sábado, 11 de febrero de 2023

[La autoayuda de la que vengo a ocuparme...]


 

La autoayuda de la que vengo a ocuparme es la que se propone como un atajo para eludir ese costoso proceso de organizarse colectivamente en abierto conflicto con el orden dominante. En ocasiones la organización, cuando puede tener lugar en condiciones favorables, o al menos aceptables, constituye una fuente de energía para el sujeto aislado, pero es preciso recordar que, incluso entonces, suele realizarse con gran esfuerzo, cansancio, pérdida de las horas de sueño imprescindibles, discusiones fruto de las dificultades y, a menudo, bajo la amenaza de quienes ven en peligro sus privilegios. Por este motivo, el mero deseo de encontrar un atajo, de acelerar los tiempos y diluir el conflicto hasta prácticamente hacerlo desaparecer resulta lógico y, diría, legítimo. La promesa de su cumplimiento, sin embargo, suele ser falsa, desorienta al sujeto con mapas erróneos de su entorno y de sí mismo, y tiende a promover ideales inalcanzables que culpan, en efecto, al sujeto. Atribuye a sus carencias lo que en gran medida son problemas de un sistema de dominación. Ahora bien, la culpabilización produce un fruto que conviene no olvidar: la ilusión de control, la confianza, bien que momentánea, en que será más sencillo resolver aquello que solo depende de la propia disposición y no aquello para lo que es necesario coordinar y, a menudo, contrariar voluntades ajenas.

 

Belén Gopegui. El murmullo. La autoayuda como novela, un caso de confabulación. Penguin Random House, 2022.

Imagen: Barbara Kruger. Sin título, 1997.

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