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lunes, 14 de diciembre de 2020

ES EN VANO


 

Para Eugenio Montes, piloto ultraísta

 

Detrás de nosotros

dejamos un rastro de cadáveres.

     A cuántos los quisiéramos resucitar

y darles su sol y su cantar y su sonrisa

     Nada hay que pueda ponerlos en pie

            De algunos nos hemos traído el perfume

pero ellos van en sus cajas negras

río abajo.

 

 

Publicado en Grecia, nº XLV, 1 de julio de 1920.

 

Lucía Sánchez Saornil. En Peces en la tierra. Antología de mujeres poetas en torno a la Generación del 27. Edición de Pepa Merlo. Fundación José Manuel Lara, 2010.

Imagen: Semión Agroskin. Avión, 2011.

jueves, 23 de mayo de 2019

Quiero en mi ley cumplirme


Ni la bestia ni el ángel,

quiero mejor la exacta medida de lo humano;

a través de mi carne

hacer tangible el soplo

divino que me mueve;

quiero mascar con gusto

el puñado de tierra que me llena la boca,

complacerme en el pan

que mi sudor amasa,

en el canto que brota de mi lado encendido

y, apasionadamente,

hacer mis días densos, de olor y sabor míos,

en torno a mí apretados.

Ni el ángel ni la bestia,

ni pezuñas ni alas.

Prefiero pies ligeros para medir andando

los caminos del mundo

y unos brazos abiertos,

saetas disparadas a los cuatro horizontes

en una incontenida efusión de ser vivo.

Quiero en mi ley cumplirme;

escuchar el obscuro redoble de la sangre,

sentir la escocedura de la lágrima

y el fresco rezumar del gozo.

Me complace la exacta medida de lo humano;

pero si la pasión desborda la medida

amo sentir como se trueca en fuego

la arcilla ordinaria.





Lucía Sánchez Saornil. Estrofa, cuaderno mensual de los artistas burgaleses, número 22, octubre de 1955.

Imagen: Portada de la revista Estrofa.

Para saber más sobre este poema, consultad el artículo de Ignacio C. Soriano Jiménez en el siguiente enlace:

domingo, 15 de enero de 2017

ROMANCE DE “LA LIBERTARIA”



            María Silva por nombre

ya era un romance certero.


                                   ***


            María Silva traía

los grandes ojos ardiendo,

muda su lengua andaluza,

pálido el rostro moreno

y un espasmo de terror

por las entrañas adentro.


                                   ***


            Estampa de noche trágica.

Benalup, en su recuerdo

raía como una lima

la carne de su cerebro;

cerebro de niña pobre,

sin pan, sin libro y sin credo.


                                   ***


            En una disputa trágica

gritan la llama y el viento;

rayan la noche fusiles

con resplandores siniestros

buscando al hombre en el monte

como el lobo carnicero.


                                   ***


            Dieciséis años tenía

María Silva incompletos.

¡Ay, María Silva Cruz,

nieta del bravo “Seisdedos”,…

tus piernas de corza joven

hacen competencia al viento!

¡Corre hacia los negros campos;

corre viva, corre presto;

salva tus dieciséis años,

tu vida en flor, que aún es tiempo!

Salta las tapias enanas,

busca refugio en los cerros;

chacales con voz humana

siguen tu rastro sangriento.

¡Corre, María Silva, corre!

Y el sol la alumbró corriendo

por caminos de Jerez,

duros de noche y de invierno.

¡A la zaga iba el destino

como una fiera al acecho!


                                   ***


            En cárceles tenebrosas

–Cádiz, Sevilla– murieron

como dieciséis jazmines

dieciséis años parleros.

Alguaciles y escribanos

–jeta asquerosa de puercos–

olisqueaban tu carne

y tu pobreza, sabiendo

que el hambre es la celestina

mejor de sus trapicheos.

¡Pecado tus ojos grandes,

aún abrasados de incendio,

tu dulce lengua andaluza,

tu labio tímido y fresco!

¡Pecado con que soñaban

sus apetitos sin freno!

Un incentivo, tu llanto,

mejor que un dique a su sueño

y la flor de tu inocencia,

aguijón de su deseo.

Fuera botín descontado

tu carne, carne del pueblo,

si en la sombra no velaran

como dos puntas de acero

–carne de tu misma carne–

un afán con ojos negros.

Quebró el destino su vara

y te miró con respeto.

¡Ay, María Silva Cruz,

(“Libertaria”, por tu abuelo),

qué poco dura la dicha!

¡qué poco dura!, ¡ay! El tiempo

mide con varas distintas

una alegría y un duelo.


                                   ***


            Apenas tuviste un dulce

collar de brazos morenos,

roncos cañones tronaron

sus tempestades de hierro;

Atila picó de espuelas

su raudo potro siniestro;

sobre los campos de España

la sal del odio vertieron,

por que no dieran más pan

que el pan de su privilegio.

Se desbordaron de sangre

el Guadalquivir y el Ebro;

torrentes rojos teñían

montes, collados y oteros;

y a la luna subió el grito

de guerra del pueblo ibero.

–¡A las armas!, camaradas,

¡a las armas!, que los perros

han quebrado sus carlancas.

¡A las armas! ¡Rompan fuego!

Lucha cruel han trabado

la aristocracia y el pueblo,

y en un revuelto amasijo

de carnes rotas y nervios,

rugen por tierras de España

cada uno por sus fueros.

–¡Camaradas, a las armas!

¡El grito deshizo el cerco

adorable de los brazos

y quedó desnudo el cuello!


                                   ***


            Sola, no, que ya reclinas

un sueño de oro en tu pecho;

aún tienes una sonrisa

que devuelve tu reflejo.

¡”Libertaria”, has de ser fuerte!

María Silva, ¡de hierro!

Pedazos de tus entrañas

necesitan tus alientos.


                                   ***


            Látigos hienden la noche.

–Corazón mío, es el viento…

Y María Silva canta:

–“Duerme…, nanita…, arrapiezo.”

Puños de gigante baten

la puerta del aposento

y la noche entra de pronto,

negra de horror y misterio.

–Ráfagas de fuego arrancan

desgarrones de silencio–.

¡Ay, María Silva Cruz,

carne dolida del pueblo!

Rugió brutal el destino,

–¡Al fin, María Silva! ¡Fuego!


                                   ***


¡Ay!, María Silva Cruz

(“Libertaria”, por tu abuelo),

¡carne de tu misma carne,

te vengará el pueblo ibero!





Lucía Sánchez Saornil. Poesía. Pre-textos/IVAM, 1996.

Imagen: María Silva Cruz