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sábado, 4 de enero de 2025

Mala sombra


 

A Carmen

la fueron a buscar a la Plaza del Sur

como quien busca

un nombre o un piojo

y la encontraron

con sus manos pringadas de manteca.

 

La fueron a buscar

como quien busca

una piedra dorada.

 

La tarde se llenó de peces.

 

“Tu hijo no volverá”,

dijeron los militares:

“se quedó en el Monte de los Pinos”.

 

Rompió a llorar

y se limpió las manos.

 

No sabía escribir.

Dijeron: “¡Firma!”

 

Frotó su pulgar con el mandil.

 

Le dieron un papel,

un puñado de letras

y una bandera.

 

Puso su huella como una lápida.

 

 

Carmen Nozal. Poesía reunida 1991-2021. Ediciones Mastodonte, 2021.

Imagen: Amalia García Fuertes. León, 2024.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Quién si no las moscas pueden mostrarnos el camino


 

Ahí están, dicen las moscas,

absortas en su danza prehispánica.

Ahí están, insisten murmurando

con un zumbido incesante.

 

Ahí están, apuntan las moscas como plañideras:

adentro del espanto de esa noche,

adentro del monte arriba

por el que algún día corrieron

cuando eran niños.

 

Ahí están: los sueños torturados, los pantalones rotos,

un tenis, cuatro plumas, dos carcajadas,

los vestidos desgarrados, una libreta.

Las novias que siguen esperando se preguntan: ¿dónde están?

Ahí están, responden las moscas

sobrevolando los huesos, el hedor penetrante de los días,

la esperanza mutilada, el silencio que gime como un viento desollado.

 

Ahí están, todos revueltos, abrazados,

con la juventud brillando bajo los párpados.

Ahí están, ¡vengan por ellos!, dicen las moscas

unidas, haciendo guardia al amanecer.

Ahí están, dicen inquietas, ambiguas, impotentes,

respirando el olor dulzón de la carne amarga.

Ahí están, presentes, los cuerpos

que brillan como pequeñas luciérnagas.

 

Ahí están, las moscas nacidas de la compasión,

las moscas de la misericordia.

Ahí están, contando lo que pasó

con sus alas turbias y su color azul.

 

Ahí están, los ojos más tiernos, los más transparentes

ojos por los que brotan los árboles luminosos.

Ahí están, los rostros llenos de lodo, con el corazón intacto,

las huellas de sus pasos sobre esta oscura piel llamada patria.

Ahí están, sus lenguas besables, sus labios agrietados,

sus cálidas gargantas, su afónica oración.

Ahí están, las frentes inclinadas, bendecidas por sus madres

antes de salir de casa.

Ahí están los que nunca más volvieron,

calcinados, molidos, dispersados,

Aguardando, aguardando.

Ahí están, dispuestos, extenuados,

con relojes de arena y voces invencibles.

Ahí están, con la mirada profunda

y las pestañas llenas de polvo y aves.

Ahí están: los emilianos, los panchos, los chaparritos,

los que sabían leer, los que serían distintos.

Ahí están: las lupes, las citlalis, las juanas y marías,

las artesanas, las costureras, las enamoradas eternas.

 

Ahí están las moscas que sobrevuelan la verdad.

 

Y ahí están todos, con el polvo en los huaraches y los puños apretados,

los padres, las madres, los hermanos, los abuelos.

Ahí están los maestros, los albañiles, los campesinos,

las amas de casa con su olla humeante de frijoles heridos.

 

Ahí están, los mataron, los quemaron, los aventaron

como quien tira un saco de piedras en la orilla del mundo.

Ahí están, dicen las moscas con su rumor de letanía,

recitando los nombres, los apellidos,

la inmensa lista de los que nunca vuelven,

la obstinada legión de los despiertos.

 

 

Carmen Nozal. Los 43. Antología literaria. Compilador: Eusebio Ruvalcaba. Los bastardos de la uva, 2015.

Imagen: David Manzur