domingo, 7 de junio de 2026

[Las cloacas del Estado]


 

Las cloacas del Estado

siempre han sido necesarias,

se lamentan y no piensan

que el Estado es la cloaca.

 

 

Julián Briñas. La poca vergüenza. Gentuza Ediciones, 2026.

Imagen: Dags Vidulejs. Deep State MPs without Masks, s/d.

viernes, 5 de junio de 2026

Dulzura


 

para Eladio y José Manuel,

maestros albañiles

 

No hay dulzura en el capitalismo,

no anuncian la dulzura un ejército de corbatas,

una fila de apartamentos en primera línea de playa,

un pueblo asustado, una caja registradora,

un ombligo obnubilado por el espejismo de sí mismo.

 

No hay dulzura en la producción sin límites,

en el consumo sin límites,

en la bulímica indigestión de la abundancia sin límites.

 

No hay dulzura en la línea de control del aeropuerto,

en el chaleco antipersonas de la policía,

en los escaparates de humo de la calle Serrano,

en los altos despachos de la mediocridad caníbal.

 

Todo en el capitalismo trabaja contra la dulzura.

 

Escribo para que no nos hagan pasar lo amargo por dulzura,

escribo para que la dulzura no desaparezca

como desaparece todo lo que no genera beneficios.

 

Sin dulzura, ¿cómo hará el albañil una buena casa?

 

Escribir sobre la dulzura huele a despropósito

cuando tendría que escribir sobre las catástrofes,

 

pero qué le voy a hacer

 

escribo porque reivindico la dulzura

desde un bajo interior entresuelo sin luz

y un bozal de premio,

por no querer tocarle las palmas

 

al capitalismo.

 

Escribo para que lo amargo no se confunda con la dulzura.

 

 

Antonio Orihuela. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Mariana Yampolsky. Caricia, 1989.

martes, 2 de junio de 2026

Barrio de refugiados


 

No rendirse funciona así.

John Berger

 

Las palabras son más pequeñas que lo que sucede afuera.

Hay palabras hormiga

                              palabras de arena

                                                           palabras rotas.

Escombros muros trincheras de palabras sin justicia.

 

Allá están la conmoción y las balas.

Muy lejos quedó esa tierra

                              que llamaban patria.

Los amigos. Los asesinados. Los queridos.

A qué lugar del mundo

                              iremos?

Cómo haremos para volver?

 

Unos chicos juegan a las bolitas en la calle de piedra.

Nada recuerdan. Aunque de noche en noche

                              gritan contra el miedo.

 

Un jardinero arrastra su carretilla, sus macetas y sus plantas.

Recuerda su jardín, su olivar, su tierra arrasada.

Un viejo dibuja una casa sin ventanas y una niña en la puerta.

Recuerda aquella niña con su carrito y su muñeca.

 

Otro corta una tabla y lo veo rascarse la cabeza.

No quiere recordar que un día le dijeron

andate / terrorista / sucio /indeseable/extranjero /

 

Una mujer que parece anciana y tal vez lo sea

                              barre despacito las hojas del otoño.

Recuerda a su hombre perdido en la guerra.

 

Una muchacha de piel cetrina

                              me dice hej

en esta lengua que no es la suya. Ni la mía.

No puedo imaginar qué recuerda.

 

                              “No rendirse funciona así”.

 

Las palabras ajenas no sirven para rezar.

No sirven para el lamento.

No sirven ni siquiera

                              para salvar los nombres.

Acaso sirven para conjurar el miedo.

 

En esta mañana de bruma cenicienta

                              instalada en la vereda

/en Uppsala/ lejos de esa aldea

                    que siempre será la patria

una muchacha engarza lanas de colores

                    teje y borda

como potencia de abrigo.

Y canta nanas

          como en un santuario

                              para el niño que está por parir.

                              En este suelo

                              en esta nieve en este invierno.

                                       En este otro amanecer.

 

                                       “No rendirse funciona así”.

 

 

Silvia N. Barei. Nosotras (Poemas en diálogo). Alción Editora, 2020.

Imagen: ACNUR/A.McConnell. Familia siria refugiada en el sur del Líbano, 2014.

lunes, 1 de junio de 2026

ASALVAJADAS


 

«Se volvió a gusano mariposa

cansada de volar y no poder.

A arrastrarse al fondo de las cosas

a ver si dentro puede comprender.»

Extremoduro

 

Mientras la maleza

siga plagando

inexplorados caminos,

una frondosa indolencia

cegará nuestra mirada.

 

Nos saldrán ortigas por la boca

con las mismas excusas de siempre.

Se tapizarán de musgo

las incoherencias visibles

pese al camuflaje.

 

Y ni así cambiaremos.

El confort del privilegio

consigue que se pudran

las lianas por desuso,

y fortalece el sistema.

 

Sólo nos quejamos.

 

De todas es sabido,

que en la jungla

el crujir de una rama

puede costarte la vida.

 

Pero a vista de pájaro,

no podremos ocultar,

que la selva nos asedió

porque las salvajes

fuimos nosotras.

 

 

Miriam Selfa Carranza. Primum non nocere. Una crítica lírica a la psicología hegemónica. Fundación María Fulmen, 2023.

Imagen: Sebastião Salgado