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lunes, 6 de septiembre de 2021

MI ÚLTIMO RECITAL FLAMENCO


 

Hacía dos años que vivía en Sevilla. Después de mi paso por la Fundación Cristina Heeren, era mi segunda etapa en la ciudad hispalense. A lo largo de esos meses empecé a trabajar más decididamente en el mundo de los tablaos, como simple y necesario sustento económico. Un pequeño anuncio al finalizar el telediario de TVE me presentó la obra de Francis Bacon. Bastó un minuto para que me reconociera en aquella boca abierta de un babuino del pintor irlandés. La reja de fondo y la desolación de su grito trastocaron años de estudio y de anhelos. Con la producción del colectivo artístico Bulos y Tanguerías, compuesto por Raúl Cantizano y Santi Barber, presenté la propuesta artística Vaconbacon, cantar las fuerzas en L´Escorxador el 10 de junio de 2011, según me cuenta el buscador de Google. (Fue un día antes de que el PP empezara a gobernar por primera vez en Elche, factor que me llevaría a estar cinco años sin cantar en la ciudad ilicitana. Mi ciudad.) La audiencia esperaba algún tipo de recital flamenco, y así me lo reconocieron al finalizar la performance. Entre los aplausos del público, unas ochenta personas, escuché algún grito que decía: «¡Valiente!». ¿Valiente? ¡Si yo me había presentado allí por una necesidad espiritual! Gritar, magullarme, llorar, deformarme, desnudarme en público, follarme a una silla… No había opción, no había plan B. Era eso o volver a caer en el hundimiento existencial. Ahí experimenté que la necesidad no entiende de provocación. Ya nos lo enseñaron los surrealistas, aunque en aquella época no tuviera noticia de ellos. Todo por pura necesidad, como falta de algo, pero también como motivo irresistible de alguna acción. Ese iba a ser mi último recital como cantaor de flamenco, ya que a pesar de lo experimental de la propuesta aún residía en nosotros el interés por intentar resignificar el rito del cante. Entre el público, pude vislumbrar a mis padres de pie, aplaudiendo efusivamente.

 

Niño de Elche. In memoriam. Posesiones de un exflamenco. Hurtado & Ortega, 2021.

Imagen: Vaconbacon, cantar las fuerzas

domingo, 5 de noviembre de 2017

MANTAS GRISES



Las ventanas del piso eran tapiadas con mantas grises.

            Nos comunicábamos mediante gestos y susurros en horas de jubiloso sol.

            Puertas cerradas y timbre desconectado.

            El recuerdo del olor de la manta gris colgada en la ventana de la habitación de mi padre. Su tacto igual de áspero que el vivir diario ante el toque de queda impuesto por el horario de la fábrica.

            El olor a fábrica que desprendía la ropa de mi padre se entrecruzaba con el de la comida que cocinaba mi madre con destino a la fiambrera.

            Televisión a bajo volumen al igual que las reivindicaciones de la clase trabajadora.

            Soy hijo del susurro, hijo del silencio forzado por el respeto al sudor de mi padre, hijo del gesto como mecanismo de comunicación.

            Cada dos semanas se daba cita en nuestra casa un teatrillo dirigido por el capitalismo.

            Para mí el dolor de la explotación es el gris, su tacto es áspero y su olor a fábrica.




Niño de Elche. No comparto los postres. Bandaaparte, 2016.

Imagen: Paula Rego. El hada madrina susurra a Pinocho, 1996.

martes, 17 de noviembre de 2015

sábado, 19 de octubre de 2013

La bolsa de Nueva York. El Niño de Elche


La canción “La bolsa de Nueva York”, que interpreta El Niño de Elche, está hecha sobre el poema “Mercados” del poeta Bernardo Santos.