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jueves, 24 de abril de 2025

[En las noches hilvanadas por el alumbrado público ...]


 

En las noches hilvanadas por el alumbrado público los propósitos agitaban el sueño de las efímeras criaturas humanas. La vida secreta se había abolido. Les seguían. Los datos de quienes se empeñaban en quedarse al margen eran captados a través de otras personas que los exponían sin reparar en ello.

El siglo iba demasiado rápido. Todo el mundo esperaba que pasara algo, todo el mundo pensaba que ya había pasado. Los más optimistas decían que era un momento de cambio y atisbaban formas nuevas del porvenir. Los más pesimistas decían que era un momento de cambio y atisbaban formas nuevas del porvenir. Los más insignificantes caminaban a tientas entre la vigilancia y la luz.

Voces, archivos, lenguajes, píxeles, como en un remolino, giraban en medio del zumbido de la refrigeración de los centros que los procesaban. Sus dueños trazaban patrones, predecían, pero no sabían interpretar. Y la soledad no se abolía, sino que se enlazaba con otras soledades en un viento impetuoso de tristezas y deseos.

 

Belén Gopegui Durán. Te siguen. Random House, 2025.

Imagen: Carmen Cicero. Crack, 1989.

sábado, 11 de febrero de 2023

[La autoayuda de la que vengo a ocuparme...]


 

La autoayuda de la que vengo a ocuparme es la que se propone como un atajo para eludir ese costoso proceso de organizarse colectivamente en abierto conflicto con el orden dominante. En ocasiones la organización, cuando puede tener lugar en condiciones favorables, o al menos aceptables, constituye una fuente de energía para el sujeto aislado, pero es preciso recordar que, incluso entonces, suele realizarse con gran esfuerzo, cansancio, pérdida de las horas de sueño imprescindibles, discusiones fruto de las dificultades y, a menudo, bajo la amenaza de quienes ven en peligro sus privilegios. Por este motivo, el mero deseo de encontrar un atajo, de acelerar los tiempos y diluir el conflicto hasta prácticamente hacerlo desaparecer resulta lógico y, diría, legítimo. La promesa de su cumplimiento, sin embargo, suele ser falsa, desorienta al sujeto con mapas erróneos de su entorno y de sí mismo, y tiende a promover ideales inalcanzables que culpan, en efecto, al sujeto. Atribuye a sus carencias lo que en gran medida son problemas de un sistema de dominación. Ahora bien, la culpabilización produce un fruto que conviene no olvidar: la ilusión de control, la confianza, bien que momentánea, en que será más sencillo resolver aquello que solo depende de la propia disposición y no aquello para lo que es necesario coordinar y, a menudo, contrariar voluntades ajenas.

 

Belén Gopegui. El murmullo. La autoayuda como novela, un caso de confabulación. Penguin Random House, 2022.

Imagen: Barbara Kruger. Sin título, 1997.

lunes, 27 de septiembre de 2021

[En realidad, no se sabe casi nada de lo que le pasa a «todo ser humano», ...]


 

En realidad, no se sabe casi nada de lo que le pasa a «todo ser humano», si bien es posible que muchos querrían también encontrar un asidero, solo uno, para los días teñidos de una esperanza desolada, si cabe hablar así. Algunas personas, siempre más de las que parecen estar a la vista, no envuelven su yo en una cámara separada, no asignan al dolor adjetivos como propio o ajeno. Sucede. Ha sucedido a lo largo de la historia, nadie sabe si seguirá sucediendo y hay quien trata de denigrar sus conductas como si fueran fruto de un misticismo y no de la razón tranquila del vivir. Cuando ven que casi nunca hay una relación directa entre su acción y que algo se arregle, ¿por qué no dimiten? Ante obstáculos y contradicciones, ante las amenazas, ante la adversidad, ¿por qué no se enfurecen? Ah, pero es que claro que se enfurecen y se alzan. Conocen la ira del nudo imposible de deshacer: qué tentación entonces de grito y desafuero. Tú, sí, tú, condescendencia, cuádrate porque no sabes nada de la ferocidad que encierra eso que desdeñosamente llamas buena voluntad. La mirada displicente con que crees poder juzgar sus conductas, guárdatela, y todas tus sentencias. Piensas que son así porque no se atreven, piensas que no conocen el ataque de la aviación y las granadas que caen en el patio, perforan los techos, estallan el interior del palacio de la Moneda. No aprenden, murmuras displicente. Teme su fuerza. La que adquieren cada día cuando se niegan, cuando recuerdan que la crueldad es violencia sin razón y que la razón tiene un coste, que la atención coordinada cuesta esfuerzo. Y parece que no avanzan, pero un día te sobresaltará su gesto de huracán, tan cerca.

 

Belén Gopegui. Existiríamos el mar. Penguin Random House, 2021.

Imagen: Dorothea Lange. Young migratory mother, 1940.