Por donde entra en el pecho una bala
también puede
enraizar un almendro.
En la tierra que encubre la ignominia,
bajo su obcecación estéril,
reivindica inexorable cada flor
el ejemplo de lucha
en equipo del planeta.
Dicen que a Agustín Martínez Royo,
alcalde de Alcanadre,
le arrancaron los genitales,
que lo torturaron y pegaron con su propio brazo partido
antes de fusilarlo y enterrarlo
el 14 de agosto de 1936.
Para exhumar las respuestas
que pisan los “vencedores”
no bastan pico y pala.
Agustín yacía aparte,
no estaba junto a los otros 28 asesinados.
De entre los vivos, cuarenta y tres años después,
alguien recordó que Agustín
siempre llevaba
almendrucos en los bolsillos.
Contra el alzheimer totalitario,
con los nutrientes de la derrota y de Agustín,
se hizo justicia un almendro.
La memoria ya tiene en dónde
poner sus flores.
Ritxi Poo. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.
Imagen: Pierre Bonnard. El almendro en flor, 1947.


