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martes, 25 de noviembre de 2025

Sin darme cuenta


 

…hacia un mundo oscuro

donde se huele el frío de la hoja

que corta tus alas, una y otra vez.

Rosa María Álvarez Zaiño

 

Mi madre me enseñaba a coser,

me acercaba a la tela y a la aguja

como quien abre un libro.

 

Recuerdo en la cocina un banquito

al que me subía para alejarme dos palmos del suelo

y gobernar de esa manera mágica

el perímetro cálido que me procuraba el fregadero,

soñando a ser una mujer, jugando a ser mi madre.

 

Me preparaba para ser útil como una lavadora

poniéndome una etiqueta donde leer las instrucciones.

Me regalaba planchas de juguete o un bonito plumero

para ir conociendo divinamente cuáles serían mis cosas.

Me educaba para ser la perfecta ama de casa,

con esa cotidiana aceptación, sin otro patrimonio

que dos manos muy gentiles y un útero maestro,

siendo fundamental que supiera parir primero al hijo,

y no perjudicar la hegemonía,

que ya éramos demasiadas mujeres llamando la atención

como para llegar primero al mundo de los hombres.

 

Ella, que era poema y haz de luz,

sonrisa y calidez, amiga y fuego,

no era capaz de ver que la vida

no consistía solamente en ser feliz

al colocar el bellísimo jarrón sobre la mesa.

 

 

Ana Deacracia. Diario de una loca. Wanceulen, 2022.

Imagen: Edgar Degas. Mujer con el jarrón oriental, 1872.

viernes, 18 de octubre de 2024

SOBRE LO EXISTENTE Y NO EXISTENTE


 

A partir del poema “España”, de Joan Brossa*

 

No existe la policía patriótica:

existe un Departamento de Exaltación de Valores Patrios

para la adecuada contención ciudadana

 

No hay catorce mujeres asesinadas este mes:

se dan casos puntuales de personas fallecidas

en circunstancias por investigar

y sin relación aparente

 

No existen las listas de espera

pero sí reconocemos cierta falta de coherencia

y paciencia por parte de los usuarios

 

No existe la apropiación del lenguaje:

lo que existe es la sofisticada aplicación

de la ingeniería lingüística

para la democratización de la innovación social

 

No existe el maltrato animal en las corridas de toros

sino una performance teatral con final trágico

donde el toro es el protagonista

 

No hay transhumanismo:

hay una concepción novedosa y actualizada

de lo que significa ser humano

más allá de la terrenalidad y la conciencia

 

No existe el calentamiento global

salvo en la mente calenturienta de algunos ecologistas

fervorosamente fanáticos

 

No hay pobreza laboral:

hay un desajuste coyuntural

entre el mercado de trabajo y la inflación

 

No existe la España vaciada:

existen reservas estacionales de alta calidad

para turistas que llegan de Europa

 

No existen “numerus clausus”,

sino un filtro necesario para evitar un crecimiento desequilibrado

de la Universidad Pública (y que no se dispare el gasto)

 

No existen los desahucios,

sino una política de reubicación para evitar el apoltronamiento

y sedentarismo de algunos sectores de la población

 

No existen los ríos secos,

sino la decidida voluntad de abrir nuevos caminos

 

No hay fin del mundo:

hay una política de transición energética

en diferido

 

Etcétera.

 

(Pero ningún etcétera, amigas mías, es el final:

 

pues no existe la poesía:

existe la confabulación

 

pues no existe un mundo,

somos parte de un cosmos

 

pues no estoy aquí,

estamos en todas partes)

 

* Joan Brossa, La piedra abierta, Galaxia Gutenberg, Barcelona 2003, p. 323-325.

 

 

Han participado en este ejercicio: Marina Aoiz, Ana Deacracia, Amalia García Fuertes, Andrés Gutiérrez Temiño, Eva Gracia, José María López, Micaela Quesada, Jorge Riechmann, Celia Romero, Ivonne Sánchez-Barea, Fco. Javier Sánchez Durán y Conrado Santamaría.

Imagen: Reihaneh Hosseini. I'm Not Running, 2020.

miércoles, 7 de agosto de 2024

La Franja de Gaza es el lugar más peligroso del mundo para ser niño


 

En Huelva, hace unos días, perdimos nuestra palmera…

¡Qué pellizco nos provoca esta plaza vacía!

Cómo podríamos soportar entonces

la desaparición de la Plaza de las Monjas, de la calle Concepción

o de la avenida que sube al Parque de la Esperanza.

Esperanza…

Gaza, Rafah, Khan Yunis, Bureij, Tal al Hawa,

el Barrio de Rimal o el campo de refugiados de Yabalia,

lugares que no son más que una triste reminiscencia

tras la decisión de Netanyahu de bombardear cada edificio,

con tal desolación que pareciese que se tratara en realidad

del mundo entero.

Pero, ¿y si, además de perder nuestra palmera,

la calle Concepción o la Plaza de las Monjas,

no tuviéramos casa a donde volver?

Sin lugar donde curarnos el miedo, las heridas o el frío.

Toda nuestra vida convertida en polvo y desamparo.

¿Y si bajo los escombros del que fue nuestro hogar,

entre la ira y la muerte,

apareciese la zapatilla de deportes de nuestro hijo,

trozos de su ordenador

o los trabajos que preparaba para el colegio?

¿Y si bajo todo aquello, tan terrible,

descubrieras una mano ensangrentada

que reconocieras al instante,

o una pierna surgiendo entre placas inmensas de hormigón?

Gaza, Rafah, Khan Yunis, Bureij, Tal al Hawa,

el Barrio de Rimal o el campo de refugiados de Yabalia,

con sus calles convertidas en un inmenso infierno,

metido por la boca y por los ojos.

El mundo ha hecho crac,

y no tenemos lugar donde escondernos.

Pero se equivoca el asesino,

la libertad es un soldado dentro de cada uno,

la más certera religión,

un dios, o una diosa

que renace siempre de sí misma

¡y vuela!

 

 

Ana Deacracia. En Poesía y Resonancia. Voces del Extremo. Antología 2024. AA. VV. La Tortuga Búlgara, 2024.

Imagen: Mahmoud Issa. Franja de Gaza, 2024.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

ASPASIA


 

Cuando a Aspasia se la considera puta

porque planta a Sócrates,

hubo poetas que repitieron a coro su mejor loa:

¡Puta…, puta… puta…!

No salieron en la televisión porque entonces no había

pero fueron de ciudad en ciudad con este cántico.

 

Aspasia paga este precio por ser maestra de sabios,

porque elige varón,

porque al enviudar decide otra vez al hombre

con el que pasar el resto de su vida,

pariendo hijos de quien le vino en gana.

 

Aspasia era puta porque Aspasia era libre.

Eso no lo recitó ningún poema.

Nos han dejado el grito en los labios,

lo que el gusano no atina a devorar

por muchas veces que Aspasia muera o nazca.

 

Aristóteles da la razón a sus colegas:

la mujer es un hombre amputado,

que quede muy claro, escríbelo bien,

que la puta mujer no se distingue un ápice,

esclavo mío, de tu servidumbre,

que es materia y no espíritu,

algo así como un cuerpo para la cópula,

que se lea, que se diga

por encima del gimoteo de la mujer doliente,

sin piedad y sin contemplaciones.

Aspasia no fue más que una loca soñando

que era ciudadana del mundo

a la altura de un hombre, ¡hasta ahí podíamos llegar!

 

Schopenhauer lo confirma: Aspasia era astuta,

y convenció al todo-hombre para dar luz a sus bastardos,

una mujer no es un ser humano real,

Aspasia solamente era cuenco y lascivia ¡cómo pudo atreverse!

 

Rousseau no iba a ser menos en su pronunciamiento,

y dictó su sentencia:

el hombre es un todo-bondad,

a estas altura quién no lo sabe.

Aspasia, pobre esclava,

dejada de cualquier inteligencia,

ni siquiera es consciente de su maldad,

no es más que una mujer.

 

Los filósofos, los historiadores, los religiosos, los políticos,

desde una implacable verborrea atemporal,

no han dejado de cantar a coro

la canción del poeta: Puta…, puta…, puta…

El mundo es de los hombres… (dice la melodía

en su estribillo tridimensional)… y la mujer solamente

da justo menester a mi pene, y a mi casa.

 

No cambiéis el discurso, es palabra de Dios.

 

 

Ana Deacracia. En Voces del Extremo. Poesía y economía. Coord.: Ángela Orihuela Martín. Amargord, 2021.

Imagen: Henry Holiday. Aspasia on the Pnyx, 1888.