El agave destila sus pulmones en chorros de vidrio enardecidos
La garrapata chupa chupa chupa
camina lenta lenta lenta como el descubrimiento de los cadáveres que la guerra aún nos adeuda
Un ejemplar de la biblia de 1763 tarda 666 días en podrirse al sur del país
¿Puede tener sur un país que se quedó dormido en su miseria?
Una caña de azúcar cruje su canción melancólica mientras dientes metálicos la conducen al silencio
El escorpión no tiene rostro
sólo muere
Empinarse tratando de abrazar al sol es la perdición de los eucaliptos
El corazón
que amó la sencillez de tu sonrisa
se pudre bajo tierra
La pierna de tu padre
el tímpano de tu compañero de lucha
el clítoris de tu amante taciturna
promueven la eternidad filtrándose en la nervadura serena del subsuelo
Son carne espolvoreada en el magma
Rumores en descomposición eterna
que dejaron constancia de su victoria sobre la muerte
en el temblor de un poema
la suave tesitura de una estela
el imperio indestructible de un abrazo
Otoniel Guevara. Los oficios del viento. El Errante Editor, 2017.
Imagen: Juan Rulfo
