“gentes veloces voces
coches furgo netas autob
uses bicis”
La puerta, abierta. Pasen y lean, o no. La Gramática,
casa de la lengua o del lenguaje, espacio siempre del común, “ha sido okupada por una poesía dispuesta a
destartalar la norma”, a “crear conflictos dentro de la lengua”. Llega hasta
aquí poesía otra para explorar los sentidos ocultos de la palabra tras la
negación de estructuras establecidas. La escritura poética se desenvuelve y madura
en y con la mayor “cota de libertad” para adentrarse en cualquier territorio
del alma, territorio difícil de situar en mapa físico alguno: “Ahora que no estás quiero contarte mi
paisaje interior” (De El paisaje
interior).
Comenta César Vallejo en su libro El arte y la revolución que en la poesía carece de razón de ser la
gramática como norma colectiva. “Cada poeta forja su gramática personal e
intransferible… El poeta puede hasta cambiar, en cierto modo, la estructura
literal y fonética de una misma palabra”. Y Luz Pichel lo sabía: -las donicelas son saltaparedes son salta
son sal so sobre lo sal obre (//catorce.uno, de Alén Alén)
Aunque en campos poéticos y circunstancias muy distantes,
Nicolás Guillén –La mericana te buca / y tú la tiene que huí: / tu inglé era de
etrái guan, / de etrái guan y guan tu tri (“Tú no sabe inglé”, de Motivos de son)– o Gloria Fuertes –No me
catalogues / no me catafalco / no me catadiñes / -sería desfalco- (De Sola en la sala), entre otros, indagaron
posibilidades lingüístico-literarias con mirada distinta de la que proyecta
nuestra poeta.
Recuerda la poeta que la lengua que aprendió en Alén, su
aldea, era la de los pobres, un «galego castrapeiro» o «galego mal falado»
decían los académicos; el castellano, lengua de los ricos, “la hablábamos en
raras ocasiones y no muy académicamente”, despectivamente la llamábamos
«castrapo», “convencidos de nuestra torpeza”. En lo que los académicos
consideraron «castrapeiro» y «castrapo», la poeta gallega indagó hasta hallar
un lenguaje poético “con extrañas apariciones que la poesía puede incendiar
para que salte la chispa de otra armonía”, musicalidad escondida en las
palabras «mal faladas». La noche dona agua de abundancia, / todo lo deja
enlloviznando: / … / cabecitas pobres cabecitas el pasamiento / de los astros
de la luz a lo neghro. / Parece que quiere saír el sol, / los gatos vanse
enjugar / a brincos. (“No se sabe casi nada”). No puede haber poesía sin
agitación lingüística; si no se exprimen las palabras terminan por adormecerse
hasta secarse en la esterilidad. Luz Pichel sabe cómo tratarlas desde su
“entrelenguas”, un grano para el hijo de mirada lista una co una coooorteza para el guapo animal
que guía a un ciego a un siego un cegho” (De Alén Alén).
Sus poemarios –El pájaro mudo (1990), La marca de los
potros (2004), Casa pechada (2006), Tra(n)shumancias (2015), Din din don y más
Hortensias azuis (2021), Alén, Alén (2021)– nacen de la necesidad de hablar, de
no olvidar, de tumbar la frontera social y lingüística entre lengua de ricos y
lengua de pobres, de defender la dignidad y respeto académico a manifestaciones
literarias otras. En la diversidad es más fértil la creatividad.
Teníamos
que contarles a los críos que el reportaje que estaban viendo no era un cuento
aunque ocupara el lugar de los cuentos eran gentes de un lugar que iban hacia
otro lugar buscando buscando y huyendo huyendo como habían hecho antes todas
las gentes que se habían ido de cada casa alguna se habían ido las gentes /… /
entonces los niños y bueno las niñas
también preguntaron muchísimas cosas y como no sabíamos contestarles nos
miraron con los ojitos llenos de compasión y se fueron a jugar
con
los ojitos (//dieciocho.dos, de Alén Alén).
A
Luz Pichel, escribe Sergio C. Fanjul, “le gustan las «malas» lenguas, las que
se mezclan, las que se amoldan a la gente antes que a las normas. Le gusta
romper las palabras, quebrar la sintaxis”. Le viene bien a la poesía, entre
otras cosas, avanzar hacia lo (des)conocido, adentrarse en lo real que alguna
vez fue imaginado.
En
los poemarios de la poeta de Alén se reencuentran palabras y silencios,
recuerdos y ausencias, memoria: partitura sinfónica para voces no armonizadas y
coro; voces y coro aparecen sin anunciarse, invitados tiempo ha por la voz
memoriosa de Luz. Se presentan y saltan al poema entreverados los lugares
–Alén, Barquisimeto, Londres, Madrid, Alén– con aquel tiempo “de trenzas y de
olor a castañas”. Conversan los versos en monólogos dialogados, ecos y
resonancias los textos que Luz nos entrega, los molinos de agua pertenecen al
tiempo pertenecen a las zarzas a la infancia y a los cuentos descansa ¿sí? ¿para esto te levantas de la
tumba? (De Alén Alén). Poliédrico es
cada poema pues incorpora otros
poemas abiertos desde el ahora al tiempo ido, con la infancia al fondo,
a la escucha. Como escribe Olvido García Valdés, los poemas son ese “lugar raro
en el que se guarda la vida”.
…una carta de México la madrecita allá eso
no pudre eso no se al paso no se corrompe se esa no letra no el recuerdo es
incorruptible si de madre es recuerdo de madre incorruptible incluso dentro del
os mantillos de los hongos la descabezada (//nueve, de Alén Alén)
Abiertas
la casa y sus puertas. Al lado la ventana
tan cerca de la tierra a una distancia del suelo de salto vertical de caracol.
Ahí mismo, a una mirada de distancia una
hoja del ál amo cae sin alas sin culpa sin lengua sin odio del árbol para el
prado para el jardín
después
otra otra otra verde blanco verde palma rep alma palma
no
hay p eso no hay p risa
(De Alén Alén)
A esta casa de la poesía, la de Luz Pichel, se accede sin
trabas. Sus versos no han quedado varados, siguen “en fuga permanente”. El
encuentro entre lenguas y palabras no es juego fugaz ni vacuo; en ellas, sin
prisa, nos va la vida.
Tomás-Néstor Martínez
Álvarez. En Luz Pichel. Poesía a Orillas
del Órbigo. Veguellina de Órbigo. Ayuntamiento de Villarejo de Órbigo, 2023.
Imagen: Paul Klee. Sparse foliage, 1934.