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martes, 28 de abril de 2026

Ecosistemas (o El Evangelio según el FMI)


 

Tenemos que preguntarnos:

¿Qué hora es en el reloj del mundo?

Grace Lee Boggs

 

El día menos pensado el presidente del FMI

y algún organismo internacional culparán

a valles, bosques y montañas de socializar

oxígeno puro entre la población.

Dirán que son narcotraficantes de la naturaleza,

peligrosos ecoterroristas

y les declararán la guerra en nombre de la libertad.

Los culpables serán convertidos

en muebles de diseño

o en mercancía de tiendas suecas.

Nada es gratis y mucho menos vivir en paz.

Sirva la presente notificación como advertencia

para mujeres,

animales

hombres,

y

bosques.

 

 

Marta Navarro. En Poesía Contracorriente: Poemas (in)surgentes. VV. AA. La Vorágine, 2017.

Imagen: Adam Gibbs

domingo, 14 de enero de 2024

Mercados


 

El infierno tosía leyes y separaba el mundo

en función de su anemia.

El resto era un ir y venir de mentiras

y mercados hambrientos de guerras.

 

 

Marta Navarro. Vietnam bajo la cama. Amargord, 2015.

Imagen: Yu. Ganf. Este restaurante sólo atiende a una persona. 1953.

sábado, 21 de mayo de 2022

Privatizar


 

En octubre de 2013, por orden del consejero de Sanidad de Aragón Ricardo Oliván se suprimió el servicio de radiología que daba atención a 130.000 personas. De noche y dando una patada a la puerta se llevaron el mamógrafo del centro, así como diverso material. Poco después su departamento apoyaba campañas contra el cáncer de mama.

 

“De la mafia no esperamos que venga la regeneración democrática”.

Chesús Yuste, debatiendo con el presidente Rajoy (1-8-2013)

 

Con permiso de Martin Niemöller.

 

Cuando empezaron a cerrar centros de salud por la tarde

no protesté,

porque tenía las mañanas libres.

 

Cuando aprobaron

las Nuevas Formas de Gestión en Sanidad,

no me preocupó,

porque soy moderno y me gustan las novedades.

 

Cuando negaron la asistencia sanitaria a los inmigrantes,

no protesté,

porque yo soy de aquí.

 

Cuando decidieron concertar camas

en la sanidad privada,

no protesté,

porque tengo una salud de hierro.

 

Cuando suprimieron los servicios de ferrocarril convencional,

no protesté,

porque no vivo en un pueblo aislado.

 

Cuando quitaron las becas en los comedores escolares

de la escuela pública,

no protesté,

porque no tengo hijos.

 

Cuando adjudicaron hospitales

hasta treinta años prorrogables

a empresas inmobiliarias, bancos y fondos de inversión,

cuando metieron mi salud en su burbuja,

quise protestar,

pero para entonces

habían privatizado las protestas.

 

Ahora busco a alguien que me ayude

a defenderme de los privatizadores,

pero ya no queda nadie sano.

 

He aprendido bien la lección:

Hay que romperle los dientes al sistema

antes de que nos venda sus muelas de oro,

antes de que las alimañas nos arrastren

a su cueva  de sobres y crucifijos,

antes, mucho antes de que conviertan

en hemorragia nuestros derechos .

 

 

Marta Navarro. Vietnam bajo la cama. Amargord, 2015.

Imagen: Hugo Simberg. Death Listens, 1897.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Pan y rosas



                                           Aunque la cita se encuentra originalmente en un poema de
                                           James Oppenheim de 1910, “Bread and Roses” (Pan y rosas
                                           se asocia con la huelga de 1912 en Lawrence, Massachusetts,
                                           que consiguió unir a miles de comunidades de inmigrantes,
                                           fundamentalmente mujeres.

           
                                                                                                  Para Sara Anadón


Queremos el pan, pero también las rosas.

Queremos bailar bajo la vía láctea

y no arrastrar el mercurio de una jornada interminable

que afila su guadaña sobre nuestras nucas.


Queremos tiempo para saber qué hacer con él,

para saber a qué huele,

a qué sabe.

Queremos tiempo para vivirlo,

para comérnoslo,

también para matarlo.


Queremos el pan, pero también las rosas,

queremos el mundo que se esconde

bajo este naufragio de telas encadenadas,

de horas turbias,

de ejércitos de alfileres que suben

por nuestros dedos,

y rasgan el sabor de la menta,

el sabor del futuro.


Queremos ser lo que podríamos ser,

lo que nuestras madres no fueron,

aquello con lo que jamás se atrevieron

ni siquiera a soñar nuestras abuelas.

Hoy, tres de enero de 1912, en Massachussets,

nosotras, las mujeres de Lawrence,

queremos el pan, pero también las rosas.


Marta Navarro. Vietnam bajo la cama. Amargord, 2015.

Imagen: Huelguistas en Lawrence, 1912.