O blanco o negro, o conmigo
o sin mí.
O arriba o abajo, o con o
sin cebolla.
O carne o verde, o contra mí
o conmigo.
O ciencia o letras, o ahora
o jamás.
La actual corriente pretende
que estemos
separados de la “o”
con rimbombantes conceptos
cada vez más antipáticos:
resiliencia, alejandrinos, high
quality,
microblanding, skincare
morning routine,
formación permanente,
petricor,
TV de cien pulgadas, falso
nueve,
afterwork,
cuaderna vía, 5 a. m.
Creemos que es nuevo pero
ya Platón nos avisa: tu sentido
de la vida aparece cuando
mezclas
churras con merinas.
El ácido ribonucleico
con cerveza sin enfriar.
El ajedrez de maestros
con el boxeo de calle.
El trabajo del andamio
con la poética de Byron.
O la tercera ley de Newton
con el fútbol, barro y
lluvia.
Lo resumían los griegos,
su gnóthi seautón,
conócete a ti mismo.
Tan sencillo y lo difícil
que es,
que somos la “o” y somos la
“o”.
Y los romanos afinan la
nota:
te ipsum memento:
recuerda lo que eres,
que eres tú mismo.
Con todos los matices de
volver
a los tiempos de cerveza
caliente,
a peleas sin odio, con la
ropa
embarrada y peladas las
rodillas.
Recuerda la hora y el lugar
de nacimiento, tu nombre.
Puedes ser la otra “o”.
Andrés
Gutiérrez Temiño. En Voces del Extremo:
Poesía y Memoria. Burgos – Gamonal. VV. AA. Coordinación: Amalia García
Fuertes y Conrado Santamaría Bastida. Ediciones Cimarrón, 2026.
Imagen:
Steven Skollar. Carpenters Dream,
1991.