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sábado, 25 de enero de 2025

[–Tú eres revolucionario, ¿verdad?]


 

    –Tú eres revolucionario, ¿verdad? –dijo Palomares–. Pues si alguna vez vais contra los ricos, llámame. Iré con toda mi alma, hasta hacerles echar la higadilla. En el mundo no hay más que ricos y pobres, y ríete tú de progresistas y de moderados. ¡Ah, canallas!

     –¿Te han hecho algo en casa?

     –Hoy, no; pero me lo llevan haciendo muchos años. Veinte años trabajando como si fuera la casa de uno, y los ayuda uno a hacerse ricos, y ellos en la opulencia y uno con treinta duros al mes. Y ese hombre, porque me ve el otro día que llevaba un pollo a casa, porque tengo una niña enferma, me dice: Veo que os tratáis a lo príncipe. ¡Maldita sea la…! ¡Ojalá hubiese quedado en el mar!

     Palomares había bebido, y con la excitación del alcohol se ponía a flote en aquel momento el fondo de su alma.

     –Estás terrible –le dijo Quintín.

     –¡Es que tú te crees que soy un mandria! No; es que tengo mujer y tres hijos pequeños… y ya soy una carraca… Créeme, debíamos unirnos contra ellos y desearles la muerte. Sí. Como lo oyes; el cochero debía volcar el coche del amo; el labrador, quemar las cosechas; el pastor, despeñar el ganado; el dependiente, robar al patrón… Hasta las nodrizas debían envenenar la leche.

     –Tú estás trastornado, Palomares.

     –¿Por qué lo dices?

     –Porque yo te creía una oveja, y casi casi eres un lobo.

     –Cree que hay días que quisiera pegarle fuego a todo el pueblo. Yo estaría a la salida con un fusil, para acabar con el que quisiera escaparse.

     –Ahora vendrá la gorda –dijo Quintín.

 

 

Pío Baroja. La feria de los discretos, 1905. Alianza Editorial, 2013.

Imagen: Tomás Padró y Pedret. Horrorosa escena de un combate en las barricadas de Jerez, 1869.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

¡Qué vida! ¡Qué horrorosa vida!


 

¡Qué vida! ¡Qué horrorosa vida! Cuando más se sufre, cuando los sentimientos son más intensos, se le encerraba al niño, y se le sometía a una tortura diaria, hipertrofiándole la memoria, obscureciéndole la inteligencia, matando todos los instintos naturales, hundiéndose en la obscuridad de la superstición, atemorizando su espíritu con las penas eternas…

De allí había brotado la anemia moral de Yécora; de allí había salido aquel mundo de pequeños caciques, de curas viciosos, de usureros; toda aquella cáfila de hombres que se pasaban la vida bebiendo y fumando en la sala de un casino.

            Era el colegio, con su aspecto de cuartel, un lugar de tortura; era la gran prensa laminadora de cerebros, la que arrancaba los sentimientos levantados de los corazones, la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida convenientemente idiotizados, fanatizados, embrutecidos; los buenos, tímidos, cobardes, torpes; los malos, hipócritas, embusteros, uniendo a la natural maldad, la adquirida perfidia, y todos, buenos y malos, sobrecogidos con la idea aplastante del pecado, que se cernía sobre ellos como una gran mariposa negra.

 

 

Pío Baroja. Camino de perfección (Pasión mística), 1902.

Imagen: Goya. La letra con sangre entra, 1780-85.

domingo, 13 de diciembre de 2015

La educación en "Paradox, rey"



PARADOX

Está bien que fundemos escuelas, pero creo que debemos establecerlas sin maestros.

SIPSON

Este Paradox es un hombre magnífico. Quiere hacer escuelas sin maestros.

PARADOX

Sí, sin maestros, sin profesores, sin autoridad, si les parece mejor.

DIZ

Pero para una escuela se necesitan profesores.

PARADOX

Yo creo que no; el profesor es una especie de papagayo del género Psittacus, familia de los loros.

DIZ

Todo lo que usted quiera, pero es necesario.

PARADOX

No veo la necesidad de los maestros. El hombre puede aprender sin necesidad de maestro.

DIZ

No estamos conformes

PARADOX

Pero fíjese usted en que casi todos los que han sobresalido en una ciencia o en un arte han aprendido su arte o su ciencia sin maestro. ¿Usted cree que hubo alguien que le enseñó a Darwin a observar, a Claudio Bernard a experimentar, a Shakespeare a escribir dramas, a Napoleón a ganar batallas?

DIZ

Pero ésos eran genios; tenían una aptitud clara, determinada; ¿y el que no la tenga?

PARADOX

Por lo menos no se le violentará. Pondremos unos cuantos talleres, en donde puedan entrar los chicos y los hombres. Que vean lo que se hace; si tienen vocación se quedarán, querrán aprender; si no, se largarán.

DIZ

¿Y usted cree que habrá alguno que tenga vocación para estudiar matemáticas?

PARADOX

No, seguramente que no; pero, ¿para qué les sirve ahora estudiar matemáticas? Cuando lo necesiten estudiarán. Hay un grado de civilización material en Bu-Tata que por ahora nos basta y nos sobra. ¿Para qué avanzar violentamente si no sentimos esa necesidad?

DIZ

¿Y el arte?

PARADOX

¡Ah! ¿Pero ustedes también tienen el fetichismo del arte, ese fetichismo ridículo que obliga a creer que las cosas inútiles son más útiles que las necesarias?

GENEREAU

Pero el arte es una cosa útil.

PARADOX

El arte es una cosa llamada a desaparecer, es un producto de una época bárbara, metafísica y atrasada.

SIPSON

¡Magnífico, Paradox! ¡Magnífico!

PARADOX

Y si del arte pasa usted al artista, ¿hay nada más repulsivo, más mezquino, más necio, más francamente abominable que un hombrecillo de esos con los nervios descompuestos que se pasa la vida rimando palabras o tocando el violín?

SIPSON

¡Fuerte ahí! ¡Fuerte!

DIZ

Diga usted entonces que la ciencia también es inútil.

PARADOX

Si me aprieta usted mucho diré que es perjudicial.

DIZ

¿Y por qué?

PARADOX

Porque produce un bárbaro desarrollo del cerebro a expensas de los demás órganos. Y en el cuerpo humano se necesita la armonía, no el predominio.

DIZ

Entonces abajo la ciencia, abajo el arte y vivamos hechos unos bárbaros.

PARADOX

Sí. Vivamos hechos unos bárbaros. Vivamos la vida libre, sin trabas, sin escuelas, sin leyes, sin maestros, sin pedagogos, sin farsantes.

SIPSON

¡Bravo! Vivan los hombres silvestres, aunque sean reyes.

PARADOX

Y ¡abajo las Universidades, los Institutos, los Conservatorios, las Escuelas especiales, las Academias donde se refugian todas las pedanterías!

SIPSON

¡Abajo!

PARADOX

¡Abajo esos viveros de calabacines que se llaman Ateneos!

SIPSON

¡Abajo!

PARADOX

¡Abajo todos los métodos de enseñanza!

SIPSON

¡Abajo!

PARADOX

Acabemos con los rectores pedantes, con los pedagogos, con los catedráticos, con los decanos, con los auxiliares, con los rebeldes.

SIPSON

Acabemos con ellos. ¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra!

DIZ

De todos modos, al último no tendremos más remedio que establecer escuelas.

PARADOX

Pero no les enseñemos <<musa musae>> a los chicos.

DIZ

Eso por descontado.

PARADOX

Ni Historia.

DIZ

Naturalmente que no.

PARADOX

Ni retórica.

DIZ

¡Claro!

PARADOX

Ni psicología, lógica y ética.

DIZ

¡Hombre, por Dios!

PARADOX

Entonces acepto la escuela.




Pío Baroja. Paradox, rey. Caro Raggio, 1973.
Imagen: Portada de Paradox, rey,  ilustrada por Julio Caro Baroja