Fracasado es el que a los
cuarenta años viaja en metro.
Francisco Umbral
Voy en metro.
Todas las mañanas,
voy en metro.
Tengo más de cuarenta años
y todavía voy en metro.
El metro es una lengua
que lame el intestino de la ciudad,
una sanguijuela que se alimenta de los despojos,
la lombriz ululante de los que tienen hambre.
Voy en metro.
Todas las mañanas,
voy en metro.
Y, sin embargo, a menudo
ni siquiera tengo derecho a un asiento.
Un montón de años de trabajo
para compartir una barra metálica
con los que estudian,
con los que sirven,
con los que friegan
con todos aquellos que ignoran que,
quien se cuelga de una barra,
jamás podrá liberarse.
Bajo tierra,
en el metro, no veo más que huesos, fracasados
y ratas amaestradas con smartphone.
Londres, Roma, Lisboa, París, Copenhage, New York, Madrid,
Valencia.
Todos los convoyes de metro del mundo
son el mismo uróboro,
la misma solitaria
que se devora a sí misma,
la misma rueda de hámster
que se reencarna.
Samsara.
Xuan Folguera. En Voces del Extremo. Poesía y economía. Coord.: Ángela Orihuela Martín. Amargord, 2021.
Imagen: Igor Popov. Перед работой, 1966.
