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miércoles, 30 de julio de 2025

LOS MURCIÉLAGOS


 

Los murciélagos se esconden entre las cornisas

de la aduana. Pero ¿dónde se esconden los hombres,

que viven su vida entera en la oscuridad,

golpeándose contra las paredes blancas del amor?

 

La casa de nuestro padre estaba llena de murciélagos

colgados, como lámparas, de los viejos travesaños

que sostenían el tejado amenazado por las lluvias.

«Estos hijos nos chupan la sangre», suspiraba mi padre.

 

¿Qué hombre arrojará la primera piedra a ese mamífero

que, como él, se nutre de la sangre de otros animales

(¡hermano!) y, comunitario, exige

el sudor de su semejante incluso en la oscuridad?

 

En el halo de un seno joven como la noche

se esconde el hombre; en la guata de su almohada, en la luz del faro

el hombre guarda las monedas doradas de su amor.

Pero el murciélago, que duerme como un péndulo, solo guarda el día ofendido.

 

Al morir, nuestro padre nos dejó (a mí y a mis ocho hermanos)

su casa donde la noche llovía a través de las tejas rotas.

Pagamos la hipoteca y conservamos los murciélagos.

Y entre nuestras paredes revolotean, ciegos como nosotros.

 

 

OS MORCEGOS

 

Os morcegos se escondem entre as cornijas

da alfândega. Mas onde se escondem os homens,

que contudo voam a vida inteira no escuro,

chocando-se contra as paredes brancas do amor?

 

A casa de nosso pai era cheia de morcegos

pendentes, como luminárias, dos velhos caibros

que sustentavam o telhado ameaçado pelas chuvas.

“Estes filhos chupam o nosso sangue”, suspirava meu pai.

 

Que homem jogará a primeira pedra nesse mamífero

que, como ele, se nutre do sangue dos outros bichos

(meu irmão! meu irmão!) e, comunitário, exige

o suor do semelhante mesmo na escuridão?

 

No halo de um seio jovem como a noite

esconde-se o homem; na paina de seu travesseiro, na luz do farol

o homem guarda as moedas douradas de seu amor.

Mas o morcego, dormindo como um pêndulo, só guarda o dia ofendido.

 

Ao morrer, nosso pai nos deixou (a mim e a meus oito irmãos)

a sua casa onde à noite chovia pelas telhas quebradas.

Levantamos a hipoteca e conservamos os morcegos.

E entre as nossas paredes eles se debatem: cegos como nós.

 

 

Lêdo Ivo. Finisterre, 1972. En Los andamios del mundo. Antología poética. Selección y traducción: Martín López-Vega. Prólogo: Juan Manuel Bonet. Visor, 2025.

Imagen: Goya. Modo de volar, de la serie Disparates (estampas y dibujos, ca.1815-1824).

sábado, 5 de julio de 2025

EL BANQUERO


 

Piensa el banquero

en la catedral

cuando entrega su óbolo

dominical:

«Quien da a Dios

presta a los pobres».

 

 

O BANQUEIRO

 

Pensa o banqueiro

na catedral

ao dar seu óbolo

dominical:

«Quem dá a Deus

empresta aos pobres».

 

 

Lêdo Ivo. O soldado raso / El soldado raso, 1980. En Los andamios del mundo. Antología poética. Selección y traducción: Martín López-Vega. Prólogo: Juan Manuel Bonet. Visor, 2025.

Imagen: Josep Benlliure Gil. Missa a l'ermita, s/d.

martes, 24 de junio de 2025

LA FIAMBRERA


 

En su fiambrera

no lleva el obrero

ninguna metafísica.

Lleva pescado frito,

arroz y alubias.

Dentro de ella todo

tiene su lugar.

Todo está limitado

y nada es infinito.

La taza de agua

tiene el espacio justo

para su sed.

Y la fiambrera es igual

que la boca de su estómago,

hecha a medida

de su hambre.

Y cuando termina

el almuerzo

aún rescata

cada miga,

ese serrín

del pan que sudó

durante su jornada.

Todo cuanto gana

el obrero lo dedica

como un capital

a su fiambrera.

Y lo que no gana

por más que trabaje

es otro capital

que también invierte:

palabra que dice

en su sindicato,

frase que escribe

en el muro de la fábrica,

visión del futuro

que nace en sus ojos

que solo el humo

llena de lágrimas.

En su fiambrera

no lleva el obrero

el caviar de

ninguna metafísica.

Y siendo él el más

exacto de los hombres,

todo en él es físico

y material,

tiene su nombre y su forma,

su peso y su volumen,

se puede aprehender.

Su amor tiene falda,

vello y mucosas

y, fecundo, engendra

nuevos obreros.

Las cosas se miden

conforme a su tamaño:

sueño, mesa, poste.

En el tren o el tranvía

ningún obrero

puede estirarse

sin esfuerzo.

Es como en el mundo:

tiene que empujar.

Recipiente lleno

de materia justa,

su vida es exacta

como una fiambrera.

En ella cabe solo

su vida entera.

Y no cabe la muerte

que, no siendo manual,

no siendo una pieza

a recauchutar,

no existe.

(Artículo infinito,

sin hierro ni acero,

cualquiera la envuelve

sin usar cordel

ni papel sellado).

Fabril e inmanente

el obrero vive

de lo que sabe y hace

y, estando vivo,

respira lo que ve.

El tiempo que lo ensucia

con grasa y hollín

es el mismo que lo lava,

tiempo hecho de agua

abierta en la tarde

y no de reloj.

Y también la fiambrera

se lava.

Y cuando él la lleva

de vuelta a casa,

ella, metal, huele

menos a comida

que a obrero.

 

 

A MARMITA

 

Em sua marmita

não leva o operário

qualquer metafísica.

Leva peixe frito,

arroz e feijão.

Dentro dela tudo

tem lugar marcado.

Tudo é limitado

e nada é infinito.

A caneca d'água

tem espaço apenas

para a sua sede.

E a marmita é igual

à boca do estômago,

feita sob medida

para a sua fome.

E quando termina

sua refeição,

ele ainda cata

todas as migalhas,

todo esse farelo

de um pão que suasse

durante o trabalho.

Tudo quanto ganha

o operário aplica

como um capital

em sua marmita.

E o que ele não ganha

embora trabalhe

é outro capital

que também investe:

palavra que diz

em seu sindicato,

frase que se escreve

no muro da fábrica,

visão do futuro

que nasce em seus olhos

que só com fumaça

se enchem de lágrimas.

Em sua marmita

não leva o operário

o caviar de

qualquer metafísica.

E sendo ele o mais

exato dos homens

tudo nele é físico

e material,

tem seu nome e forma,

seu peso e volume,

pode-se pegar.

Seu amor tem saia,

pêlos e mucosas

e, fecundo, faz

novos operários.

As coisas se medem

pelo seu tamanho:

sono, mesa, trave.

No trem ou no bonde

nenhum operário

pode se espalhar

sem fazer esforço.

É como no mundo:

— tem que empurrar.

Vasilhame cheio

de matéria justa,

sua vida é exata

como uma marmita.

Nela cabe apenas

toda a sua vida.

E não cabe a morte

que esta não existe,

não sendo manual,

não sendo uma peça

de recauchutar.

(Artigo infinito,

sem ferro e sem aço,

qualquer um a embrulha

sem usar barbante

ou papel almaço.)

Fabril e imanente

o operário vive

do que sabe e faz

e, sendo vivente,

respira o que vê,

O tempo que o suja

de óleo e fuligem

é o mesmo que o lava,

tempo feito de água

aberta na tarde

e não de relógio.

E a própria marmita

também é lavada.

E quando ele a leva

de volta pra casa

ela, metal, cheira

menos a comida

do que a operário.

 

 

Lêdo Ivo. Estaçâo central / Estación central, 1964. En Los andamios del mundo. Antología poética. Selección y traducción: Martín López-Vega. Prólogo: Juan Manuel Bonet. Visor, 2025.

Imagen: Román Ríos. Huelga del metal en Cádiz, 2025.