del mandón ni del caudillo

la política es el brillo

que recubre la indecencia

pues la libertad en esencia

la lleva en sí el hombre culto

igual que un tesoro oculto

palpitando en su Conciencia.

 

Mi canto no es un zarpazo

pues mi santa rebeldía

surge a plena luz del día

desde el alba hasta el ocaso

ha sucedido amigazo

que usted desechó la luz

del que no dobló el testuz

encarándose al verdugo

y por librarlo del yugo

carga el peso de una cruz.

 

 

Carlos Molina. Cantándole al Pueblo. Cantos libertarios. Segunda parte: Poemas rurales. Prólogo: Emilio Frugoni. Editorial Cisplatina, 1956.

Imagen: Kuzmá Petrov-Vodkin. Фантазия, 1925.