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martes, 3 de febrero de 2026

La batalla perdida

Cual condenado a muerte camina el proletariado por la vida, dibuja el horizonte cien Gólgotas horribles a su paso. El pueblo avanza… y cae; luego torna a avanzar…y cae eternamente, y avanza eternamente. Siempre así. De tuétano del pueblo el Capital se nutre. Las tropas del Estado y de la Iglesia —millones y millones de hombres y mujeres inútiles al bien—, así son reclutadas de la Humanidad santa y oprimida. La Humanidad malvada y dictadora vence de esta manera.

Se ha perdido la huelga. Han vuelto los obreros al trabajo muy alta la cabeza, más bajo las miradas no ya de sus burgueses, sino de los hermanos vendidos contra ellos. ¡Ah, infeliz esquirol, polizonte inconsciente, descarriado soldado! Por vosotros se atrasa la Era de libertad, millonésima vez que ha vencido la fuerza a la razón por vuestra culpa. ¿Dónde irán vuestros hijos que no enseñen sus cuerpos que no pueden tenerse, y sus tristes harapos? Soldado, eres esclavo; eres también esclavo, polizonte; desgraciado esquirol, eres esclavo. ¿Por qué siempre el esclavo ha de ir contra el esclavo? Miraos unos a otros y abrazaos, pues que no seréis buenos sí no sois todos unos, ni dejaréis un día de sufrir.

Se ha perdido la huelga. Pero no por ser fuerte el Capital: porque no nos amamos y no nos conocemos.

 

Joan Salvat-Papasseit. Humo de fábrica. Galerías Layetanas, 1918.

Imagen: Huelga de mineros en el norte de Francia. Le Petit Parisien, s/d.

miércoles, 19 de febrero de 2025

La piedad de los reyes


 

He dado en meditar algunas veces, acerca si los reyes sienten o no piedad hacia sus súbditos, insurgentes y adictos. Y siempre he tropezado que en realidad no hay un rey soberano.

Sería soberano un rey que conociera su condición moral, pero esto no es posible. Los monarcas no saben sino que son monarcas, mas no por qué lo son. Si alguno lo supiera y no era un mal hombre, se vería obligado a abandonar el solio: sería su conciencia que le destronaría.

En mi carnet de apuntes he anotado un telegrama que publicó la Prensa y que nadie ha leído, escrito en esta forma: Regicida enfermo—Milán. «Dicen de Viena que Gabriel Prinze, que mató al archiduque de Austria y no pudo ser condenado a muerte por no tener veinte años de edad, se encuentra enfermo de tuberculosis pulmonar y está gravísimo» (4-5-16). Basta. Ya veis como no puede sostenerse la cabeza de un rey, si no es ejecutando o inoculando tisis.

Pocos días después, junté a lo ya anotado este otro telegrama: La sublevación irlandesa. «Ayer mañana fueron fusilados James Connell, comandante en jefe de los rebeldes, y John Maedermotr, uno de los firmantes del manifiesto del Gobierno provisional, que los revolucionarios publicaron en Dublín». Es decir, el monarca no puede ser monarca sin la base del crimen.

Todos los preceptores de los jefes de Estado, procuran persuadirles de que son necesarios para la Humanidad. Y aún de que el bien del pueblo está en ser castigado y tener jefes. El rey no contará nunca a un soldado suyo como un hombre que es, sino como un soldado; antes que ser magnánimo, será siempre inclinado a ser perverso. Yo creo que Nerón hizo muy bien en condenar a muerte a su maestro Séneca. Porque Séneca dijo: «El hombre a quien place la virtud no puede agradar al pueblo; la gracia y el favor del pueblo se obtienen por arte mala, y a ti te conviene que te hagas parecido a él, porque no te loará si no te conoce».

¿Cómo pedir piedad a un ente imaginario, a un rey que nunca es rey? Si supiesen los pájaros lo que es un espantajo, posarían alegres encima las espigas, seguros de sí mismos. Si los pueblos supiesen que los reyes también son espantajos, ¡a qué abismo caerían los cetros y coronas!

 

Joan Salvat-Papasseit. Humo de fábrica. Galerías Layetanas, 1918.

Imagen: Iván Alekséivich Vladimirov. Долой Орла, 1917.

domingo, 1 de septiembre de 2024

El revolucionario


 

Poco importa al rebelde que sepan que lo es; séalo y ya es bastante. La policía husmea para impedir la obra del revolucionario y no para molestarle sin un solo objetivo. Luego que aquel que grita, gusta de hacerse oír más que hacer labor buena, como el diablo sabio del reinado de Iván, la novela de Tolstoi.

No es tampoco muy sano el trato o amistad con gente de dinero, con gente de fortuna material; pues luego piensa uno más que en lo necesario en lo superfluo. Ni creáis la bondad del que no se desprende de su hacienda. No busque ser amado el revolucionario, pero sepa él amar por lo mismo que le odian. Él viene a destruir lo que otros han creado por maldad o ignorancia, yugos y falsos dioses; a edificar después sobre lo destruido una humanidad buena.

Mas si un día los hombres, hermanos en error, levantan un suplicio y le condenan, nunca mienta su Idea. La humanidad camina porque hay seres tan nobles que apartan las espinas a su paso, seres ensangrentados para que Ella no sangre.

 

 

Joan Salvat-Papasseit. Humo de fábrica. Galerías Layetanas, 1918.

Imagen: Käthe Kollwitz. Aufruhr, 1899.

jueves, 1 de agosto de 2024

Sartor resartus


 

Aún hay gentes que visten tal cual son, pero la mayoría no lo hace como debe para que su tocado indique su alma. Yo no puedo sufrir que un rey pase a mi lado vestido igual que yo, que he sido condenado en nombre de uno. Ni que dejen la toga los fiscales al salir a la calle. Ni que se pida al Papa que vayan sus soldados como van los seglares. Ni que los militares, ni que los policías, puedan ir de paisano. Yo no puedo tragar no saber con quién voy cuando subo en el tren o en el tranvía, si con un asesino, si con un hombre bueno.

En este mundo pobre de cabezas donde hay tanto animal que cuida su fachada mejor que su vergüenza y su organismo, los rufianes confúndense con la gente decente. Quién es que en el teatro se sienta junto a mí ¿un hombre perseguido, un victimario? ¿Sería mi enemigo si supiese quien soy, y haría por perderme? ¿Sería hermano mío si me viera en peligro por la Idea? Esta duda terrible hace que muchos luchen con poca decisión, porque se creen solos, y porque ha hecho el mal más súbditos que el bien.

No hace el hábito al monje, como en Castilla dicen. Ni el traje presidiario hace al malvado. Pero esto que parece cosa superficial tiene mucha importancia: vístense como quieren y como les conviene, los esbirros: los oprimidos visten como pueden, y pueden pocas veces. La sociedad actual es obra de tiranos, todo el ambiente es obra de tiranos, y precisa un talento extraordinario para saber llamar a cada uno por su nombre. Contra la libertad está también el sastre, aunque inconscientemente.

 

 

Joan Salvat-Papasseit. Humo de fábrica. Galerías Layetanas, 1918.

Imagen: España, c. 1930.