jueves, 30 de septiembre de 2021

[LLovizna.]


Llovizna.


Un teléfono móvil juega con el niño que lo lleva.


Pasa la furgoneta que reparte

los viejos del Alzheimer.


El porvenir parpadea en ámbar.





Conrado Santamaría. Totalitaria. Ediciones del 4 de agosto, 2021.

Imagen: Michael Ackerman

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Cartilla (poética)


La poesía tiene sus derechos.

Lo sé.

Soy el primero en sudar tinta

delante del papel.

 

La poesía crea las palabras.

Lo sé.

Esto es verdad y sigue siéndolo

diciéndola al revés.

 

La poesía exige ser sinceros.

Lo sé.

Le pido a Dios que me perdone

y a todo dios, excúsenme.

 

La poesía atañe a lo esencial

del ser.

No lo repitan tantas veces,

repito que lo sé.

 

Ahora viene el pero.

 

La poesía tiene sus deberes.

Igual que un colegial.

Entre yo y ella hay un contrato

social.

 

Ah las palabras más maravillosas,

«rosa», «poema», «mar»,

son m pura y otras letras:

o, a…

 

Si hay un alma sincera, que se guarde

(en el almario) su cantar.

¿Cantos de vida y esperanza,

serán?

 

Pero yo no he venido a ver el cielo,

te advierto. Lo esencial

es la existencia; la conciencia

de estar

en esta clase o en la otra.

 

Es un deber elemental.

 

 

Blas de Otero. Que trata de España, 1964. En Antología poética. Expresión y reunión. Alianza Editorial, 2007.

Imagen: Robert Doisneau. París, 1936.

 

martes, 28 de septiembre de 2021

Poema del silencio


 

Cuando los sionistas bombardeaban las escuelas

y hospitales palestinos,

guardé silencio

porque yo no era palestino.

 

Cuando los poetas guardaron silencio,

no protesté

porque yo no era una puta.

 

Cuando los banqueros vinieron a buscar

las palabras rebeldes de los bolivarianos,

guardé silencio

porque yo no era bolivariano.

 

Cuando asesinaron a los trovadores,

guardé silencio

porque yo no era Miguel Hernández,

ni Lorca, ni Machado.

 

Cuando vinieron a por mí

no protesté

porque yo no era yo,

y ya no había palestinos, ni bolivarianos,

ni putas, ni bardos, ni nada.

 

Ni el silencio quedaba para protestar (al silencio).

 

 

(Versión del conocido poema de Martin Niemöller, pastor luterano alemán que pasó por los campos de concentración).

 

 

Ángel Petisme. Bala de plata. Las hojas del baobab, 35, 2020.

Imagen: Juan Carlos Lazaga. Aglomeración (12).

lunes, 27 de septiembre de 2021

[Le pregunto al árbol gigante]


 

Le pregunto al árbol gigante

que qué tal está. Me fijo

en él porque le he visto

a lo lejos hablando con

otros árboles y me ha invitado

a acercarme. He

llegado y me ha preguntado

que qué pasa, que qué quiero.

Le he dicho que nada, que

no sé, que quiero escribir

una poesía. Y el árbol me

ha dicho con voz activa y clara:

“Pues habla”

 

 

Juan Gabriel Jiménez Cebrián. Naturalezas vivas. Crecida, 2016.

Imagen: Hengki Koentjoro

domingo, 26 de septiembre de 2021

[En realidad, no se sabe casi nada de lo que le pasa a «todo ser humano», ...]


 

En realidad, no se sabe casi nada de lo que le pasa a «todo ser humano», si bien es posible que muchos querrían también encontrar un asidero, solo uno, para los días teñidos de una esperanza desolada, si cabe hablar así. Algunas personas, siempre más de las que parecen estar a la vista, no envuelven su yo en una cámara separada, no asignan al dolor adjetivos como propio o ajeno. Sucede. Ha sucedido a lo largo de la historia, nadie sabe si seguirá sucediendo y hay quien trata de denigrar sus conductas como si fueran fruto de un misticismo y no de la razón tranquila del vivir. Cuando ven que casi nunca hay una relación directa entre su acción y que algo se arregle, ¿por qué no dimiten? Ante obstáculos y contradicciones, ante las amenazas, ante la adversidad, ¿por qué no se enfurecen? Ah, pero es que claro que se enfurecen y se alzan. Conocen la ira del nudo imposible de deshacer: qué tentación entonces de grito y desafuero. Tú, sí, tú, condescendencia, cuádrate porque no sabes nada de la ferocidad que encierra eso que desdeñosamente llamas buena voluntad. La mirada displicente con que crees poder juzgar sus conductas, guárdatela, y todas tus sentencias. Piensas que son así porque no se atreven, piensas que no conocen el ataque de la aviación y las granadas que caen en el patio, perforan los techos, estallan el interior del palacio de la Moneda. No aprenden, murmuras displicente. Teme su fuerza. La que adquieren cada día cuando se niegan, cuando recuerdan que la crueldad es violencia sin razón y que la razón tiene un coste, que la atención coordinada cuesta esfuerzo. Y parece que no avanzan, pero un día te sobresaltará su gesto de huracán, tan cerca.

 

Belén Gopegui. Existiríamos el mar. Penguin Random House, 2021.

Imagen: Dorothea Lange. Young migratory mother, 1940.