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miércoles, 25 de octubre de 2023

MUSEO DEL HOLOCAUSTO, JERUSALÉN


 

Estaba oscuro bajo la gran cúpula

donde los niños muertos eran pequeñas luces

que temblaban igual que el firmamento.

Una voz recitaba, interminable,

la lista de sus nombres, igual que una plegaria,

la más triste que nunca ningún Dios ha escuchado.

Pensé en Joana, pues los niños muertos

están siempre en la misma oscuridad.

Soy demasiado viejo: he de llorar por todos.

He construido viviendas que son como vagones,

esqueletos de hierro que un día arrastrarán

a la gente a un final que ya imaginan,

porque todos han visto la verdad,

un destello en un charco de agua sucia.

Aquella sala de los niños muertos

está dentro de mí.

Soy demasiado viejo, he de llorar por todos.

 

 

Joan Margarit. No estaba lejos, no era difícil, 2010. En Todos los poemas (1975-2017). Prólogo José-Carlos Mainer. Planeta, 2020.

Imagen: Heba Zagout

miércoles, 21 de septiembre de 2022

VIGENCIA DE LA TRAGEDIA GRIEGA


 

Antes de serlo, el mañana

no lo parece nunca.

Pero, una vez llegado, siempre hay alguien

que dice: Pasa algo terrible.

Quizá, en algún lugar, ya estás perdido.

Hay pensamientos que hoy ya están aquí:

falta que el odio arrecie como incendios

provocados en noches oscuras y ventosas de verano,

mientras tú duermes en tu cama

con una, siempre estúpida, inocencia.

 

 

Joan Margarit. Casa de misericordia, 2006. En Todos los poemas (1975-2017). Planeta, 2020.

Imagen: Andrzej Wróblewski. Ejecución contra un muro, 1949.

lunes, 18 de julio de 2022

UN PUEBLO


 

Mi madre era maestra.

Vivíamos los dos solos, en un local

que no tenía ni retrete

-las estrellas jugando con un niño

que está en un orinal, fuera, en el patio.

 

Con el espanto y con la humillación

se encerraba en la escuela al mediodía

para huir del acoso del infame

alcalde falangista de Rubí.

Fui un arbusto de invierno

crecido en el recodo de sus penas,

las grandes penas grises de mi madre.

 

 

Joan Margarit. Se pierde la señal, 2012. En Todos los poemas (1975-2017). Prólogo José-Carlos Mainer. Planeta, 2020.

Imagen: Antoni Campañà

sábado, 20 de noviembre de 2021

CASA DE MISERICORDIA


 

El padre fusilado.

O, como dice el juez, ejecutado.

La madre, ahora, la miseria, el hambre,

la instancia que le escribe alguien a máquina:

Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,

Solicito a Vuecencia poder dejar mis hijos

en esta Casa de Misericòrdia.

 

El frío del mañana está en la instancia.

Hospicios y orfanatos fueron duros,

pero más dura era la intemperie.

La verdadera caridad da miedo.

Igual que la poesía: un buen poema,

por más bello que sea, será cruel.

No hay nada más. La poesía es hoy

la última casa de misericordia.

 

 

CASA DE MISERICÒRDIA

 

El pare afusellat.

O, com el jutge diu, executat.

La mare, la misèria i la fam,

la instància que algú li escriu a màquina:

Saludo al Vencedor, Segundo Año Triunfal,

Solicito a Vuencencia deixar els fills

dins de la Casa de Misericòrdia.

 

El fred del seu demà és en una instància.

Els orfenats i hospicis eren durs,

però més dura era la intempèrie.

La vertadera caritat fa por.

És com la poesia: un bon poema,

per bell que sigui, ha de ser cruel.

No hi ha res més. La poesia és ara

l´última casa de misericòrdia.

 

 

Joan Margarit. Casa de Misericordia. Visor, 2007.

Imagen: Inge Morath. Extremadura, 1955.