lunes, 28 de febrero de 2022

EL GRAN TEATRO DEL MUNDO


 

1976 deja todas las noches su cargamento de muertos en Beirut, Belfast, Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Sudáfrica… Bajo el terremoto se abre la tierra y se desploman ciudades, los volcanes arrojan inmensos ríos de piedra al rojo vivo, el mar borra las poblaciones de la orilla. Crece el desierto, aumenta el hambre, la violencia se adueña de los agonizantes centros urbanos. Seguimos viviendo el tiempo de los asesinos.

Dicen quienes observan todo como si estuvieran a salvo: «No se preocupen, no sean apocalípticos. Se trata nada más de los temores del milenio. Sólo faltan veinticinco años para el 2000. Todo se habrá compuesto cuando llegue. Vendrán tiempos mejores. No hay problema.»

Que los muertos entierren a sus muertos en grandes fosas comunes. Quién entre los vivos se cubrirá de cenizas por las víctimas del crimen cotidiano, o no podrá vivir en paz mientras exista un ser al que torturan. Somos legión y somos prescindibles, desechables, inmemorables. Nos hemos vuelto comparsas de un melodrama en que, bajo el nombre de noticias, el mundo se ofrece como espectáculo a sí mismo. Hasta ahora nadie nos ha llamado a escena: somos espectadores y sobrevivientes. Pero ¿por cuánto tiempo?

 

 

José Emilio Pacheco. Desde entonces, 1975-1978. En Islas a la deriva. Poesía III (1973-1978). Visor, 2011.

Imagen: Cayetano Ferrández. "el nuevo orden" serie el hombre gris, 2016.

domingo, 27 de febrero de 2022

La bomba


 

La culpa es del aire.

Del aire y de Newton o de Arquímedes.

Y en última instancia, de las implacables leyes de la física.

La culpa es del tiempo,

de los relojes suizos,

de la casualidad y de los retrasos,

de la bocina que no suena cuando debe,

de la triste fragilidad de los edificios,

de la dureza del acero

y del inmenso poder calorífico del fuego.

La culpa es del aire,

de la herida,

de la sangre

y de las circunstancias,

de las misiones de paz, que no son lo que son

ni actúan como dicen.

La culpa es, sin duda, de los chinos que inventaron la pólvora

y, también, de esos niños traviesos

que jugaban en la calle.

 

 

Mariano Calvo Haya. En Poesía (contra) corriente. La Vorágine, 2017.

Imagen: Stanley Kubrick. Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb, 1964.

sábado, 26 de febrero de 2022

VISA


 

No todos fuimos El gran Gatsby

cuando el norte comenzó a llamarnos.

 

Asistimos a los Juegos Olímpicos del 96

y desertamos la competencia

para administrar un carrito de hot dogs.

 

Abordamos un bus

dejando atrás a nuestros hijos

para cuidar

un french poodle en Manhattan.

 

Quisimos ser estrellas de cine

y hoy actuamos de pancartas

para que la gente lea en nuestro cuerpo

la promoción del día.

 

En nuestros países fuimos ingenieros.

Aquí somos mecánicos

almorzando a las cinco de la tarde

con las manos sucias de aceite y mostaza.

 

Pensamos que habían acabado las guerras

y ahora huimos por el impuesto

que nos cobra la delincuencia.

 

Nos enamoramos de nuestro proxeneta

aunque seamos infieles con el crack.

 

Cruzamos, embarazadas, la frontera

para parir un gringo.

 

No todos fuimos El gran Gatsby

cuando el norte comenzó a llamarnos.

 

 

Dennis Ávila. Ropa americana. Amargord, 2017.

Imagen: Baz Luhrmann. El gran Gatsby, 2013.

viernes, 25 de febrero de 2022

[Pasa una nube con forma de helicóptero.]


A Joan Brossa


Pasa una nube con forma de helicóptero.

Suena un pájaro como si fuera una sirena.

No hay un alma en las calles.

Si hubiera habido alguien, habría

corrido a refugiarse.

No sé dónde.

El partido está siendo un auténtico paseo.




Conrado Santamaría. Totalitaria. Ediciones del 4 de agosto, 2021.

Imagen: Saul Landell

jueves, 24 de febrero de 2022

[La guerra a cañonazos culmina,]


 

La guerra a cañonazos culmina, pero también enmascara, esa otra guerra civil más cruenta y destructiva que dirigida por fantasmagóricos “generales” asola cotidianamente el mundo.

 

Juan Carlos Lazaga. Ver es haber visto.

Imagen: Jonas Bendiksen