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lunes, 22 de junio de 2026

Las bellas banderas. Regreso


                                               el humilde escuálido ondear

                                                  de las banderas rojas.

                                                                             Pier Paolo Pasolini

 

 

Caminas de nuevo las calles de la adolescencia,

contigo van las viejas, las bellas banderas,

el sueño milenario de un mundo justo,

una tierra habitable y una herida esperanza.

 

Abrías las calles de la memoria.

 

Hacía la noche más hermosa que nunca

la avenida que ahora os pertenecía

poblada de voces y gestos repetidos,

herederos de un lejano fulgor.

 

Nada era indiferente o distante,

ni la belleza ni el dolor,

todo regresaba a un tiempo antiguo y necesario.

De nuevo “el humilde escuálido ondear

de las banderas rojas.”

 

Te alejas.

 

Ya distante la multitud se dibuja en la noche,

la soledad de la avenida desierta,

desnuda en su belleza,

te acompaña.

 

Como si tu hermosa ciudad

fuera una caricia extendida.

 

La gran vía de la expiación,

la promesa y el consuelo.

 

 

Antonio Crespo Massieu. En Voces del Extremo: Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.

Imagen: Georg Baselitz. Mit Roter Fahne, 1965.

lunes, 16 de febrero de 2026

Gaza. Los niños, las niñas


 

Niños del mundo,

si cae España-digo, es un decir

(…)

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!

César Vallejo

 

Niños del mundo

si cae Palestina- digo, es un decir-

si cae

quién habitará los sueños imposibles,

quién alzará la voz como un presagio,

quién bañará en el mar el oleaje del desconsuelo.

 

Ah, sí, los niños,

las niñas,

siempre los niños.

Los que Norman Bethune recoge y lleva en su camión,

carretera de Málaga a Almería, febrero 1937,

niños descalzos, desharrapados, hambrientos,

bajo las bombas – crucero Canarias, Baleares,

aviación italiana, alemana- cientos de niños

Bethune, Hazen Sisey y Thomas Culbert Wosley,

los alzan, cogen en brazos, llevan a Almería,

día y noche, bajo las bombas, 30 o 40 niños

en cada viaje, tres días y tres noches.

 

Sí, las niñas,

los niños de Gaza,

los operados sin anestesia,

los prematuros sin derecho a incubadora,

los escuálidos niños de Gaza.

Hospitales Al Shifa, Mártires de Al Aqsa, Nasser, Al-Ahili, Kamal Adwan,

y de nuevo bajo las bombas, día y noche, exhaustos

Bethune, Size y Worsley, están. Permanecen.

 

Ah, los niños, las niñas, de Gaza,

los de Málaga, los hambrientos sin número,

los siempre extraviados-perros perdidos sin collar-

en todas las guerras, en todas las huidas.

Ah, los niños de Gaza,

los del Madrid asediado del 37 y el 38 y el 39.

 

Si cae Gaza,

si cae –digo, es un decir-

Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena.

 

Niños del mundo,

niñas del mundo,

si Palestina cae –digo, es un decir-

salid a buscarla.

 

 

Antonio Crespo Massieu. En Poetry Planetariat. Kathmandu / Medellín. Vol. 11. Worl Poetry Movement. Febrero, 2026.

Imagen: Ahmad Awad. Gaza, 2025.

domingo, 8 de septiembre de 2024

Una pausa


 

Un rencor ya con pausa

CAROLINA SAYABERA

 

Mira,

contempla estos restos arqueológicos

nunca por nadie excavados,

es tan poco

(o es un exceso, una desmesura)

es sólo lo que está

semioculto por la maleza,

apenas visible.

 

Ejercita la imaginación,

sube a lo alto,

contempla

(el pueblo en la lejanía,

silenciado, silencioso,

el pueblo dormido

¿para siempre callado?).

 

Ves

la piedra donde se alzaba

la bandera, se cantaba

el cara al sol, se escuchaban

las palabras del sacerdote

(afilada piedad de los vencedores)

“vuestras almas han sido perdonadas

pero no hay perdón para vuestros cuerpos”.

 

Imagina,

pues se aprecian aún

las líneas difusas, las piedras

que dibujan el trazado del campo,

los barracones y allí, en un extremo,

la torreta de la mina.

 

Escucha

los que aún hablan,

los que pueden hablar,

los no callados

ni por la muerte ni por el miedo,

dicen o susurran cosas pavorosas.

 

Escucha

los camiones en la noche, sus faros,

los desaparecidos en la madrugada

bajan la voz,

dicen

los arrojados por la boca de la mina,

los tragados por la tierra,

la madre arrebatada, el camión

a plena luz atravesando el pueblo,

las gentes mirando: piedad o desprecio, arrogancia

o grito (callado, comido por el miedo).

 

Escucha,

reposa la mano de una mujer en las piernas

de su hermana aún mayor (pasa de ochenta)

arropa con el gesto su dolor aún más indecible,

más balbuceante

después de tantos años: ¿olvido, rencor?

 

Imposible el olvido

pues aquella mañana permanece.

 

Hoy es ayer,

pero rencor,

                        ¿rencor?

 

Medita, luego mira

a la cámara y dice

pero es un rencor

ya con pausa.

 

Pasa el tiempo,

queda un hueco,

un espacio, una huella,

un intersticio

hecho de restos,

piedras casi ocultas,

lacerantes recuerdos

cada día más borrosos

(más igual de intensos),

cuerpos perdidos.

 

Queda una extensa llanura

donde leer signos, comprender

lo que estuvo y aún permanece.

 

Hay

desgajados pedacitos de tiempo,

minúsculas muescas,

piedras, recuerdos, lindes,

un paisaje casi borrado.

 

Hay

entre la muerte,

el olvido y la memoria

una pausa.

 

Escucha

el hueco,

el eco,

mira,

atiende al silencio.

Palpita una ausencia,

 

                                               una pausa.

 

 

Antonio Crespo Massieu. Obstinada memoria. Amargord, 2015.

Imagen: Laura León. Explanada del campo de concentración de Castuera.

martes, 19 de marzo de 2024

El ángel de la piedad y la luz


 

Este ángel sostiene el mundo,

es balanza de la historia, equilibrio del mal.

 

Ojos cerrados, abierta llaga en el costado,

manos heridas, paño blanco, sexo insinuado,

la mano doblada, la espalda vencida.

El cuerpo enorme, inerte, descoyuntado.

Y el leve abrazo. En él descansa.

En su cara de ángel niña toda la piedad y el desconsuelo.

 

Si dejara de abrazarle, de rozar su pelo en la cabeza

inclinada del hombre muerto, este caería.

El paño azul, el ala del ángel,

nada sería vertical, ningún esfuerzo sostendría el dolor.

 

Este ángel tan pequeño sostiene el hombre muerto,

la mujer muerta, las niñas, los niños muertos.

Este es el ángel de la piedad descendida

para sostener el frágil equilibrio del mundo.

Hay olivos, la ciudad al fondo, un paisaje de calaveras.

Y la luz.

La luminosa piedad abrazando la ciudad de los hombres.

 

Así pintó Antonello de Messina el ángel que sostiene el muerto.

El ángel que llora sin lágrimas.

El ángel que sostiene el mundo.

 

 

Antonio Crespo Massieu. El dolor que amamos. Bartleby, 2022.

Imagen: Antonello de Messina. Cristo muerto sostenido por un ángel, c. 1475-76.